Con los misterios y seducción del pasado encima, el viejo aficionado suele ubicar su vida lejos del mundanal ruido del torneo corto con toda su hechicería, previene contaminarse de ilusiones porque sabe que éstas son como flechas en el aire, mientras su club le promete reestructuras y espera con una paciencia muy propia del hombre común que mira por la ventana del bus, mientras le acompaña su tonada favorita, quizá lo único, que por inalterable, siempre es fiel. Revisa palmo a palmo sus recuerdos y se estimula creyendo que la fortuna, por fin, rondará a don Pedro y sus muchachos.
Ahora es tiempo de aguardar que haya las decisiones correctas y que quienes vengan sean elementos de calidad, pues Santos no puede seguir perdiendo sitios, su futbol debe ser defensor de la alegría y no causa de un desencanto, debe conseguir que su cancha sea de nuevo un mapa de emociones y que sus jugadores, de verdad, tengan compromiso, se sientan empleados del futbol y no estrellas del rock, para que el pueblo vuelva a creer.
Mientras, uno mira de reojo el torneo corto, hecho en la cultura de sacar dinero, procreando un inútil campeonato en la que uno que termine octavo pueda ser campeón, donde se miden los goles de visitante y donde cuenta, para eliminar, el mejor lugar en la tabla. Sigue siendo una necedad y el oscuro deseo de las taquillas y el dinero televisivo, cuenta mucho más que antes, cuando predominaban los estilos y procesos que tienen los países con futbol más desarrollado, esos donde el título es del primer sitio, que llega superando a muchos que empujan desde en medio, que a su vez son acosados por los de abajo. Esos donde el descenso es doble y el ascenso igual, esos que miran y privilegian lo deportivo.
Vivimos en la dictadura del dinero y de la TV, que conforma todo de acuerdo a su rating y espacios dispuestos y van convirtiendo los escenarios de juego en campo minado. La hermosa cancha local era el sitio donde habitaban los sueños del pueblo y ahora se ha convertido en un laberinto, mientras la gente vive como anestesiada y va perdiendo la identidad que antes era su bandera verdiblanca mientras se maneja la idea, y esa convence a muchos, de que la TV es como un benefactor del futbol pero todo mecenas pide siempre algo a cambio de su generosidad, que a veces es sincera y otras, hipócrita.
arcadiotm@hotmail.com