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La mujer y la violencia

ARTURO MACÍAS PEDROZA

En el marco del Día Internacional de la Mujer celebrado el día de ayer, es urgente poner atención a la situación precaria que afecta la dignidad de muchas mujeres sometidas a múltiples formas de violencia dentro y fuera de casa: Tráfico, violación, servidumbre y acoso sexual; desigualdades en la esfera del trabajo, de la política y de la economía, explotación publicitaria. Lo cierto es que la situación de la mujer sigue siendo igual de difícil que en otros tiempos, sigue sufriendo violencia intrafamiliar, se sigue vendiendo a la mujer indígena, se sigue traficando a mujeres para dedicarlas a la prostitución. Se sigue explotando el cuerpo femenino como anzuelo para que los consumidores unan mentalmente un artículo con un cuerpo femenino.

Es fundamental tener una visión más integral de la compleja problemática y poder establecer programas que permitan una verdadera solución integral. La violencia contra la mujer lanza un reto a nuestra comunidad lagunera que quiere elevar a la persona humana cuando la violencia hace lo contrario al regresar al nivel de instinto. Nos esforzamos por organizar racionalmente las relaciones de todo y paradójicamente la violencia llama a la fuerza bruta; la civilización libera, la violencia aliena.

Es un escándalo en nuestro tiempo la violencia de género cuando precisamente nos gloriamos de dominar los fenómenos de la naturaleza, de estar iluminados por la ciencia y de tener los valores del respeto de la vida. Esta violencia de la mujer nos arroja a un pasado que quisiéramos definitivamente clausurar. Precisamente en esta época se está alcanzando un grado de cinismo y refinamiento de la violencia a la mujer. La violencia en general, sube como una marea en el horizonte del futuro; más aun, también el desarrollo de la técnica ha hecho aparecer formas nuevas de brutalidad física y moral: Violación de conciencia, lavado de cerebro, manipulación de los espíritus, presiones de toda clase… todo esto constituye una gigantesca empresa de alienación y de profanación de la libertad.

Cuando se piensa en todas las maneras de violentar a la mujer y el poder de conquista y coacción que se han multiplicado y desarrollado en un alto grado de sofisticación, nos preguntamos con angustia si aún se puede hacer algo todavía, o por el contrario, nos declaramos incapaces de destruirla. Es por ello que el Día Internacional de la Mujer, superando demagogias, puede hacer sinergia de todas las fuerzas sociales, sabiendo que un día no es insuficiente para reconocer la cualidad de la mujer. Es un día simbólico para hacer publicidad particular, pero que nos compromete todo el año. No podemos borrar dos mil años o más de sumisión femenina en una generación. Es normal que esto provoque reacciones y avances inciertos e incluso retrocesos, arrastrados por concepciones erróneas o parciales en el campo antropológico que han ido tomando carta de ciudadanía en la mentalidad postmoderna (subjetivismo, hedonismo, individualismo, relativismo, etc). La condición femenina tiene tres referencias: La del sexo, que expresa la peculiaridad de la hembra de la especie humana; la de la vida humana, que denota la forma peculiar de vivir el proyecto humano en cuanto mujer; y la ideologización, que en relación con los dos niveles significativos anteriores extiende el horizonte a otros ámbitos de la realidad mediante la configuración ideológica y simbólica de lo femenino. La realidad biológica es fundamental, pero es en su ser mujer en donde se desenmascaran y orientan las falsas y las auténticas realizaciones históricas de la condición femenina. Errores biológicos o "prejuicios" al leer las verdades de la biología femenina provocan consecuencias éticas ideologizadas. Las ideologías político-sociales actuales son inductoras de una manipulación del actuar de la mujer, llegando a detalles aparentemente menos significantes de la educación (forma de vestir a la niña, tipos de juegos en los que es iniciada, etc.), hasta construcciones teóricas con pretensiones de validez universal, que enmascaran acríticamente el verdadero actuar de la mujer.

Es necesario revisar críticamente y continuamente los esquemas morales proyectados sobre la mujer. Mentalidades que se introducen subrepticiamente en la comprensión de la mujer manipulan la imagen ideal o ética de la condición femenina: el "utopismo" estéril que empuja a sufrir el chantaje frente a los viejos mitos de "sexo débil", "bello sexo" justamente denunciados como factores de alienación de la condición femenina; la ideología del "nihilismo" ético que proyecta imágenes falseadas de la mujer justificando concepciones de un amoralismo (todo se vale) que al final justifica que sea explotada y usada.

La eliminación de la violencia es un imperativo que se debe seguir hasta sus últimas consecuencias por radicales que ahora nos parezcan. Aun con formas nuevas, no podemos pensar en volver a tener esclavas o comprar mujeres. Pero no podemos pedir la no violencia a la mujer y admitirla con otras personas en otros campos. El valor de la persona es único, irrepetible e insustituible y de ahí el infinito respeto con que debe ser tratado todo hombre independientemente de raza, condición social, enfermedad, edad. Si admitimos la violencia para algunas categorías de personas estamos dando la aprobación para otras, por ejemplo, la violencia contra el no nacido, la aprobación de la eutanasia, la violencia contra el hombre como venganza.

Son precisos cambios radicales y hondísimos en la estructura de nuestra sociedad: Reconstruir la familia sobre la realidad de la ternura y actuar sobre los métodos educativos, en lugar de ser sádicos y agresivos;el código penal debe reformarse tomando en cuenta las costumbres y conflictos actuales y las formas nuevas de violencia; el sistema económico-social del capitalismo con su apelo a la constante competencia y a considerar al otro como un escalón para sus fines o un objeto de consumo repercute en el trato del hombre y la mujer; superar la mentalidad hedonista que pone como único fin el placer.

Sin embargo, hay esperanzas no sólo para las mujeres víctimas de la violencia, sino para toda la sociedad que busca superar este fenómeno que nos denigran a todos. No queremos acostumbrarnos a la violencia. No queremos caer en el cínico fatalismo del "no hay nada que se pueda hacer". Creemos que se puede superar la violencia contra la mujer y estamos dispuesto a intentarlo juntos.

piensalepiensale@hotmail.com

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