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El de Peña, 'un PRI destilado a su esencia'

ARTURO GONZÁLEZ

Ácida, aguda e irreductible en sus juicios, Denise Dresser dialoga en entrevista exclusiva sobre la realidad que la llevó a plantear un decálogo de acciones ciudadanas para cambiar al país, los alcances del mismo y su crítica e irreverente visión de la política y el gobierno de México

Las palabras y juicios de Denise Dresser se leen mucho más fuerte que cuando ella misma los pronuncia. Con una voz suave pero firme la periodista, politóloga y académica explica las razones y posibles efectos de sus "Diez propuestas ciudadanas para cambiar a México". Un decálogo con tonos de evangelio laico para motivar a los ciudadanos a dejar la apatía y ejercer sus derechos.

Y esta labor que la misma Dresser asume -un poco en broma, un poco en serio- como "evangelizadora", la trajo a Torreón esta semana para dictar una conferencia organizada por el Club Rotario Torreón Campestre con la finalidad de apoyar la causa altruista de la asociación Juntos por una mejor sonrisa.

Antes de salir al escenario del Teatro Nazas, Dresser se da un tiempo en el camerino para hablar con El Siglo de Torreón, diario en el que escribe todos los lunes, y dejar caer como losa su crítica al gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, un gobierno que, dice, en vez de mover y salvar, le ha mentido a México. Un gobierno emanado de un PRI "incompetente y corrupto", es decir, "un PRI destilado a su esencia".

→ El primer punto de su "decálogo para cambiar a México" no puede ser más llamativo: ser irreverente. Pero qué difícil ser irreverente en un país en el que la irreverencia cuesta vidas, hablando de periodistas o activistas. ¿Cómo hacerle frente a esto?

A mí no me cuesta trabajo ser irreverente -dice mientras suelta una risa juguetona- pero entiendo el sentido de la pregunta y no quiero minimizar lo que ocurre con el periodismo en México. De hecho creo que es el peor periodo que yo he presenciado este sexenio en términos de la amenaza a las libertades, de periodistas golpeados, asesinados, acorralados, censurados. Pero aquí no estoy apelando a los periodistas, estoy apelando a los ciudadanos y en la medida en la que los ciudadanos sean irreverentes ante el poder y lo cuestionen... el sentido de esa indicación es tratar a la clase política como lo es: son nuestros empleados. Y en ese sentido hay que confrontarlos como tales. Yo siempre digo que si uno como empresario, universitario, ama de casa, jamás permitiría que un empleado suyo no rindiera cuentas, no se presentara a trabajar, robara y luego saltara a un mismo lugar de la empresa en tres o seis años, no sería permitido, ¿por qué permitimos que hagan eso con nuestro país los diputados y senadores? Es un llamado a entender que hay que tratar a nuestros políticos como empleados y ante ellos hay que exigirles a través de todos los medios, incluyendo el humor, el sarcasmo, la ironía y la protección para quien lo haga es el activismo común. En la medida en la que muchos sean irreverentes ante el poder, el poder no podría reaccionar de forma represiva.

Los corruptos en México lo son porque pueden. Porque las leyes están hechas para que puedan.— DENISE DRESSER, Politóloga y periodista

→ Estamos de acuerdo que frente a una clase política acostumbrada a mandar, decirles de pronto que sean empleados no es fácil.

Bueno, porque no tenemos un paradigma democrático, no crecimos como país con esta idea del Contrato Social de Rousseau. Venimos de un sistema muy vertical, autoritario, desde los tlatoanis, los virreyes, desde la presidencia imperial. Y de lo que se trata es de educar a los ciudadanos de este país para que entiendan sus derechos y sepan cómo ejercerlos. Y un derecho es llamar a rendir cuentas a quienes mantenemos, porque esa clase política que no está acostumbrada a que se le cuestione, vive de nuestros impuestos. En la medida que los pagamos, compramos el derecho a exigir.

→ El segundo punto tiene qué ver con un llamado a ejercer uno de estos derechos que es el voto. Pero ¿qué poder puede tener el voto en estos momentos que ha sido tan devaluado, que se le ha puesto un precio?

