HUATULCO, Oaxaca.- La belleza natural de nueve bahías enmarcadas por las estribaciones de la sierra Madre del Sur no ha sido suficiente para detonar este destino turístico. Huatulco estaba diseñado para ser un Cancún, pero a 30 años de convertirse en el quinto Centro Integralmente Planeado de Fonatur sigue lejos de cumplir su potencial. En 2013 contaba con apenas 3,421 cuartos de hotel contra 35,767 de Cancún, que tiene límites físicos mucho más estrechos.
Huatulco es un ejemplo del daño que han hecho a nuestro país las políticas de restricción de la aviación comercial. Durante décadas Mexicana de Aviación tuvo un virtual monopolio en el destino, por lo que la suspensión de vuelos de la aerolínea en 2010 fue un golpe brutal. La apertura interna ha permitido hoy que otras empresas, como Aeroméxico e Interjet, vuelen a Huatulco, pero sólo hay un vuelo regular internacional, desde Houston (El Financiero, 22.07.14). Del lado positivo, los vuelos fletados, los charters, han venido aumentando.
La firma del Convenio Bilateral de Servicios Aéreos entre México y Estados Unidos este viernes 18 de diciembre, el cual debe ser todavía ratificado por el Senado mexicano, abre nuevas posibilidades para Huatulco. Hasta ahora las reglas restringían las rutas a dos aerolíneas de cada país. Se buscaba así proteger a Aeroméxico y Mexicana, pero se crearon monopolios o duopolios en ciertas rutas y a algunas se les dejó simplemente sin servicio.
Las nuevas reglas permitirán que las aerolíneas puedan volar todas las rutas que quieran. Para destinos turísticos como Huatulco, que sufren por carecer de un número suficiente de vuelos, esto puede ser el inicio de un cambio positivo.
Los sindicatos mexicanos de pilotos y sobrecargos se han opuesto a la apertura porque consideran que representa un peligro para sus empleos. Afirman que las aerolíneas mexicanas tienen muy pocos aviones en comparación con las estadounidenses y que por lo tanto la ampliación del mercado será aprovechada preponderantemente por las estadounidenses. Este tipo de visión no sólo es miope sino que abiertamente daña a la industria turística de nuestro país. La limitación de vuelos entre México y Estados Unidos quizá ha protegido un pequeño número de puestos de trabajo en algunas aerolíneas, pero ha impedido la creación de muchos más empleos en el turismo en México.
Otras limitaciones a la aviación comercial han sido también dañinas para la economía mexicana. El tope de 25 por ciento a la inversión extranjera, por ejemplo, ha hecho más difícil para las aerolíneas mexicanas conseguir capital y ha impedido la realización de alianzas internacionales como las que están haciendo muchas aerolíneas en el mundo. De manera discrecional se ha permitido a Delta comprar 49 por ciento de Aeroméxico, pero no debería haber límites a la inversión extranjera en aerolíneas.
También cuando se firmó el Tratado de Libre Comercio hubo afirmaciones de que México no podría competir con la apertura. Sin embargo, las exportaciones de México a Estados Unidos pasaron de 45,295 millones en 1993, con un déficit de 2.383 millones, a 299,439 millones de dólares en 2013, con un superávit de 112,178 millones de dólares. Algo similar puede ocurrir con una apertura en la aviación comercial. Al haber más vuelos entre los dos países, se incrementará el número de visitantes a México, crecerá la actividad turística y se generarán más oportunidades de negocio para la propia aviación mexicana.
Destinos como Huatulco, Loreto y Puerto Peñasco pueden tener un desarrollo congruente con su potencial si logran una mayor conectividad aérea. Es absurdo así que el gobierno mantenga limitaciones al número de aerolíneas que pueden dar servicio en cada ruta.
CIELOS ABIERTOS
El gobierno mexicano ha descartado una política de cielos abiertos. Sin embargo, permitir la libre competencia de aerolíneas nacionales y extranjeras en México favorecería a los pasajeros con mejores precios y servicios.
Twitter: @SergioSarmiento