Se habían ligado cinco partidos sin perder en la Liga. Se había ganado en el debut en la Copa Libertadores. Se había logrado uno de esos que nos ufanamos en calificar como "triunfo histórico" (en el segundo partido de la cita continental). Y de pronto, aparece La Fiera para borrar de tajo la buena cara que parecía mostrar el equipo de casa.
El campeón vigente de la Liga MX reapareció con su mejor futbol justo ante uno de sus mejores "clientes" (también hablando "históricamente").
Antes del minuto 35, León ya le ganaba 3-0 a unos desconocidos Guerreros.
Hundido en su banca, lejos de aspavientos o festejos desmedidos, Caixinha veía como se derrumbaba la buena marca casi sin explicación.
Y ni cómo decir que fue el viaje de media semana a Montevideo, porque León jugó un día después en Ecuador. La diferencia, quizá, y según me lo hicieron ver un par de buenos aficionados, es que León tiene banca de donde echar mano, lo que Santos no puede presumir.
Ese triunfo "histórico" en el estadio Centenario ante Peñarol quedará ahí, escrito en los libros de la institución. Aunque Peñarol ocupe hoy el octavo lugar en la liga de aquel país, alejado de memorables torneos.
De vuelta a la realidad, Santos Laguna exhibió carencias que tendrá a bien que solucionar el entrenador portugués, si es que no quiere entrar de nuevo en un bache. Y que haga lo que considere conveniente.
Como bien dice el doctor Arturo González Valdez, los que no vivimos el día a día con el equipo, quienes desconocemos lo que pasa en la intimidad del vestidor, ¿qué podemos saber de motivos que tiene el entrenador para dejar a un jugador en la banca o poner a otro como titular? Sus razones tendrán. Razones que no tienen porqué anunciar con un altavoz antes de iniciar un encuentro.
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