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El ataque al 'Príncipe' de la 'jihad' en Libia

MAURICIO MESCHOULAM

El problema con la evaluación de los docentes es que el diagnóstico es previo, y la prescripción está definida de antemano.

Cuando los titulares indican que EU acaba de bombardear Libia, y parece haber liquidado al prominente terrorista Belmokhtar, probablemente las primeras preguntas que surgen tienen que ver con la identidad de esa persona y con qué interés tenía Washington en eliminarlo.

La verdad, responderlo no es demasiado difícil: se trata de un veterano de la jihad, ligado a Al Qaeda, autor de numerosos ataques. El problema es que esas preguntas terminan encerrándonos en los círculos de siempre. Quizás podríamos empezar por cambiar las preguntas. Por ejemplo: ¿Qué estaba haciendo en Libia Belmokhtar, un argelino que normalmente operaba en otras regiones? Gracias al ataque que lo mata, ¿la jihad en Libia ha sido impactada de fondo? O, ¿qué acciones están siendo puestas en marcha de manera paralela al descabezamiento de estas células?

Belmokhtar era uno de los terroristas más buscados en el planeta. Lo conocían como el Príncipe de la jihad. Había recibido entrenamiento en Afganistán, tuvo ligas con Bin Laden, y había sido uno de los principales operadores de la rama magrebí de Al Qaeda, aunque en los últimos años había tomado distancia con esa red. Pero las operaciones de Belmokhtar se habían centrado en Mali, Mauritania, Níger y Argelia. Ahora, en cambio, estaba en Libia. Ese es el tema.

Lamentablemente la caída de Gaddafi en Libia no resultó en el arribo de la democracia, las libertades y la paz. El arsenal del coronel quedó a la deriva. Las milicias se negaron a deponer las armas y la guerra civil estalló. Ese caos ha sido el escenario ideal para la operación de grupos extremistas islámicos, varios afiliados a Al Qaeda, quienes han sacado provecho de la situación. En ese entorno caótico, el grupo ISIS -que opera en Irak y en Siria- también ha establecido lazos con células locales para fundar su filial libia.

Así, parece casi natural que un veterano de la jihad se encontrara ahora mismo trabajando justo en ese país. Hay que considerar que a partir de la irrupción de ISIS a la agenda mediática, Al Qaeda ha quedado prácticamente eclipsada. Desde entonces, la competencia entre esa organización e ISIS se da en todos los ámbitos y esferas imaginables. También en Libia, sitio en donde las milicias afiliadas a ISIS han estado combatiendo contra las milicias afiliadas a Al Qaeda. Belmokhtar podría haber estado reclutando y entrenando jihadistas, probablemente en favor de Al Qaeda, aunque eso deberá confirmarse. Lo que es un hecho es que es la inestabilidad y la guerra civil, lo que favorece su presencia en ese país.

Lo más importante: La muerte de Belmokhtar puede haber golpeado sus círculos más inmediatos, pero no hace nada por la paz en Libia, y difícilmente reducirá las operaciones de la jihad. Es decir, si los descabezamientos no vienen acompañados de acciones que resuelvan los conflictos en su raíz, entonces terminamos retornando a los círculos que han movido al terrorismo en las últimas décadas. El problema no es Belmokhtar, sino los diversos conflictos, como el libio, que facilitan su operatividad y que probablemente verán nuevos Belmokhtars emergiendo en su seno. Eso dice la historia reciente. Urge aprender de ella.

Comentarios: mgil@colmex.mx

Twitter: @ManuelGilAnton

(Profesor del Centro de Estudios Sociológicos de El Colegio de México)

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