Siempre he creído que las mujeres son más fuertes que los hombres.
Para empezar, tienen más capacidad de resistencia. Ellas están preparadas para parir y nosotros somos más sensibles al dolor. Aunque como decía don Javier: "Sí, sí, yo no sabré lo que es un dolor de parto, pero usted, señora mía, no sabe lo que duele una patada de caballo en los cojones".
La mujer es capaz de vivir sola, entre otras cosas, porque saben atenderse sin necesidad de ayuda, nosotros necesitamos de ellas para muchas labores domésticas. La verdad somos muy inútiles.
Ellas se quedan solas y pueden pasarse así toda una vida; nosotros buscamos casi inmediatamente un reemplazo.
Yo he conocido en mi vida mujeres verdaderamente vitales, comenzando por mi madre, que vivió muchos años enferma y nunca se quejaba, ni dejaba de trabajar en el hogar. Ella hacía todo.
Yo supongo que fue una mujer feliz, pero no lo sé de cierto. Vivía para mi padre y para nosotros. Ese era su mundo y nunca se mostró a disgusto.
Era, como el signo que la caracterizaba: una leona.
Hay en mi entorno, un par de mujeres más de las que me gustaría hablar. Una es precisamente, a la que mi amigo, le llamaba "La Leona", doña Beatriz.
Una mujer que se quedó sola con su hijo, muchos años atrás y vivió y sigue viviendo para su casa y sus nietas.
Doña Beatriz, vive sola desde hace muchos años; y ha tenido que soportar uno de los dolores más grandes que una madre puede sufrir: el de perder a su hijo. Y sin embargo, enfrenta la vida con valentía y fortaleza, confiando en Dios y viviendo para sus otros amores.
El de doña Asunción, es otro caso de una mujer de temple. Recién casada, dejó su tierra natal en España, y se vino a América a formar una familia.
No volvió a saber de los suyos, hasta pasados siete años; y cuanta que cuando pensaba en ellos y la invadía la nostalgia, retiraba esos pensamientos, como si fueran malos y seguía adelante.
Formó una familia hermosa y cuando quedó sin su marido, se dedicó en cuerpo y alma a ellos.
Ellas son de esas mujeres fuertes, independientes y poderosas. Son de esas que jamás predicaron el feminismo, pero hacían gala sobrada de su condición de mujeres.
Cómo dice doña Asu: "Cada quién gasta de lo que tiene" y ellas han gastado del gran amor que sienten por su familia y por quienes las rodean.
Yo me siento privilegiado, de haber conocido y tratado a estas mujeres de las que mucho he aprendido, aún cuando ellas no se dieran cuenta. Desde muy joven me enseñaron valores que ya se practican poco en nuestra sociedad.
La integridad, la responsabilidad, la bondad y el amor, entre otros valores que practican cada día y en todos sus actos.
Estas guerreras, lucen en su cuerpo cicatrices que no son otra cosa sino signos de las batallas que han luchado a lo largo de su vida.
Dios les conceda una larga vida, aunque ya desfruten de ella, pero que como dicen los árabes, las "entierren en un ataúd, hecho con madera de un cedro que acaban de plantar hoy". Y "hasta que nos volvamos a encontrar que Dios te guarde en la palma de Su mano".