Gómez Palacio y Lerdo CONGRESO DE DURANGO Gómez Palacio Detenidos

CRÓNICA GOMEZPALATINA

DE SANTA ROSA DE LIMA A GÓMEZ PALACIO, DGO.

MANUEL RAMÍREZ LÓPEZ, CRONISTA OFICIAL DE GÓMEZ PALACIO

Tercera Parte

Fue tan buen negocio el de los tranvías de mulitas, que la empresa, al obtener la concesión y el permiso para cambiar el sistema de tracción animal por el de energía eléctrica, se reorganizó y aumentó el capital social para hacer la nueva inversión y designó un nuevo consejo de administración encabezado por el Lic. José Zariñana; como tesorero, Miguel Torres; secretario, Lic. Pedro G. Álvarez, entre otros reconocidos personajes laguneros. La nueva compañía se llamó Ferrocarril Eléctrico de Lerdo a Torreón, S.A., y para su funcionamiento encargaron a Estados Unidos las plantas de fuerza motriz, tranvías, plataformas, rieles y todo lo necesario; entre tanto, se levantaron los bordos, se construyeron los puentes sobre los canales y en el cauce del río Nazas, para enseguida fijar las vías. Al final de la avenida Independencia y la hoy calle de Bravo, en Gómez Palacio, se levantaron los edificios de la empresa, ocupando dos manzanas: en una, estaban las plantas de energía, oficinas generales y la casa del superintendente Emilio P. Stein, y en la de enfrente, la administración, el depósito de carros y el almacén de repuestos y talleres.

Las vías entre Gómez Palacio y Lerdo tenían una extensión de 5 kilómetros y 340 metros y, el 3 de marzo de 1901, los tranvías empezaron a funcionar en ese tramo y cuatro meses más tarde, se cubrió una distancia de 5 kilómetros 477 metros de Gómez Palacio a Torreón. El 3 de julio de ese año se inauguró toda la línea con extensión total de 10 kilómetros 817 metros. Los tranvías estaban pintados de amarillo; los de primera clase cerrados, con asientos de respaldo de bejuco, con dos motores, uno en cada extremo, para que al llegar a las terminales, el conductor se cambiará de extremo, para regresar a su lugar de salida. Cada tranvía remolcaba dos coches de segunda clase que eran abiertos, con pasamanos y estribos a los lados, saliendo cada quince minutos a su destino.

Con la modernidad y el incremento en el uso de los vehículos a motor y la apertura de carreteras pavimentadas, se fue relegando la preferencia de los usuarios hacía el tranvía causando pérdidas económicas, aunado al deterioro natural de ese medio de transporte, al grado que 50 años después del inicio de actividades, precisamente el día 3 de marzo de 1953, salió de la terminal de Torreón el último tranvía, tripulado por el motorista Alfredo Chacón Valencia, para nunca volver a transitar.

En la Casa Municipal, a fines del siglo XIX se encontraba el juzgado, la cárcel, la jefatura de cuartel de policía, y el corral donde se guardaban los carretones que recogían la basura, junto con los animales que tiraban de esos vehículos. Ocupaba un cuarto de manzana y se ubicaba en el cruce de las calles ahora llamadas Morelos y Patoni. En ese lugar se arreglaban las pequeñas faltas de tipo administrativo, tales como pleitos comunes, robos, diferencias entre los vecinos y otros asuntos menores. Los hechos de sangre se ventilaban en el juzgado penal de Lerdo y los responsables eran internados en la cárcel de ese lugar. Cuatro ameritados ciudadanos nombrados por el jefe político de Lerdo que fungían como autoridades, se reunían periódicamente con el jefe de cuartel y con el comandante de policía para tratar la problemática de la comunidad.

Es probable que el cambio de la Casa Municipal se haya dado por el 1925, al adquirir el gobierno una propiedad que fue de don Pablo Valenzuela, sita frente a la Plaza de Armas, por la calle Centenario, a fin de albergar a las dependencias que atendían a la comunidad, siendo la primera propiedad del cabildo. Posteriormente, esas oficinas se trasladaron a la casa que fue de don Santiago Lavín, ubicada por la avenida Independencia entre las avenidas Morelos y Victoria, para finalmente establecerse en los terrenos del antiguo Parque Niños Héroes, que habían construido los miembros de la Cámara Junior de Gómez Palacio, en el cruce de las avenidas Madero e Independencia, esto fue en la administración municipal que encabezó don José Rebollo Acosta, y su inauguración en el mes de agosto de 1992.

En paralelo al vertiginoso avance de las actividades cotidianas, empezaban a manifestarse las necesidades de recreación, ya que si bien, el trabajo y la creatividad navegaban con el viento a su favor, las cuestiones del espíritu y la superación cultural estrenaban cimientos sólidos y trascendentes. Es así, que la noche del 22 de diciembre de 1900, con una gran función de gala, fue inaugurado el Teatro Unión, presentándose a todo lujo las obras teatrales Gigantes y Cabezudos, Fiesta de San Antón, y España en París, a cargo de la Compañía Juvenil de Zarzuela Austri y Palacios que traía en su elenco a la sensacional actriz Esperanza Iris, que dejó una huella indeleble en los mejores foros de México.

