Al ritmo de “ya llegó el que andaba ausente”, canción que hiciera famosa Antonio Aguilar, el exalcalde Eduardo Olmos estuvo el fin de semana en la Perla de La Laguna para acompañar al cónsul de Cuba en Monterrey, Pedro García Roque, en su visita por esta bella y polvorienta región. Nuestros subagentes disfrazados de puertas que todo lo oyen y ven nos comentan que al exmunícipe se le vio muy contento y quitado de la pena en la reunión que sostuvo el comité de recepción del ayuntamiento de Torreón con el diplomático de la hermana República. Cuentan que a don Lalo se le vio muy relajado como si la herencia negra que legó ya se hubiera borrado y los asuntos pendientes que tiene ya hubieran desaparecido.
Y es que como usted sabe, enterado lector, Olmos está en la mira de la tremenda Corte de Justicia de la Nación por los cobros indebidos del Impuesto Sobre Adquisición de Inmuebles y el desacato por no devolver el dinero a los afectados. Además el desorden que dejó su administración en materia de servicios públicos fue tan grande que hasta a su mismo amigo y correligionario, don Miguel, no le quedó de otra que reconocer que la casa estaba más sucia de lo que creía. Lo más curioso del asunto es que parece que al alcalde Riquelme y a todo el ayuntamiento que preside ya se les olvidó el lastre endosado al grado que no tuvieron empacho alguno en tomarse muy sonrientes la foto con el susodicho. Inclusive, dicen los que saben, ya varios se apuntaron a participar en una serie de intercambios “diplomáticos” organizados por el mismo Eduardo Olmos con la finalidad de visitar la hermosa isla del Caribe, en donde se sabe que pasa largas temporadas gracias a su cercanía con los hermanos Castro, quienes gobiernan ese país desde hace más de medio siglo. Quien quite y en una de esas también los invita a Nueva York, metrópoli también muy frecuentada por don Lalo, para que tengan un panorama completo de los vestigios del mundo bipolar en donde él se mueve.
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El espeluznante caso de los normalistas desaparecidos de Ayotzinapa se está convirtiendo en una roca en el zapato no sólo para el gobierno federal y los partidos embarrados -sean de izquierda, de derecha o ambidiestros-, sino también para los gobiernos estatales e incluso para los municipales. Y es que la atención que se le ha dado al tema ha comenzado a alcanzar otros macabros sucesos ocurridos en varios rincones del México mágico en donde un día desaparece alguien y otro día también. Tal es el caso de las antiguas provincias de la Nueva Vizcaya y la Nueva Extremadura, que dividen al país de La Laguna en dos, en donde la historia reciente está plagada de aterradores acontecimientos relacionados con fosas clandestinas, desapariciones forzadas, tremebundas masacres, infiltración criminal de policías, vista obesa de autoridades y demás linduras que bien podrían servir para varias temporadas de American Horror Story, con la diferencia de que los casos presentados serían terriblemente reales. Ante esta situación, los mandamases estatales y jefazos municipales de Coahuila y Durango han optado por mirar de lejitos el caso de Ayotzinapa. Pero no sólo eso. Nuestros subagentes disfrazados de cuadros chinos de “fino arte” decorativo del Gran Invernadero Municipal de Torreón nos informan que varios jóvenes empleados han sido regañados por sus superiores por manifestar en redes sociales su solidaridad o apoyo con las familias de los normalistas desaparecidos y hasta los han obligado a borrar sus comentarios. Es decir, en el ayuntamiento no quieren saber nada de nada de cualquier cosa que tenga que ver con desaparecidos. Ahí está el caso de la señora Silvia Ortiz, madre de Fanny, quien durante la manifestación que realizó con motivo del décimo aniversario de la desaparición de su hija, fue “invitada” por gendarmes municipales a desalojar la Plaza Mayor. Parece que a la gente de Miguel Riquelme ya se les olvidó aquello de que ese espacio público “es de todos”, aunque más bien lo que pasa es que el tema los pone harto nerviosos. ¿Por qué será?
