La obra. En su novela La orfandad de la muerte, el mexicano hace un homenaje a sus autores.
El escritor mexicano Alfredo Peñuelas se alegra de que su novela "La orfandad de la muerte" haya sido incluida en un corpus de referencia de la Academia de la Lengua Española, pero lo celebra poco para no distraerse de sus lecturas.
"No la hice pensando en premios, sin embargo cuando eres un autor profesional escribes confiado en que al libro le vaya bien. Este reconocimiento es bonito porque soy un enamorado del idioma español, hasta ahí", aseguró en una entrevista.
La Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española trabajan desde 2009 en la construcción del Corpus del siglo XXI que comprende en su primera fase textos en español, entre los que ha incluido la novela publicada por la editorial Jus.
Se trata de una obra con tintes de autoficción en la que el personaje central es un pseudointelectual que filosofa sobre la vida, la muerte, el sexo, las drogas y el rock and roll con París, Barcelona y México como escenarios.
Sentado en la sala de su casa, en la que sobresalen muchos cuadros y hay una colección de cámaras antiguas de fotografía, Peñuelas confiesa que la obra comenzó como una anécdota en el cementerio Père Lechaise de la capital francesa, pero de repente se le fue de las manos y se convirtió en novela.
"Cuando vi que el proyecto era más grande me fui a Europa. Viajé a París y la estadía se extendió a dos años con una maestría en creación literaria en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona".
Peñuelas tardó tiempo para encontrar la voz y el universo de "La orfandad de la muerte", pero cuando lo logró se convirtió en un obsesivo que durmió con su computadora al lado, una libreta de apuntes junto a la almohada y entonces se dejó llevar por el personaje que a veces le dio las reglas.
Un autor de lecturas
El narrador nació en 1970, en el mes de diciembre como el escritor Alejo Carpentier, a quien descubrió cuando tenía 17 años. Por entonces leía a los latinoamericanos encabezados por Gabriel García Márquez, pero un día un amigo de su casa llegó con una música de Roy Brown, le dijo que le recordaba "El siglo de las luces" y ahí despertó la curiosidad del joven por el autor cubano. "De Carpentier aprendí el respeto absoluto por la palabra y la necesidad que tiene el escritor por tratar de ser culto. No intento escribir como él, pero ojalá algún día llegara a la décima parte de lo que él es", dice y se cuida de hablar en presente como se hace con los maestros.