El Congreso estadounidense acaba de renunciar, una vez más, a arreglar el sistema migratorio estadounidense, por lo menos de aquí a que se defina cómo quedará el balance de fuerzas partidistas en la elección de noviembre próximo. Por parafrasear al experto en temas migratorios Ari Zolberg, las puertas se acaban de cerrar, pero el presidente Obama mantiene la llave de la puerta trasera.
La crisis del sistema migratorio de EU es evidente desde al menos el 2001 cuando el entonces presidente Vicente Fox impulsara la discusión bilateral de una Reforma Migratoria con el gobierno del expresidente George W. Bush. Para ese momento, varios centros como el Pew Hispanic Center reportaban que la población hispana había rebasado ya los 35 millones de habitantes, de los cuales unos 20 eran de origen mexicano. Apenas en 2011, la población hispana ya superó los 54 millones, de los cuales casi 34 millones son de origen mexicano.
Desde entonces, la Reforma Migratoria ha sido un pendiente. La historia es ampliamente conocida de cómo la agenda de combate al terrorismo sepultó la enchilada completa que buscaban Fox y Jorge Castañeda, pero la ventana de oportunidad volvió a abrirse en el 2008 cuando Obama llegó a la Casa Blanca apoyado por el voto latino y prometió arreglar el sistema migratorio, promesa que seis años después no ha cumplido.
La reciente crisis desatada por los más de 50 mil menores no acompañados que han salido forzados por la violencia en Centroamérica en busca de entrar a EU y que se encuentran en centros de detención de la Guarda Fronteriza en Texas y Arizona volvió a poner el tema de la Reforma Migratoria en la discusión pública.
La Cámara de Representantes, dominada por los republicanos, enterró la posibilidad de retomar la discusión legislativa de la reforma, ya que en los distritos dominados por los republicanos en el sur de EU, el Tea Party ha movido el péndulo hacia la extrema derecha, la que prefiere las deportaciones masivas de inmigrantes, la que apoya la militarización del sistema migratorio y que vive en el engaño de creer que la frontera estadounidense puede ser sellada, negando la historia de migración con la que se fundó EU.
Hoy Obama ha amenazado al Congreso con usar decretos presidenciales para aliviar la crisis del sistema migratorio, pero realmente su capacidad legal es insuficiente y el propio historial del presidente respecto al tema no es nada alentador. Desde que llegó a la presidencia, Obama ha aumentado el número de Guardias Fronterizos y deportado a 2 millones de inmigrantes, separando a familias y cediendo a las presiones de Tea Party.
Las acciones que desde el Ejecutivo puede tomar Obama para el sistema migratorio son paliativas. Es cierto que el presidente ya ordenó un incremento de 1.4 mil millones de dólares para mejorar los centros de detención en las fronteras y que ordenó al procurador Eric Holder revisar cuáles son los caminos legales que puede tomar la presidencia en materia migratoria, y que básicamente son revisar cuántas deportaciones puede detener unilateralmente el poder ejecutivo y sus agencias migratorias, pero todo ello se queda corto. Es el Congreso el que tiene las atribuciones más amplias en la materia.
Lo que Obama sí puede hacer a mayor profundidad es revisar la política exterior estadounidense hacia Centroamérica y en particular la fallida estrategia de combate al narcotráfico, ambas en gran parte culpables del éxodo de millones de centroamericanos y mexicanos a EU en la última década. Hoy el sistema migratorio estadounidense está en ruinas, pero no hay una solución al mismo que no pase por el Congreso y por cambiar el paradigma de la "guerra contra las drogas" y la política exterior estadounidense que ha apoyado a conveniencia a varios regímenes autoritarios en Centroamérica, como bien señaló recientemente Robin Reineke, la directora del Colibri Center for Human Rights.
Es un pésimo momento para que el Congreso haya renunciado a reformar el sistema migratorio. La última encuesta de Gallup le da a Obama una desaprobación del 52% y apenas una aprobación del 44%. Ello indica que Obama no se aventurará a extralimitar su poder frente al Congreso en materia migratoria y que, por el contrario, sus esfuerzos serán conservadores y no radicales.
Y del lado mexicano, pese a que con Felipe Calderón se renunció a pensar en la migración de manera bilateral y se dejó a EU actuar solo en un "tema que le compete a su soberanía", lo cierto es que la crisis humanitaria por los niños inmigrantes pasa también por México. Hoy sabemos que miles de esos niños centroamericanos están en centros de detención en territorio estadounidense, pero se nos olvida que para llegar ahí pasaron por México y por el maltrato, el acoso, intimidación y abuso de las autoridades de migración mexicanas. Es cierto, EU debe arreglar su sistema migratorio, pero México también debe hacer lo propio y el momento es ahora, que se habla de transformar a México y de las reformas estructurales.
Politólogo e Internacionalista
Twitter @genarolozano