Pasó ya el proceso intermedio electoral de mitad de sexenio. Si bien en cierto en otras entidades federativas ocurrieron comicios de carácter local, donde además en el plano más importante se disputaron nueve gubernaturas, también en estados de gran importancia como el propio Estado de México o el Distrito Federal, eligieron para el primero alcaldes y para el segundo jefes delegacionales. Todo eso hace que si alguien se aventura a hacer un análisis, éste resulta por demás complejo.
En cuanto a las gubernaturas, la gran campanada es para Nuevo León, debido al poderío de ese estado. Jaime Rodríguez, el multicitado "Bronco", le dio una arrasada completa al bipartidismo neoleonés y desde la independencia partidista, alcanza la máxima magistratura estatal. El exalcalde del municipio mediamente rural de García, gobernará un estado donde en el inmenso poderío de su zona metropolitana, convergen principalmente Monterrey, San Pedro Garza García, San Nicolás de los Garza, Santa Catarina y Cadereyta, entre otros, le dan la morfología de un estado especial. Económica e industrialmente poderoso y comparado con la inmensa mayoría, rico.
El contexto nacional por supuesto que por demás está bajo el escrutinio de todos. Los analistas y periodistas del DF que se denominan como nacionales tienen sus ópticas: que si al presidente Peña Nieto poco lo lastimaron los asuntos de Ayotzinapa o de la Casa Blanca de su mujer; que si el electorado distinguió entre presuntos casos de corrupción nacional, como los asuntos donde fue señalado el presidente de México, su familia política o su grupo más cercano, como lo fue el caso de las propiedades del Secretario de Hacienda y Crédito Público, versus donde se puso en juego las gubernaturas de Estados, en donde los votantes sí castigaron.
Ahí están los casos como los escándalos del gobernador priista de Michoacán, Fausto Vallejo, donde existen videos (por decir lo menos) de su propio hijo en relajadas charlas con un delincuente de altos vuelos, como lo es "La Tuta", terminaron por que el PRI le entregara el poder a Silvano Aureoles del PRD, el próximo sexenio michoacano.
Lo mismo ocurrió en Sonora, el controvertido y muy cuestionado gobernador Padrés, ese que hizo una presita en su rancho, sucumbió junto a su partido Acción Nacional ante el PRI.
Por lo que respecta al estado de Guerrero, donde un priista con carnet de perredista Ángel Aguirre, gobernó mientas ocurrían atrocidades como la de Ayotzinapa, y terminaron por que los guerrerenses eligieran ahora a un priista.
El estado de Querétaro es más difícil de explicar. En plena jauja, los queretenses decidieron cambiar de partido gobernante; mudan del PRI al PAN.
Hay pues muchas razones, muchos porqués, pero por qué en La Laguna de Durango y Coahuila la cosa si no es desalentadora, sí lo es sosa. Por el distrito segundo de Durango el triunfo de Rocío Rebollo era cosa por demás cantada. Qué bien por la hoy diputada electa, su historial público y su palmarés político por demás la respaldan.
El problema es la situación de su municipio Gómez Palacio y del vecino Lerdo, componentes fundamentales de la Comarca Lagunera. Hace muchos años que fuera de las colonias Campestre y Las Rosas, con todo respeto, socialmente en Lerdo y en Gómez Palacio pasan pocas cosas.
El notable éxito industrial de algunos, pero son historias aparte. Lejos como ciudades están las duranguenses como tales de Torreón, enfatizando que todos somos laguneros. Pero el gobierno de Durango así los tiene, como ciudades de rancho grande.
En Torreón la cosa es peor. Jodida tienen a la ciudad más poblada lagunera de Coahuila los regímenes de Saltillo. Lo más agravante es que el moreirato endeudó a todo el Estado, pero por su rivalidad con Jorge Zermeño, hoy superado por un candidato como Refugio Sandoval, esta ciudad ha sido castigada la última década .
El quinto distrito será casi siempre para el PRI, su composición así lo determina, pero el resultado regional es desilusionante. Los gobiernos estatales tienen olvidada a La Laguna. Gómez Palacio y Lerdo seguirán como lo que son urbanamente: rancho grande. Y de Torreón ni qué decir.
Sin embargo, el electorado ratificó al partido en el poder, cada pueblo tiene el gobierno que se merece. Éste es el que quiere La Laguna.