Bebedor de té, Martí Batres resultó todo un sibarita. Llamaba la atención de la coordinación de invitados especiales del canal de televisión donde conduje diversos espacios informativos, los requerimientos -amable siempre en las formas- del incondicional de Andrés Manuel López Obrador.
"A ver si para la siguiente vez que venga" -en un tiempo le dio por ir muy seguido a entrevistas con nosotros pues nos consideraba plurales, cosa que creo fuimos- "me tienen azúcar mascabada para mi té", decía ocurrente.
En otras ocasiones Martí, entre frases marxistas propias de un alumno de la Facultad de Filosofía y Letras y cifras disparatadas que buscaban explicar lo que él llama y considera un atroz hurto petrolero a la nación -la Reforma Energética-, me confiaba el porqué de sus retrasos para llegar al programa: "Es que mi chofer no llegó y tuve que tomar un taxi. Discúlpame".
¿Quién dijo que ser de izquierda supone estar peleado con la buena vida y los placeres suntuarios? Y vaya que ahora, con la creación y puesta en funcionamiento de tres nuevos partidos políticos en los que incluyo a Morena de Andrés Manuel, a Frente Humanista y a Encuentro Social, las asignaciones para gastos operativos de 4 mil millones de pesos tan sólo en 2014, de los diez organismos que suma nuestra onerosa partidocracia, alcanzarán para el pago de asistentes y kilos y kilos de azúcar mascabada para que Martí Batres y muchos otros, sigan gozando de las mieles del erario y las prerrogativas de la vida pública.
Afirma el filósofo Gustavo Bueno, que la partidocracia constituye una deformación sistemática de la democracia. Cada partido tiene que atacar al otro, y los ciudadanos terminan asumiéndolos como un mal necesario. El martes escribía para otro medio, que en México la suma de tantos partidos políticos, no ha significado ni se ha traducido en una democracia más eficiente en sus procesos, sino en la transmutación hacia un enorme aparato burocrático que con frecuencia se sume en una parálisis que afecta y aletarga también, a otros ámbitos como el social y el económico.
Se entiende y respeta por aquí el liderazgo de López Obrador y la necesidad de sus seguidores, que son muchos, de contar con un partido donde se sientan verdaderamente representados ante el extravío generalizado de la izquierda en México, y la urgencia de que transite hacia una medianía donde, definitivamente, el pensamiento opositor de Andrés Manuel y su grupo no cabe.
Lo que se cuestiona, no sólo en la esfera de lo público y entre los simpatizantes de Morena, sino desde la calle y según la visión del ciudadano de a pie y el contribuyente promedio, es lo onerosa que resulta nuestra democracia y sistema pluripartidista.
Con Martí Batres, entre tés con azúcar mascabada, discutí varias veces el punto; él sus cifras y su visión, yo las mías, pero siempre con libertad y en el marco del respeto. Martí es un político peculiar que en el fondo me cae bien pues ha sido congruente con sus principios, aunque yo no los comparta.
Palabras más, palabras menos, Batres argumentaba que buscar acceder al presupuesto y cuotas partidistas era su legítimo derecho -está en lo cierto- y que finalmente del pastel, muy grande, todos se disputarían determinado número de rebanadas y sería el ciudadano, a través del voto, quien decidiera qué cantidad del postre le tocaba a cada uno de los participantes.
Lo preocupante, con pena de contradecir a Martí Batres, es que el pastel pluripartidista, no obstante el número de partidos, continúa haciéndose más grande año con año, pues las asignaciones presupuestarias crecen de forma exponencial. Según ha explicado el Instituto Nacional Electoral, cada uno de los tres nuevos partidos contará, en detrimento de los ya existentes, con 36 millones de pesos para gastar en lo que queda de 2014.
Con eso, quiero imaginar, será suficiente para adquirir la azúcar mascabada del té de Martí y el pago de algunos taxis y colectivos, si es que su chofer llega tarde, para que pueda ir de un sitio a otro con comodidad. Porque sueldo fijo como tal, según ha explicado el propio Batres, "no habrán de recibir ninguno de los dirigentes de Morena". Supongo que en este caso, en el suyo pues, sólo de azúcar mascabada vive el hombre…
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