Barack Obama sufrió el martes pasado su peor derrota política desde que en enero de 2009 asumió la presidencia de los Estados Unidos.
A poco más de dos años de concluir su segundo periodo en la Casa Blanca, Obama se quedó sin mayoría en las dos cámaras legislativas, pero además tendrá que gobernar con el apoyo de escasos 17 gobernadores de extracción demócrata contra 31 republicanos.
Los adversarios del partido en el poder recuperaron la mayoría en el Senado en las recientes elecciones, luego de varios años de ser minoría.
Al cierre de los conteos, los conservadores sumaban 52 asientos contra 43 de los demócratas, tres más seguían en disputa mientras que otros dos son independientes.
En la Cámara de Representantes, cuya mayoría pertenecía a los republicanos, la ventaja se afianzó en lo que fue interpretado como una severa paliza en contra del gobierno en turno.
Son 244 escaños en poder del partido colorado contra 180 de los azules, en tanto once posiciones más estaban por definirse en los órganos electorales.
La derrota demócrata se veía venir desde semanas atrás, pero a decir verdad nadie esperaba que fuera tan contundente y hasta cierto punto humillante para el mandamás de los Estados Unidos.
¿Pero qué sucedió? ¿Por qué Obama y su partido Demócrata perdieron el respaldo de los norteamericanos y muy especialmente el apoyo de las minorías que le fueron fieles en su primera elección y después en su reelección?
El primer motivo se refiere a la economía que luego de seis años de la peor crisis desde la depresión de 1929 no ha logrado despegar.
Hay indicadores positivos como el disparo de los mercados financieros y el aparente crecimiento del sector bienes raíces, pero el desempleo se mantiene cercano al 6 por ciento y los créditos bancarios no llegan a las clases medias.
El ciudadano común y corriente no ha recibido los beneficios de la supuesta recuperación que tanto presumen los hombres del poder.
La segunda razón del rechazo a Obama son los conflictos internacionales del Medio Oriente y Rusia que no se han solucionado. El miedo a nuevos ataques terroristas ante el surgimiento de grupos poderosos como ISIS, sigue más que vigente entre la población norteamericana.
Finalmente el gobierno de Obama acumuló una serie de pifias y malos manejos en la dirección política mismos que le fueron cobrados a través de las urnas el pasado martes.
En algunos estados llegó a tal nivel el repudio a la política de la Casa Blanca que los propios candidatos demócratas optaron por desligarse de Obama en sus discursos y evitaron que el presidente apoyara sus campañas.
De acuerdo a la última encuesta del Wall Street Journal y la cadena NBC, el 67 por ciento de los votantes piden que Obama realice cambios de dirección a su gobierno, además sólo un 42 por ciento de los entrevistados manifestó su aprobación al trabajo del actual gobierno.
Entre las fallas del gobierno demócrata destacan las siguientes: la no aprobación de la reforma migratoria tan prometida; los desastres de la reforma de salud en donde burocracia e ineptitud convirtieron al programa en un monstruo de mil cabezas; finalmente los desatinos en dependencias federales dejaron mal parada a la actual administración.
Algunos analistas suponen que este duro golpe servirá para que Barack Obama recapacite y asuma una actitud negociadora con los republicanos para que finalmente juntos alcancen en estos dos años las reformas que pendientes en el Congreso de Washington.
Pronto veremos si así sucede y si los republicanos asumen la mayoría en ambas cámaras con una posición conciliatoria o si por el contrario se profundizan las peleas y desacuerdos entre ambas bancadas.
Lo cierto es que el fenómeno Obama que sorprendió al mundo entero en años recientes, quedó sepultado en el pasado martes electoral.
APUNTE FINAL
Vicente Fox y sus seguidores deben estar felices porque en Alaska, Oregon y en el Distrito de Columbia se votó a favor de legalizar la marihuana para fines recreativos como ocurrió en años recientes en los estados de Colorado y Washington… En la capital norteamericana la medida tendrá que ser aprobada por el Congreso.
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