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ONÉSIMO FLORES RODRÍGUEZ

A Jacinto y a Blondie dos seres inconmensurables que cruzaron por mi vida.

Acababa de concluir una reunión del Instituto Estatal Electoral y de Participación Ciudadana de Coahuila en la cual Jacinto Faya Viesca, Consejero Ciudadano, había dado fin magistralmente a una discusión estéril y absurda donde sobraban los intereses y faltaban las razones. En su exposición final el maestro Faya nos había impartido a todos los presentes una brillante cátedra de Derecho Constitucional que había concitado la admiración oculta, pero el repudio convenenciero de los representantes de todos los partidos políticos que desunidos en todo excepto en su crítica oportunista y socios en la falta común de ideología se unificaban para censurar no sólo la verdad, sino la verdad bien dicha. Serían los mismos que en otras oportunidades aplaudirían a rabiar las intervenciones magistrales de Jacinto.

Aunque frecuentemente provocaba polémicas, esto no quiere decir que Jacinto, polemista nato fuera de claroscuros. Por el contrario: él siempre fue un hombre de claridad meridiana, aunque a veces sus palabras, sus ideas, sus acciones y sus lecciones fuesen criticadas por coyunturas de política y de intereses, no obstante, que sus detractores estuviesen ayunos de verdad.

Pero Jacinto fue siempre así: Sobre su verdad, aprehendida y defendida no concedía el menor cuestionamiento, ni siquiera la más pequeña de las dudas. Era decidido, firme, consecuente y sin duda sumamente inteligente. Ávido lector, excelente jurista, gran conversador, maestro digno, escritor fecundo, orador polémico, profesionista dedicado, soñador incansable, crítico visionario, filósofo objetivo, creador de instituciones. Todo eso era él, pero más aun, era apabullantemente brillante.

Si a estas prendas, ya de por si difíciles de encontrar asidas a un ser humano agregamos las circunstancias de su vida personal y familiar estamos hablando entonces de un hombre excepcional. A su rigurosa responsabilidad de ser el fiel y amoroso compañero de Blondie una gran dama hecha justo a la medida de su inmensa talla, habría que agregar el respeto, el compañerismo, la amistad, que con su ejemplo y su sabiduría utilizó no sólo en la formación, sino en la convivencia con sus hijos. Ahí están ellos Jacinto en la función notarial, Alejandro y Héctor brillando en la administración pública; y José Antonio el más pequeño destacando en el sector privado.

Aún habrá algo más que agregar, si queremos un retrato más completo: Su desinteresada y siempre muy leal concepto de la amistad. Sus amigos podrán atestiguar que Jacinto, inflexible en sus ideas se entregaba a sí mismo en plenitud y siempre con una generosidad extraordinaria a quienes procuraban y cultivaban su cercanía.

Ese es el hombre, palabras más palabras menos, pero palabras que no pecan de falta de verdad ni de exageración. Faltan los hechos, las realizaciones, los logros; y éstos son tantos, tan extensos, tan extraordinarios tan abrumadores que el solo enunciarlos no le haría justicia.

Me refiero por lo tanto solamente a dos, de sus vertientes. Por una parte, su monumental obra escrita publicada puntualmente por Porrúa la más importante editorial jurídica mexicana y a la cual muy pocos juristas han podido tener acceso. Entre estas obras destacan el "Tratado de Administración Pública Federal" (1979), "Rectoría del estado y economía mixta" (1987), "Teoría constitucional"(2002), "El presidente de la República. Poderes y privilegios" (2004). Estos textos junto con otras publicaciones, tanto de Porrúa como de otras casas editoriales son libros de texto obligatorio en muchas escuelas de derecho en el país, y de consulta y referencia necesaria lo mismo en la academia, la administración pública, el sector privado y el ejercicio libre de la profesión.

A través de estas obras el maestro Faya, describe, analiza, critica y hace aportaciones a la conceptualización y a la realidad del poder político en México. Pero la búsqueda de la realidad nacional y el análisis crítico del poder público no se acaban con sus textos, sino que se complementan con su columna "Palabras de Poder" que bajo el seudónimo de Critilo publicaba con disciplina y regularidad en muchos diarios nacionales. En estas columnas donde vierte su gran cultura y su talento innato con un estilo clásico y evocando a los grandes filósofos reiteraba sus ideas y apreciaciones sobre el poder público tratando siempre de darles el sentido humanista que fue siempre la idea central de su vida y de su proyecto.

La segunda vertiente importante de su admirable quehacer es su actividad profesional en la cual congruente con su forma de pensar actuó siempre con rectitud, honorabilidad y dignidad. Aunque siempre cercano a él nunca estuvo en el poder y menos aún, nunca bajo el poder; no obstante, que participaba asistiéndolo y aconsejándolo, procurando siempre que la norma reinara sobre él.

Era un filósofo y jurista más que político, aun así entendía muy bien el sistema político mexicano.

Fue legislador sin haber nunca sido electo al cargo de diputado, quizás porque los representantes populares no tenían una idea clara de cómo hacer una ley. Por eso como Consejero, como asesor y como consultor era llamado con frecuencia no sólo para dar fondo y forma a proyectos de leyes mal planteadas, sino muchas veces para que él mismo hiciera las iniciativas. Sus ideas se encuentran plenamente plasmadas en las mejores leyes vigentes en Coahuila e incluso en la propia Constitución del estado mediante la cual Coahuila se convirtió en un estado no sólo social y democrático, sino también de acuerdo con el proyecto central del maestro Faya en un estado humanista.

Jacinto no sólo influyó la legislación coahuilense, sino también la de otros estados, así como en un gran número de leyes federales. Cuando el poder público necesitaba reformar su legislación vigente tocaba a su puerta y quedaba siempre satisfecho con sus aportaciones.

Desempeñó el cargo de Notario Público con honradez y eficiencia durante más de treinta años abriendo la puerta de sus oficinas generosamente a quienes necesitaran de sus servicios, especialmente a las clases más necesitadas.

Aunque fue funcionario federal y magistrado presidente del Tribunal Electoral del Estado su predilección fue participar en organismos e instituciones autónomas, entre ellos como el Instituto Electoral y de Participación Ciudadana donde por diez años intervino primero como consejero y luego como presidente.

Practicó y cultivó la academia como maestro en la Universidad Autónoma de Coahuila y en la Universidad Autónoma del Noreste, aunque prefería deambular por el país llevando a todos sus confines, su cultura y su calidad de jurista mediante la presentación de innumerables conferencias magistrales.

En fin, podría seguir relatando muchas otros hechos que ponderaron su grandeza. Muchos ya las conocen, otros más saben de ellos por referencias directas; lo importante no somos los que lo conocimos personalmente ni quienes lo intuyen referencialmente, sino más bien las nuevas generaciones que continuarán sabiendo de sus esfuerzos y sus logros través de sus acciones y de su obra.

Correo : oflores_menu@hotmail.com

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