Las niñas del catecismo oían eso y completaban por lo bajo señalando a una compañerita: “Que no me caiga a mí, que le caiga a ella”.
Los jerarcas de la Iglesia asumieron alguna vez el papel de historiadores, y pasaron sobre la fe y las tradiciones de la gente. Decretaron entonces la expulsión del santoral de muchos santos y santitas que -repentinamente lo descubrieron- jamás habían existido. Entre las santas exiliadas estuvo Santa Bárbara.
Hace unos días los expertos mundiales en cosas de electricidad celeste dieron a conocer un extrañísimo fenómeno que les ha llamado mucho la atención: Están cayendo más rayos que antes, y más personas mueren fulminadas.
Ellos no conocen la explicación. Yo sí la sé. La ausencia de Santa Bárbara es la causa de la multiplicación de las centellas y de sus víctimas. Háganla venir los científicos; pídanle perdón los eclesiásticos; rezémosle nosotros una novena en desagravio de la ofensa, y ya se verá cómo las estadísticas vuelven a su nivel normal. En el estado actual del mundo nada como lo sobrenatural para nivelar las estadísticas.
¡Hasta mañana!...