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Nuestros subagentes disfrazados de librito de oraciones nos informan de la positiva transformación de la regidora del Movimiento Ciudadano, Mayela González Cardiel, quien ahora con el fin de alejarse de las cosas paganas y en un acto que dijo fue por congruencia, mediante oficio, regresó los boletos que tiene por cada juego de futbol del equipo Santos que se le entregan para que disfrute de este deporte en un lugar privilegiado del estadio. Supuestamente esto lo hizo en un arranque de molestia para poner distancia entre el jefazo del séptimo piso y sus funcionarios de primer nivel. No obstante, se desconoce si también regresará casi un millón de pesillos que se le prestaron en calidad de urgencia. Dicen que el que más anda agobiado por recuperar ese recurso es el quejoso tesorero Enrique Mota, ya que en caso de que no pague doña Mayela, se desconocen los “malabares” que tendrá que hacer para justificarlo en las próximas cuentas públicas de cierre de año. Esta preocupación de don Enrique se suma al disgusto que le provocaron las declaraciones de la regidora en torno al aumento de la deuda del municipio y en donde, por cierto, los números del guardián de las finanzas no cuadran con los que están disponibles en la página del Internet del ayuntamiento. Por si las moscas, el tesorero ya está preparando el garrote para recaudar más recursos por concepto de limpieza y para ello piensa valerse de la temeraria estrategia de cortar el agua a quienes no paguen por el servicio de recolección de basura. Pero dicen los que saben que esto provocará una cascada de amparos que meterá a Mota en aprietos. Al tiempo.
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Los que deberán ponerse las pilas el próximo año para meter al redil a los directores municipales de Torreón son el contralor municipal, Javier Lechuga y el secretario del Ayuntamiento, Jorge Luis Morán, a quienes este primer año de administración se les ha ido como de Hidalgo. Comentan los conocedores que para 2015 se esperan cambios en los planes y presupuestos de las dependencias municipales y que ya no habrá excusas para que los integrantes del gabinete de Riquelme se sigan haciendo patos con la presentación de sus planes operativos anuales que marcan la ruta crítica a seguir en cada área del ayuntamiento para que no anden como ovejas descarriadas improvisando. El artífice de este estrategia es el director de Desarrollo Institucional, Francisco Adame, quien anda advirtiendo a los desbocados funcionarios que deben ponerse al corriente con ese punto que ya se contempla en el presupuesto, cosa que no ocurrió este año y por eso cada quien se la pasa haciendo fiesta por su cuenta. El asunto es que hasta ahí llegará la labor de don Paco, porque el seguimiento y castigo a quienes no cumplan recaerá en Morán y Lechuga. A ver si es cierto.
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En ambos lados del río Nazas se cuecen las habas. La firma del convenio entre el gobierno de Durango y ayuntamientos como el de Gómez Palacio para que el primero meta las manos -perdón, “colabore”- en el cobro del impuesto predial, tal y como se ha aprobado en Coahuila, ha ocasionado serias dudas sobre las reales intenciones de la corte de Jorge Herrera. Y es que mientras la postura oficial del estado y el municipio es que el objetivo del acuerdo es que los ayuntamientos puedan contar con un dinerillo extra, hay voces que ven en este amarre intenciones muy negras del gobierno de Durango de aumentar su control sobre las finanzas locales con miras a las elecciones del próximo año. Para aumentar las sospechas los convenios no han sido subidos a las páginas de Internet de los municipios y, curiosamente, a ningún regidor de la oposición (o lo que queda de ella) en Gómez Palacio le fue proporcionado para su revisión y posterior votación. Vamos, dicen que ni siquiera los ediles priistas supieron qué fue lo que autorizaron. Así las cosas, algunos regidores azules ven que de forma extraña este tipo de acuerdos impulsados por la Secretaría de los Dolores encabezada por Luis Videgaray se ha autorizado en estados en donde las finanzas no son, digamos, del todo sanas, como el Estado de México, Chihuahua, Veracruz y Coahuila, todas gobernadas por el tricolor. Hay quienes incluso se aventuran a vaticinar que habrá en diciembre y enero una misteriosa renovación de los cajeros en las tesorerías locales para meter a gente del gobierno provincial. ¿Será?