ASOCIACIÓN DE PSIQUIATRÍA Y SALUD MENTAL DE LA LAGUNA, A.C. (PSILAC).
CAPÍTULO ESTATAL COAHUILA DE LA ASOCIACIÓN PSIQUIÁTRICA MEXICANA
EL INDISCRETO ARTE DE REFORMAR Y ENLOQUECER
(TRIGÉSIMA PARTE)
RESPETO, RESPETO Y RESPETO, una palabra clave, original y necesaria que en triplicado tal vez debería colorearse de verde, blanco y rojo, en países como el nuestro, donde a pesar de la herencia cultural recibida en esta ubicación territorial que poseemos desde hace siglos, seguimos manteniendo niveles educativos rudimentarios en lo que viene a ser nuestra existencia cotidiana y supuestamente moderna entre unos y otros. Está claro que ese desprecio y descalificación de la palabra RESPETO, se llega a extender a todos los niveles y escalas sociales, políticas y aún religiosas hasta convertirse en una especie de charada, en una experiencia casi teatral, grotesca y de mal gusto, pero que nos hace reír su estilo de estimular el ingenio, la burla y la picardía, que a la vez se trata de disfrazar y endulzar con toda clase de sortilegios y frases pomposas o sumamente vulgares, pero que en el fondo y muy llanamente todos la conocemos como corrupción. Me parece que precisamente detrás del respeto, yace esa nuestra aversión por el orden, las normas, la disciplina, la solidez de una buena estructura y organización, incluyendo las posesiones ajenas y todo aquello de lo que carecemos y envidiamos. En una palabra, se puede decir que se trata de nuestra aversión, nuestra fobia o nuestra incapacidad para reconocer y poner en práctica el RESPETO hacia los demás, lo que obviamente nos conduce por ese otro camino. Es el camino que manejamos y utilizamos como un atajo para evadir a quienes creemos tienen la autoridad y el poder, para evadir a los demás, a todos aquellos que están más arriba, más abajo o aún a nuestro nivel, pero que de cualquier modo intenta convertir nuestra ambición, frustración e impotencia en sentirnos más astutos y grandiosos al engañarlos a ellos y al mundo en general, a pesar de que en el fondo nos estamos engañando a nosotros mismos. La corrupción entonces, se ha convertido en un estilo de vida, en un símbolo nacional al igual que el tequila, los nopales o los mariachis, un símbolo que ondea orgullosamente como una enorme bandera en asta completa en la mayoría de nuestras instituciones, lo mismo públicas que privadas, en donde nos damos el lujo de celebrar el triunfo de todo aquello de lo que somos capaces de llevar a cabo, más furtiva o abiertamente, según los niveles de confianza y de descaro presentes en cada uno de nosotros. Parece como que en el fondo, la CORRUPCIÓN se ha desarrollado como la otra cara de esa moneda que llamamos RESPETO, ambas reflejadas en el inconsciente y lo consciente como dos aspectos de la misma experiencia dentro de nuestra personalidad y que curiosamente se enfrentan y se contraponen, quizás representando un conflicto y una dualidad nacional que nos divide interiormente y que nos pone a prueba en forma cotidiana a mayor o menor grado. Es posible que busquemos un equilibrio tratando de enfrentar dicho conflicto, de acuerdo al grado de conciencia moral que se ha desarrollado internamente en cada uno de nosotros, al igual que como resultado de las influencias y los enfrentamientos ambientales a los que hemos estado expuestos desde nuestra infancia en todos esos niveles por los que pasamos al madurar como individuos. ¿En este país, quién puede presumir de jamás haber estado expuesto a tales experiencias? Definitivamente, podríamos asegurar que en la actualidad existe un desequilibrio aún mayor entre ambas caras, cuando los niveles de RESPETO tienden a desvanecerse, a hundirse y a deteriorarse, mientras los niveles de CORRUPCIÓN, se hacen más patentes, más ostensibles y llegan hasta los extremos de ser publicados y celebrados nacionalmente a ocho columnas, como si se tratara de las orgullosas señales que nos marcan los modelos, ejemplos y trayectorias a seguir para todos los mexicanos, en ese sumamente amplio camino de impunidad, donde sabemos que no hay consecuencias. Parece pues el mensaje definitivo que nos ayudará a resolver nuestras inquietudes y dudas sobre ese conflicto nacional entre el RESPETO Y LA CORRUPCIÓN, para decidir hacia dónde dirigirnos. Sin duda alguna, se trata éste de un estilo muy mexicano de educación pública (Continuará).