Fue una de las razones por las cuales yo anulé mi voto y expliqué las razones y convoqué a ciudadanos a que reflexionaran sobre el sentido de su voto. Porque tienes razón: el Instituto Nacional Electoral, el Tribunal Federal Electoral, están deslegitimando el voto en la medida en la que no sancionan irregularidades electorales, no sancionan violaciones a la ley, permiten que los partidos sean impunes y el voto se vuelve algo con lo cual legitimar a una clase política podrida. Entonces yo llamaba a ir a votar, que es ir y tachar la boleta, para manifestar nuestra indignación. Y de hecho hay una propuesta legislativa para que el voto nulo cuente en términos del financiamiento público a los partidos, porque sería una manera de que esa insatisfacción tuviera impacto. Mientras tanto, a impulsar la iniciativa al mínimo de tres de tres (...), que todo servidor público y candidato presentara su declaración patrimonial, de impuestos y de conflicto de interés. En la última elección sólo trescientos y tantos candidatos de 16,000 se dignaron a presentar su tres de tres. Y fue un exhorto moral. Tiene que volverse ley. Si la clase política no empieza a darle valor de nuevo al voto, vamos a seguir en un sistema como el que tenemos en el que sólo cuatro por ciento de la población cree en los partidos y somos la democracia peor evaluada en América Latina.

→ Tiene mucho que ver esto de darle valor al voto con el siguiente punto: la información, el llamado a informarse. Sin embargo tenemos grandes obstáculos para eso en México, los riesgos del ejercicio periodístico por una parte, pero por la otra la concentración de los medios de información en unas cuantas manos, sobre todo la televisión. ¿Cómo romper esto?

Yo no me informo a través de los medios masivos de información -nuevamente ríe- porque veo ahí una realidad pasteurizada, cercenada, muy limitada por los intereses de los dueños. Siempre hago un llamado a quienes me escuchan a apagar la televisión... excepto los miércoles en la noche, cuando salgo yo en ella -bromea y la risa ahora es abierta-. O ustedes, hay espacios de pluralidad.

→ Pero hay quien no tiene otra cosa que la televisión...

Yo lo sé, pero entonces hay que apelar a las redes sociales. Yo me informo en estos tiempos fundamentalmente vía twitter, porque se abre ahí un universo de información alternativa -y cita a medios digitales como Sin Embargo y Animal Político, entre otros-. Eso me provee un panorama del país que no obtendría si viera tan sólo a Joaquín López-Dóriga en las noches. Entonces hay que informarse del país no sólo a través de las redes sociales, también Proceso, Letras Libres, Nexos... hay muchas organizaciones como el Imco, Cidac, México Evalúa, que todo el tiempo están produciendo reportes.

→ Esto nos liga con otro punto que viene más adelante que es buscar en la tecnología un aliado para la información o para generar opinión. Sin embargo vemos que hay amenazas, nubarrones que se acercan. Uno de ellos tiene que ver con el Acuerdo Transpacífico, que está por consolidarse el próximo año, en donde bajo el pretexto de los derechos de autor se podría incurrir en censura. ¿Qué postura asumir frente a esto?

Hay que pelear en todos los frentes para que no cierren los espacios que nos hemos ido ganando en los últimos años. Omar Fayad (senador priista) intentó, por ejemplo, la aprobación de una ley en la cual se podía incluso encarcelar a alguien que criticara a un personaje público y las redes sociales lo hicieron sashimi, tuvo que retirar la iniciativa. Corre en los dos sentidos: los intentos de censura que ha habido y quienes somos activos en el mundo de las redes sociales ya aprendimos cómo movilizarnos. Creo que la batalla no está perdida. Además es un espacio que muy difícilmente se puede controlar.

→ En uno de los puntos del decálogo usted plantea marcaje personal a un diputado. Quizá desde el Centro puede tener lógica, pero en provincia, el primer nivel de autoridad con el que los ciudadanos tienen contacto es el alcalde y los regidores...

Yo decía el diputado pero el decálogo no es exhaustivo y se trataba simplemente de que eligieran a alguien que ocupe un puesto público y que le hicieran marcaje personal. Puede ser el alcalde, un delegado, quien sea que tenga acceso al presupuesto. Quien gaste un peso del presupuesto, debe ser objeto de escrutinio.

→ Pasamos a un tema escabroso, que en los últimos años ha dominado la agenda pública, que es el narcotráfico. Uno de los planteamientos, además de no aceptar esta guerra contra el narcotráfico que ha costado muchísimas vidas, está el de promover la legalización ¿sólo de la marihuana o de todas las drogas?

En el libro (El país de uno) propuse solamente, para iniciar, la marihuana. De hecho el libro lo terminé y se publicó antes de que la Suprema Corte diera ese fallo, que va a ser histórico, de permitir el uso de la marihuana para cuatro personas. Yo creo que ese fallo va a tener consecuencias mucho más amplias y que en poco tiempo vamos a debatir la despenalización de la marihuana, como lo están haciendo ya muchos estados en Estados Unidos. Yo empezaría primero por la marihuana porque tenemos que ver cómo funcionaría la regulación estatal. Somos un país en donde al Estado le ha costado regular en todos los ámbitos, y esto sólo tendría sentido si se regulara como un tema de salud pública y donde se cobraran impuestos por su uso, como lo que está ocurriendo en Estados Unidos, si es que se permite su comercialización más allá del uso para consumo personal. Si se despenalizara el uso para consumo personal, en sí, eso ya traería grandes beneficios en términos de a qué le dedica la Policía su atención; en lugar de perseguir a personas que están fumando marihuana, se irían tras ladrones, secuestradores y violadores. También sería una manera de ir vaciando las cárceles: el 60 por ciento de quienes están ahí están por delitos de posesión de drogas, y 60 por ciento de ellos es por consumo de marihuana, entonces creo que estamos encarcelando equivocadamente y usando recursos equivocadamente.

