Hace unas semanas escuché decir a dos jóvenes afiliados al PRI que su partido ya no era socialdemócrata, como se había anunciado en 2008, sino que ahora "el PRI había salido del clóset" y que se declaraba feminista. El anuncio me pareció bueno, después de todo, fue el gobierno de Peña Nieto el que empujó la ley de paridad en México y el mismo que decretó el día nacional contra la homofobia recientemente, ambas luchas de mujeres y de hombres feministas. También creí en esa supuesta declaración feminista porque de los partidos grandes el PRI es el que tiene el mayor número de diputadas en la LXII Legislatura (83) y de senadoras (20). Como declaratoria, sonaba bien y en los hechos también.
Sin embargo, ese PRI que se declara feminista sigue siendo el mismo PRI, el de siempre, ese PRI del extraño caso del Doctor Jekyll y Mr. Hyde, el que "como dice una cosa, hace otra". Y para muestra dos botones. Por un lado, de nueva cuenta el "PRI feminista" sumó fuerzas con el PAN y con la iglesia católica para volver a decidir sobre el cuerpo de las mujeres, ahora en el estado de Nuevo León, donde en una discusión apresurada, impulsada por la mayoría panista, el PRI sumó el voto de sus 16 legisladores a una reforma al artículo 1º constitucional para "garantizar y proteger el derecho a la vida de todas y todos los neoleoneses desde su inicio en la fecundación y hasta la muerte natural".
De tal manera, las mujeres de 18 estados de la República le deben ahora al diputado Francisco Treviño del PAN y al diputado Edgar Romo, coordinador de la bancada del PRI neoleonés, una limitación en el derecho a decidir sobre sus cuerpos, la criminalización de las mujeres que por distintas razones se ven forzadas a interrumpir un embarazo o simplemente desean ejercer su derecho a no ser madres aún. De tal manera, ese "nuevo PRI" que reivindica las causas del feminismo de dientes para afuera, en las entrañas sigue siendo un partido conservador, antifeminista y esquizofrénico.
Ya en otra ocasión, en estas páginas, había expuesto el argumento del abogado Alejandro Madrazo, quien argumenta que reformas constitucionales que dan al embrión personalidad jurídica caen en el absurdo del supuesto de que ahora las mujeres embarazadas para viajar al extranjero deberían hacerlo con dos pasaportes, el propio y el de la "persona jurídica" que llevan en el vientre. Un absurdo, una farsa.
Dentro de esta ola antiaborto impulsada por PRI y PAN en los estados, hoy sorprende de sobremanera el silencio tanto de las legisladoras del PRI en el Congreso federal, como Diva Gastelum, quien además preside el Organismo Nacional de Mujeres Priistas (Onmpri), así como el de la senadora por Nuevo León Marcela Guerra. Sin embargo, dentro de esos silencios cómplices el que más pesa es el de la secretaria Rosario Robles, una mujer feminista que apoyó la despenalización del aborto en el Distrito Federal y que no se ha pronunciado aún a favor sobre el debate de la despenalización en el estado de Guerrero y menos en contra de la reforma constitucional que avanzó en Nuevo León.
Rosario Robles queda debiendo aún un posicionamiento claro y contundente en ambos temas, uno que recuerde por qué feministas como Marta Lamas la calificaron en su momento de una líder feminista. Hoy ese liderazgo feminista está enterrado, desdibujado y acallado.
Por otro lado, el PRI también actúa nuevamente como Dr Jekyll y Mr. Hyde. Diciendo que las leyes secundarias en materia de telecomunicaciones garantizan la libertad de expresión y que no son un retroceso, pero votando y apoyando leyes que limitan la libertad de expresión y que regulan el derecho a la protesta, per'carcelamiento de disidentes en los estados de Quintana Roo, Puebla y Chiapas. Aquí sorprende el silencio de esas juventudes del PRI, tan activas en redes sociales, defendiendo a su partido y al presidente Peña, esas juventudes de Peña Nieto que hablan de un nuevo PRI, que aplauden como focas las reformas estructurales, que se sienten orgullos@s porque su partido gobierna, "moviendo a México", pero que no cuestionan, que imitan los liderazgos del PRI de los 70, que no disienten. Jóvenes avejentados que aprenden a decir que sí, en lugar de cuestionar con un ¿por qué? Jóvenes de corazón rojo, pero con el cerebro gris. Jóvenes que dicen representar el futuro de su partido, pero que no levantan el ancla para separarlo de su pasado.
Hoy de nueva cuenta el PRI da un paso para adelante con la ley de paridad, pero da otros para atrás, apoyando la reforma constitucional en Nuevo León y apoyando leyes que limitan el derecho a la contestación pública en 3 estados. Ojalá que las voces disidentes y feministas de ese PRI salieran en defensa del derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo y firmaran esta acción virtual para pedirle a l@s legisladores de Nuevo León para que no aprueben esa reforma en segunda votación. http://www.tupuedessalvartuvida.org/NUEVOLEON/ y entiendan que decidir no es un delito y que ese "nuevo PRI" que pregonan nada más no existe.
Politólogo e Internacionalista
Twitter @genarolozano