Pasado mañana se realizarán las elecciones en el estado de Coahuila para la renovación de las 16 diputaciones de mayoría y 9 de plurinominales.
Debido a la reforma ocurrida en el sexenio de Enrique Martínez y Martínez, donde se decidió ampliar la duración de las administraciones municipales de 3 a 4 años, a partir de 2005 donde se inauguraron estos períodos, se han ido propiciando -por cuestiones de simple aritmética- elecciones huérfanas, ya que como las del domingo, el pueblo podrá ir a las urnas solamente a elegir diputados locales, lo que de suyo le resta atracción para el electorado, que irá a marcar una boleta únicamente, y para elegir a un órgano colegiado que la mayoría no sabe bien a bien para qué sirve (y mientras un partido político controle la mayoría calificada, yo creo que no sirve absolutamente para nada).
El resultado que se espera para el domingo por la tarde-noche es ciertamente predecible, aunque la indiferencia generalizada en estas votaciones fue tal que no hubo ni siquiera la lluvia de encuestas públicas para prevenir a los ganadores, es evidente que el PRI retendrá la mayoría del Congreso; lo interesante ahora a diferencia de hace tres años es que al menos, el partido oficial está medianamente preocupado por la posibilidad de no llevarse "carro completo" como lo hizo en la elección pasada, y el que el nuevo Congreso tenga más de 3 diputados nominalmente opositores como ocurrió en esta legislatura aún vigente, podría complicarle al gobernador Rubén Moreira el manejo del poder legislativo estatal, que a la postre significaría sólo una marginal reducción de su campo de maniobra.
Nuevamente, el PRI ha repetido la receta próxima-pasada para lograr la sobrerrepresentación y ha sabido solventar los nuevos candados legales que sobrevinieron para nuevamente presentar cuadros suyos dentro de un esquema de coalición con sus partidos satélites, sólo que en esta ocasión y para acatar la ley, ha cumplido incluso con el mandato de hacer renunciar formalmente al Revolucionario Institucional a sus candidatos que son registrados con siglas de otros partidos. Ejemplo puntual de ello fue el caso del candidato al noveno distrito, Luis Gurza, que una vez que renunció al PAN para ingresar al PRI, se vio obligado a renunciar también al partidazo para cumplir con la legalidad, e inscribirse al Partido Verde y de ahí competir formalmente.
Además de la trampa de fondo que el PRI está cometiendo y que nuevamente le dará la sobrerrepresentación, es tal el desdén de las votaciones de pasado mañana que el gobierno lanza como candidatos a tres personas que ya habían desempeñado ese puesto, Verónica Martínez, Shamir Fernández y Francisco Tobías Hernández, justo cuando se legalizó la deuda contraída de manera delictuosa y que fue reconocida por la legislatura anterior a la vigente, dándole la certeza jurídica y condenando a los coahuilenses a pagar una suma multimillonaria por veinte años.
Para terminar de arruinar el cuadro, el único competidor real que existe en el estado decidió al menos en La Laguna de Coahuila, postular a ciudadanos que su nivel de conocimiento popular es prácticamente nulo, a excepción quizá de Natalia Virgil, que se desempeñó como síndica de minoría en la administración de Olmos. En tanto Jesús García Colores y, María de Carmen Espada debutan como candidatos. Margarita del Río fue regidora de oposición de la administración de Eduardo Olmos.
Esas son entonces las condiciones en las que se desarrollarán los comicios, con una propuesta del PRI que ofrece prácticamente más de lo mismo, y con unos rivales más bien débiles del PAN que nuevamente ha decido perder por sus pleitos internos antes que enfrentar al gobierno.
Mucho de esta nueva arrastrada que sufrirá Acción Nacional pasará más por las mezquindades de Guillermo Anaya, Luis Fernando Salazar, José Ángel Pérez, Jorge Zermeño y Jesús de León, principales líderes dentro de su partido, que decidieron cuidar su propio capital político antes que exponerlo al electorado, y sobre todo, no ceder ni un ápice de sus conveniencias personalísimas a las necesidades del panismo. Imposible entonces no esperar unas desangeladas elecciones.