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La función del reseñista

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La función del reseñista

La función del reseñista

Ismael Lares

La figura del reseñista, dentro de las lides literarias, ocupa un lugar ciertamente despreciado e irrelevante, pero además, un espacio marginal con respecto a la mera crítica.

¿Acaso esto es malo? En mi opinión no me cabe duda de que no, puesto que todo lo literario -me refiero a estos tiempos- se ha convertido en nimiedad, y por si fuera poco, hay personas que ven el campo de las artes como terreno baldío, sobre el que se siembra sin tener nada que recoger.

Lo que quiero destacar, a riesgo de equivocarme, no es que la literatura haya perdido importancia, y mucho menos valor, sino que parece haber -y es evidente- un menosprecio por la labor del reseñista como crítico. No hay nada nuevo hasta aquí. La escena no ha cambiado, y los personajes son los mismos, pero la escenografía es diferente: la pluralidad de espacios para generar crítica, impone nuevas actitudes ante la ya no tan marginal reseña.

La función del reseñista es modesta, empero, imprescindible, ya que es necesario elogiar o debatir, ya no digamos en el acontecer de la vida literaria, sino en la intelectual. En este sentido, el reseñista debe contrarrestar la forma habitual y desinteresada de la opinión superficial que se genera en torno a la literatura. Por lo tanto, él mismo debe estar comprometido con su labor de promotor, pero a la vez, no habrá de abandonar su posición de crítico.

Se podría decir entonces que el reseñista es más que un analista de libros, pues no sólo tiene que ver con un elemento fundamental en el sistema literario, sino también como actor crítico al profundizar -a través de la literatura- en los fenómenos políticos y sociales.

Infortunadamente, la crítica ha sido cada vez más reducida a la opinión anodina, es decir, a la “recomendación” en el mejor de los casos, y en el peor, a la calificación por estrellas según sea su calidad, disminuyendo el valor de la reseña.

¿Qué debe hacer el reseñista ante tal situación? Primero, creo que debe valorarse como tal; en otras palabras, es necesario que él mismo reconozca su carácter crítico, y no devalúe su actividad.

La importancia del reseñista no está en función de un espacio -llámese suplemento, periódico o revista-, sino de una postura. ¿Y cuál es su posición? Dar significado a lo que aparenta ser insignificante. El reseñista necesita ser espontaneo y evitar la dispersión; debe mostrarse con voz influyente; tiene que rebelarse sin caer en la trivialización; evitar el lenguaje codificado y la postura canónica; y sobre todo, escribir para el público, quien a final de cuentas, tendrá la última palabra.

Twitter: @ismael_lares

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