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Nueva Orleans, siempre de fiesta

Museo de los atuendos del carnaval, Mardi Gras, en Arnaud´s.

Museo de los atuendos del carnaval, Mardi Gras, en Arnaud´s.

AGENCIAS.-

Para los que quieren fiesta todo el año es recomendable visitar Nueva Orleans.

Hay poco que no pueda sorprender el paso. Una galería, una tienda de antigüedades, un coctel. Músicos dentro de bares y en las calles. El diseño del balcón o la terraza de hierro forjado. Desenfado, amabilidad y sonrisas. Un bar de principios del siglo XX. Una cena con sabores mezclados de quienes habitaron primero estas calles: españoles, franceses, africanos.

Es al que han llamado Barrio Francés en Nueva Orleans, en el estado sureño de Luisiana, Estados Unidos, ése donde el recorrido a pie se vuelve obligado. Un Cocktail Walking Tour - de dos horas y media explica las delicias visuales, de olores y sabores al recién llegado.

La Rue Royal o Royal Street, aguarda con sus tiendas de antigüedades, pinturas, sombreros o diseños de ropa exclusivos, pero también con restaurantes bares como The Court of Two Sisters, donde preparan el Bayou Bash, una mezcla de jugo de frutas y vino tinto.

Caminas por las calles sin disimulo ni contratiempos legales con tu coctel en un vaso de plástico. Está permitido. Así andan otros, admiran las casonas españolas de barandales de hierro, techos altos, entradas en forma de arcos por donde pasaban los caballos y sus patios internos, amplios y con fuentes.

Los sabores, como en ninguna parte de Estados Unidos

En Saint Louis Street, los edificios han acompañado el trajín de los propios y extranjeros. Desde 1840, cuando Luisiana se había convertido en el mayor mercado de esclavos, y hasta hoy 2014, ya sin la devastación del huracán "Katrina", ha estado presente un local llamado Antoine's Restaurant.

En la misma calle se ubica Napoleon House, uno de los bares más famosos, que hace 200 años servía de residencia al alcalde de Nueva Orleans, Nicholas Girod y quien en 1821 la ofreció a Napoleón Bonaparte durante su exilio. El emperador francés nunca vivió ahí, pero su nombre permaneció hasta convertirse en un punto de referencia de la vida nocturna.

En las barras y mesas no sólo pasan los famosos cocteles que compiten año con año para ganarse un lugar entre las mejores bebidas espirituosas, llegan los platillos que también hacen única la visita.

Cocina "creole" o criolla; una mezcla de arroz tipo paella con pollo o mariscos y chorizos se llama "jambalaya"; una sopa de pollo o mariscos y especias se le denomina "gumbo". Otros platos de origen cajún (francés) son el "crawfish boil", es decir, langostinos de río hervidos, y para dulces los "pralinés", con nueces, azúcar morena y crema.

Las delicias se degustan casi en cualquier restaurante. En Muriel's, ubicado en Jackson Square, en el mismo Barrio Francés, un menú de 38 dólares ofrece la entrada, el plato fuerte, el postre, y por unos dólares más, una copa de vino.

También la solicitud puede ser a la carta: una sopa de tortuga, ensalada o el famoso "gumbo" de mariscos de entrada; camarones a la barbecue con cerveza y romero, o un "bayoubaisse" de mariscos, que contiene camarón del golfo, pescado y carne de cangrejo, ligeramente salteados con hinojo, tomate, setas y puerros.

De postre la recomendación es un pudín con nueces confitadas y salsa de ron o créme brûlée de vainilla.

El Commander´s Palace es una visita más que recomendable, obligada. Desde 1880 en el Garden District la edificación de colores turquesa y blanco, tipo victoriana, sobresale con sus torres y columnas. Se preparan varias entradas, pero destacan las pequeñas tazas de tres sopas: gumbo, tortuga y la del día.

Es difícil elegir el plato fuerte, pero las piernas de cordero tiernas acompañadas del puré de papa es uno de los platillos que agradan a la mayoría de los comensales.

