El debate y la conversación suscitados por motivo de la llamada Ley Telecom en días pasados nos deja varias reflexiones en las que me gustaría ahondar.
En primer lugar el equipo de la presidencia la República a través de las cuentas oficiales incluyendo la del propio presidente Enrique Peña Nieto han cedido a la presión social ejercida por motivo de esta ley. Esto no quiere decir que no celebre que se escuchen y se tomen en cuenta las voces de miles de mexicanas y mexicanos que nos manifestamos a través de las redes sociales para cambiar el curso de una ley que a todas luces pareciera ser contraria a los principios constitucionales, en todo caso mi deseo es subrayar lo delicado de la situación de quienes gobiernan nuestro país.
Actuar rápido y echar marcha atrás ante la presión en redes sociales digitales significa dar demasiada importancia a un medio que aún no se encuentra consolidado. La actual administración priista da una importancia desmedida a las redes sociales digitales, sin embargo este no es su error sino el ángulo desde el que se le da importancia a las mismas, la contaminación de la conversación a través de estas redes sociales digitales por parte de bots manipulados a todas luces por equipos cercanos a Alejandra Lagunes desde Los Pinos hasta llegar a Quintana Roo y otras entidades de la República solamente ponen de manifiesto la lectura a priori que se tiene de estos canales en donde se da desde hace ya algún tiempo la conversación de los temas más profundos (y banales) de nuestro país.
En resumen, en Twitter aún es prácticamente imposible intentar manipular a la opinión pública ya que la expresión de cada una de las voces pareciera estar motivada por un convencimiento interno, genuino. El famoso acarreo y el tragalonchismo se perciben inmediatamente y el usuario, hoy más inteligente que nunca, se da cuenta de estos burdos intentos de los gobiernos y sus instituciones por acallar las voces demandantes.
Considero que en redes sociales digitales la humanidad vive un período de oscurantismo, previo a un renacimiento que, espero, termine de consolidar el nuevo perfil del ciudadano y del activista mundial. Un usuario futuro que tenga voz y voto, en donde se revise la mayoría de edad para su participación, en donde se utilicen correctamente los medios cibernéticos para la correcta gobernanza de las naciones.
Es decir, lo único carente en la política gubernamental en redes sociales digitales y los protocolos que se siguen, si es que los hay, es el sentido común.
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