Sito en la calle Centenario, casi esquina con Allende, el teatro fue construido por orden de su primer propietario Vicente Reynoso, quien más tarde lo vendió junto con el hotel Unión (hoy hotel Monárrez), a los españoles Ángel Barquín y Máximo Álvarez. Era una sala muy elegante, con capacidad para más de mil personas; tenía 16 camerinos, bodega y un regio bar. Allí se presentaron las grandes compañías de comedia, drama, zarzuela y opera que recorrían el país, y por su escenario pasaron las primeras actrices: María Guerrero, María Teresa Montoya y Virginia Fábregas; la relevante cantante de ópera de fama mundial, Ángela Peralta "El Ruiseñor Mexicano", y también la sobresaliente cantante italiana Luisa Tetrazzinii e hizo su debut la gran soprano Fanny Anitúa, gloria de Durango.

Pasando el puente sobre el canal San Antonio, rumbo a Lerdo, se instaló la Curtiduría y Fábrica de Calzado La Unión, S.A., que comenzó a construirse el 1° de diciembre de 1900 y se inauguró a fines del año siguiente. La Unión ocupaba una extensión de 60 mil metros cuadrados, en los que se instalaron los distintos departamentos: el de curtiduría con 86 piletas, cada una con capacidad de 100 pieles para su beneficio; los de infusión y adobo; almacenes de pieles, de materiales curtientes y cortes de encino para hacer hormas, y finalmente la fábrica de calzado. La maquinaria era movida por una planta de vapor que generaba 150 caballos de fuerza, el gerente de La Unión era el norteamericano Francisco MacManus y su producción anual de calzado era de 15 mil pares de diferentes estilos y precios. Como en otros casos, un incendio casi consumió la importante industria, provocando su cierre.

Ciertamente que toda población necesita abastecerse de los productos básicos que se requieren para cubrir las diarias necesidades de alimentación, además de otros materiales complementarios que facilitaran las labores cotidianas del hogar y le proporcionaran mayor comodidad en sus procesos caseros. Ante esa alternativa, algunas personas se dedicaron a la noble actividad del comercio, instalándose en la sexta manzana de la naciente población (donde hoy está el Mercado Municipal), misma que había sido trazada por el Ingeniero Laureano Paredes, dejando espacios para áreas verdes, como los que ocupan la Plaza de Armas y la Alameda González Cosío, hoy Parque Morelos.

De esa forma, en diciembre de 1901 se inició la construcción del primer mercado formal de la población llamado Baca Ortiz, en memoria del primer gobernador constitucional de Durango, don Santiago Baca Ortiz. El responsable de la obra edificada en el mismo sitio que el actual, fue el ingeniero Kissinger, financiado por una sociedad mercantil, que al término del contrato lo entregó al municipio. Esta edificación dio un gran servicio a la comunidad, pero gradualmente se deterioró de tal manera que se volvió insalubre y anacrónica. Funcionó, hasta que el día 13 de agosto de 1947 fue presa de un devastador incendio que destruyó 240 locales, de 280 que existían. Por esa razón, muchos de los locatarios se trasladaron al pequeño mercado de "El Parralito" ubicado a cuatro cuadras de la plaza con rumbo al norte, y otros se instalaron en las afueras del Baca Ortiz. Ese mismo año tomó posesión don José Ramón Valdez como gobernador interino, a raíz de la muerte del general Blas Corral Martínez, gobernador constitucional de Durango, y se hizo cargo de la reconstrucción integral del mercado la cual duró casi tres años, siendo visitada la obra por el Presidente de la República, don Miguel Alemán Valdés, el 23 de julio de 1950, durante una gira de trabajo que realizó por Gómez Palacio.

Finalmente, el jueves 7 de septiembre de 1950 fue inaugurado el nuevo mercado, el que a partir de ese día se llamaría "José Ramón Valdez", en agradecimiento al cumplimiento de la palabra del gobernante, al haber entregado el nuevo, funcional e indispensable mercado, que sin embargo, con el correr de los años se ha visto limitado ante la feroz competencia de organismos de comercio nacional e internacional, que con sus políticas comerciales agresivas y nocivas para los grupos de pocas posibilidades económicas, ha causado graves problemas a los locatarios, que sólo mediante su gran esfuerzo y sacrificio han podido superar las épocas complicadas a base de tenacidad, ardua lucha y grandes limitaciones, con la esperanza de que su trabajo honesto y dedicado, les permitiera una supervivencia digna, enfrentándose en desigualdad de circunstancias contra esas grandes empresas. Continuará…

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