El Creole Bread Pudding Soufflé, llamado "The Queen of Creole Desserts" es el postre de cierre. Se debe ordenar 20 minutos antes por el tiempo de elaboración.

El Café Du Monde es un sitio tradicional para beber un chocolate, leche helada, café helado o frappe, acompañados de doughnuts o beignets, que algunos llaman donas cuadradas espolvoreadas de azúcar glass. Hay días en los que largas filas están a la espera de comprar una orden de tres beignets por 2.42 dólares, y un café negro o con leche por otros 2.42 dólares.

Para el lunch la calle de Saint Louis sorprende con los Po-Boys, típicos de Luisiana. Son baguettes rellenas de mariscos, pescado rebosado, o carne, mayonesa, cátsup, lechuga, tomate y pepinillo.

En el Johnny's Po-Boys, el restaurante más antiguo de propiedad familiar, también las hay baguettes de ostras, cangrejo y lagarto, todo rebozado y fritos, así como de pollo, puerco, jamón y queso. El costo va desde los cinco hasta un poco más de 10 dólares.

El caminar te lleva a espaldas de la Catedral de San Luis, al Pirates Alley, la casa antigua del "absinthe". Fue prisión durante la Colonia española de 1769.

La bebida tradicional, en extremo dulce porque además de todos sus ingredientes deshacen un terroncito de azúcar más, es justo un "absinthe", que lleva anís, menta y ajenjo.

"Ellos hicieron el jazz"

El French Quarter también puede presumir de haber albergado en una de sus antiguas casas al escritor y poeta estadounidense William Faulkner, Premio Nobel de Literatura en 1949. "Aquí, en 1925 escribió su primera novela Soldiers´Pay (La paga de los soldados)", dice una placa, a un lado del Pirates Alley.

Y para consentir el oído con música en vivo, casi cualquier lugar es bueno. La Casa del Blues, en el mismo Barrio Francés, o el Spotted Cat Music Club, en Frenchmen Street, famosa por sus bares concurridos en su mayoría por lugareños.

"Ellos hicieron el jazz: el origen mismo de la palabra se desconoce, pero es uno de los fenómenos más complejos en la historia de la música universal, de implicaciones artísticas, sociales y políticas; es música norteamericana anglosajona y también es música negra. Unos identifican el jazz como música imperialista o a la inversa, como música de los negros explotados de Norteamérica", escribió Faulkner.

Al estilo Misisipi

Pero cuando Faulkner murió en 1962, ya Nueva Orleans se había convertido en una ciudad donde se respetan los derechos, especialmente la felicidad. Algunos podrían decir que se respetan los placeres de la vida, esos placeres que también puedes vivirlos desde una de las afluentes del delta del río Misisipi, en un buque de vapor, donde se puede disfrutar de jazz en su salón principal y de comida criolla.

En el Natchez Steamboat, un adulto paga por este recorrido 34.75 dólares. Incluye el lunch o la cena. Desde el altavoz se habla de quienes han cruzado el Misisipi, y la referencia sin falta es Mark Twain. En su relato "La Vida en el Misisipi" (1883), narró sobre sus días como piloto navegante de un vapor de ruedas antes de la Guerra de Secesión.

Y la música vuelve a los oídos cuando el buque llega a puerto. Una banda de músicos ya espera la bajada de los paseantes.

A unos metros atraviesa el tranvía, de esos que en pocas ciudades del mundo hay. La línea funciona hasta la medianoche y recorre los puntos más interesantes de la ciudad: desde la céntrica calle Canal y sus modernos edificios, hasta las clásicas mansiones de la Avenida Saint Charles, donde se ubica el Garden District, una zona más que debe ser recorrida a pie.

Y en ese recorrido está la influencia de las culturas, desde la fundación de esta ciudad por los franceses, la cesión de la misma a la corona española y la anexión a los Estados Unidos en el siglo XIX.

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