El Funcionario del Estados hizo llamar al señor equis y le dijo:
-Hoy no te diré nada.
El señor equis se angustió. Siempre que el Funcionario del Estado lo llamaba era para decirle algo. Guardó silencio, entonces.
El Funcionario del Estado siguió mudo. Miraba fijamente al señor equis, pero sin decirle nada.
El señor equis empezó a temblar. Si antes temblaba cuando el Funcionario le decía algo, ahora temblaba más porque no le decía nada.
Mucho tiempo ha transcurrido desde el día en que el Funcionario del Estado hizo llamar al señor equis para no decirle nada. El Funcionario sigue en su silencio, y el señor equis sigue en su temblor.
Así seguirán, supongo, mucho tiempo.
¡Hasta mañana!...