→ Usted habla en uno de sus puntos de evitar ser "exprimidos" por los "exprimidores" y, más aún, no terminar adulándolos. En este esquema de desigualdades tenemos al hombre más rico del mundo y a 40 millones de personas que viven en la pobreza. ¿Cómo acotar a estos "exprimidores" sin atentar contra la libertad económica?

Yo creo que hay países que han demostrado cómo regular monopolios y lo han hecho de mejor manera que nosotros. Ahí está la contención a Microsoft e Intel en la Comunidad Económica Europea. El problema de México es dual: un gobierno que no le ha puesto límites a Carlos Slim y a muchos otros monopolistas vía regulación; y también consumidores pasivos acostumbrados a ser exprimidos que admiran a Carlos Slim y dicen "yo quisiera que mi hijo fuera como él". El problema es que acabamos endiosando a exprimidores que han hecho su fortuna con base en la extracción y en la obstaculización de la competencia y la innovación en lugar de generar bienes a través de la competencia y la innovación como Apple, por ejemplo. Mientras yo estoy hablando aquí, los ingenieros en Apple están innovando para crear el siguiente teléfono. ¿Cuál es la innovación tecnológica que Teléfonos de México ha hecho desde su privatización hace más de 20 años? Y la admiración a Carlos Slim deviene de un mal lugar, deviene de pensar "es un campeón nacional". Pues sí, como dice mi amigo el senador Javier Corral: "todos deberíamos estar felices de la fortuna de Carlos Slim porque todos hemos contribuido a crearla". Porque no nos hemos dado cuenta cómo nos han exprimido en los últimos 20 años con tarifas de las más elevadas de los países de la OCDE.

→ Los "exprimidores" también se dan en la política: los esquilmadores o los expoliadores. México ha tenido gobernantes corruptos, déspotas e ineptos. ¿El pueblo mexicano es un pueblo preparado para todo?

Hay muchos que creen que este es un problema cultural, que dirán "ah, pues así es México. Somos corruptos y esto lo llevamos en el ADN". Yo no creo que sea así. Los corruptos en México lo son porque pueden. Porque las leyes están hechas para que puedan. Ver al gobierno como un lugar para distribuirse el botín, tan es así que en el tema de la "casa blanca", pues se exoneró a todos los involucrados declarando que no había conflicto de interés. Entonces, si eso no es conflicto de interés, algo está muy mal con nuestras leyes. La corrupción empuja hasta donde encuentra resistencia y el andamiaje legal en México no ha sido creado para oponer resistencia. Y un estado depredador genera ciudadanos depredadores (...). Y en esta elección (la de junio pasado) vimos múltiples ilegalidades, tan es así que (el Verde) fue el partido más sancionado y aún así una juez se rehúsa a expedir una orden de aprehensión (contra Arturo Escobar, exlíder del PVEM) porque hay un pacto político entre el PRI y el Verde y el PRI no ganaría la elección presidencial sin esa marca menos manchada que es el Verde. Entonces, Arturo Escobar tiene protección estatal (...).

→ Por último, tres frases para los tres primeros años de Enrique Peña Nieto.

El PRI prometió que regresaría al poder ofreciendo ser un partido mucho más competente. Lo único que ha demostrado ser es incompetente y corrupto. Ha combinado los peores vicios de su historia. Es un país que arrancó bien, con reformas estructurales, que ahora está paralizado, con mala reputación, con una cobertura internacional cada vez más crítica. Porque en lugar de salvar a México, de mover a México ¿qué ha hecho este gobierno? Le ha mentido a México. Ahí está el caso Ayotzinapa, el caso Tlatlaya, el caso Tanhuato, de la casa blanca. Por eso Enrique Peña Nieto llega a la mitad del sexenio con un el nivel de desaprobación más alto de cualquier presidente en los últimos 20 años. Digamos que el PRI destilado a su esencia, que es eso: llegar al gobierno y apropiarse del botín y nunca he visto que lo hagan con más cinismo y más desparpajo que en este sexenio.

Entrevista. Denise Dresser, politóloga y periodista, platica en exclusiva para El Siglo de Torreón.

Entrevista. Denise Dresser, politóloga y periodista, platica en exclusiva para El Siglo de Torreón.

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