ASOCIACIÓN DE PSIQUIATRÍA Y SALUD MENTAL DE LA LAGUNA, A.C. (PSILAC)
CAPÍTULO ESTATAL COAHUILA DE LA ASOCIACIÓN PSIQUIÁTRICA MEXICANA
EL INDISCRETO ARTE DE REFORMAR Y ENLOQUECER
(DÉCIMA PARTE)
Así pues, no cabe duda de que este primer trimestre del 2014, quizás más que en otros años, podríamos afirmar que tanto la Naturaleza regional, como las reformas administrativas federales se han unido en una especie de maridaje sabroso e incomprensible para poner a prueba conjuntamente tanto nuestra salud física como nuestra salud mental. Pareciera tratarse de un reto esotérico, extraño y hasta malicioso, como una especie de experimento ecológico y exótico que intentara agilizar el proceso de selección de la especie mexicana, a través de todos estos cambios que se han sucedido apresurada e impulsivamente en este primer trimestre del año, al enfocarse directamente en nuestra vulnerabilidad o nuestra capacidad de resiliencia, en un intento por definir la fuerza o la debilidad de los mexicanos, y su capacidad para sobrevivir o perecer en el intento. Obviamente, de una u otra forma, en uno u otro estilo, todos estamos enfrentando el embate a través de una variedad de mecanismos, que como es usual en México, van desde aquellos que siguen las reglas, que tratan de ser responsables, que creen y se someten a las amenazas y a las exigencias etiquetadas como disposiciones oficiales, por muy ilógicas, incongruentes, injustas y complicadas que sean, hasta encontrarnos con el otro extremo, aquellos que les vale, que reaccionan con su sólita indiferencia, los que durante años han aprendido que en un momento dado, todo lo pueden resolver con alguna "mordida", negociada en diferentes cantidades, o que igualmente pueden acudir con su compadre o su comadre, que es el o la secretaria del secretario del otro secretario de más arriba, muy cerca del jefe final, quien ciertamente aceptará algún tipo de favores en una variedad que se extiende amplia y generosamente como un enorme abanico de categorías de todos los colores y sabores. Al final de ese polo tan folclórico, se encuentran asimismo aquellos que poseen el ingenio, la picardía o la desfachatez según lo queramos llamar, para idear cierto tipo de subterfugios o mecanismos realmente ocurrentes e imaginativos, que hasta se llegan a oficializar con el sello tricolor y mediante los cuales al final del día, no tendrán que romperse la cabeza ni ejecutar toda clase de malabarismo para obedecer cualquiera de las disposiciones oficiales que se trate, ni para cumplir con regla o ley alguna, independientemente del departamento que provenga. Pero además de esta ingeniosa especie de mexicanos, hemos generado asimismo una gama de castas privilegiadas que precisamente por ocupar y mantenerse en puestos oficiales clave, tampoco sienten que tengan que trabajar o esforzarse demasiado, y por lo mismo, están exentos de llenar los requisitos o los formularios básicos, o de acatar del todo los reglamentos y las disposiciones a las que estamos obligados el resto de los mexicanos. Y aún más, lejos de estar obligados a pagar lo que los demás debemos pagar, obtienen sueldos por encima de los niveles generales, a los que se añaden privilegios y dividendos especiales no compartidos con el resto de la población que es la que los paga.
¿Y me pregunto, que pasa con la inmensa mayoría de nuestra población, los millones y millones de mexicanos que tienen un "changarrito" de cualquier tipo con el que tratan de sobrevivir en las orillas de las calles, en el umbral de sus hogares, en las cocheras de sus casas, en las esquinas de los cruceros, en los manubrios de sus bicicletas, en las cajuelas de sus autos o sus camionetas, o en cualquier rincón que se preste lo suficiente para ganar un peso vendiendo lo que sea? ¿De dónde sacarán sus computadoras, y cómo habrán aprendido a usarlas para cumplir con tantos requisitos y reformas, para llenar las disposiciones oficiales, para generar facturas electrónicas, para convertirse de la noche a la mañana en nuevos entes digitales?
No cabe duda que vivimos en un país mágico y plagado de contrastes, en el que retos como el que estamos enfrentando ahora, nos empujan a mover nuestros mejores recursos, nuestras mejores defensas físicas y psicológicas para sobrevivir en un ambiente incomprensible que se hace cada vez más pesado e incongruente, y quizás no sea tan demasiado elástico (Continuará).