Esta semana podrían definirse los términos del Acuerdo Estratégico Transpacífico de la Asociación Económica (TPP), el más grande tratado multirregional de la historia abarcando una población de 800 millones y casi 40% del PNB mundial, a cuya adhesión se ha comprometido nuestro país.
Originado en un convenio firmado en 2005 entre Brunei, Nueva Zelanda, Singapur y Chile, el proyecto ha sido promovido activamente por los Estados Unidos desde 2008, como punto de partida para desarrollar su visión del comercio y relaciones económicas mundiales. Al esquema se han agregado Canadá, México, Japón, Malasia, Perú, Australia y Vietnam. Con ello, los Estados Unidos prevén ofrecer a sus aliados respaldo comercial y un esquema moderno y actualizado que abarque los capítulos de inversión, tecnología, servicios, régimen de licencias y otros más. El Senado norteamericano autorizó un tratamiento legislativo acelerado para aprobar el texto que llegará a negociarse.
El proyecto, programado para firmarse en 2012 y de aprobarse, por fin abarcará 50 % del comercio y el 40 % de la PNB mundial. La dimensión del acuerdo rebasa con mucho la del TLCAN que quedaría subsumido en él. El contenido propone la liberación arancelaria del 90 % del intercambio entre los doce socios, de servicios y diversas condiciones de inversiones.
Salvo por los expertos que componen los cerrados equipos negociadores, los borradores aun no han sido discutidos. No han sido tampoco evaluados por los electorados sus componentes ni mucho menos de sus efectos en las los países participantes.
Aunque México ha participado desde 2008 en que fue invitado por los Estados Unidos, no ha habido difusión de sus cláusulas operativas. Nuestra adhesión responde a la cada vez mayor vinculación de nuestra economía con la de nuestros vecinos al norte y, por ende, de sus intereses por expandir sus mercados en Asia. En el caso nuestro, desde la perspectiva del eventual TPP, 7 % de nuestras importaciones llegan de Asia a la que destinamos 4 % de nuestras exportaciones. Si Estados Unidos y Canadá aumentan sus compras a Asia podríamos sufrir esa reducción en nuestras ventas a esos dos países.
Para nosotros, el TPP es asunto de sólida importancia. Se trata de aceptar compromisos que tocan la fibra de la estructura socioeconómica nacional marcando el rumbo del comercio exterior por todo un futuro imprevisible. Los productos incluyen artículos tan sensitivos en términos de empleo y reglas de origen y calidad como son los agrícolas o los farmacéuticos, textiles automóviles, aceros y aparatos electrónicos.
Hay países asiáticos como Vietnam que ya están desplazándonos en mercados como el norteamericano. En el sector automotor las reglas de origen son objeto de ardua negociación entre Estados Unidos, Japón y México. Otro caso es el del azúcar, es natural la preocupación de los productores mexicanos por la entrada de Australia en el mercado norteamericano lo que inevitablemente afectará la venta de azúcar mexicana en dicho mercado.
Se ha dicho que las empresas norteamericanas podrían incorporar a sus productos una mayor proporción de componentes mexicanos a sus artículos y, aún más, incluir productos terminados mexicanos en sus promociones de exportación a los socios asiáticos del TPP.
La vigencia de protección para las medicinas biológicas de patente es asunto crucial. Las empresas norteamericanas y japonesas presionan para al menos 12 años, en tanto que países como Nueva Zelanda, Australia y México, insisten que sea de 5 años. Para más de 50 productoras mexicanas de farmacéuticos genéricos el asunto es vital. El tema está debatiéndose en Atlanta es estos días.
El TPP plantea otras muchas interrogantes que afectan las política de desarrollo que queramos seguir, como nuestras futuras zonas de exclusividad económica..
Ante el estancamiento de las negociaciones auspiciadas por la OMC, la alternativa de las zonas regionales de libre comercio es lo que está ahora de moda. Al lado del TPP, se está negociando el tratado de asociación entre Estados Unidos y Unión Europea mientras que en África, se dan los primeros pasos para un acuerdo entre 43 países de ese Continente.
El comercio mundial del futuro se anuncia pues, como un espacio cada vez más amplio para los intercambios de productos, inversiones y tecnologías. Habrían de eliminarse las protecciones arancelarias y de otros tipos para un gran universo de productos agropecuarios y manufacturados. En estas circunstancias, el productor individual queda a las resultas de su ingenio, lo cual no será siempre suficiente para enfrentarse con éxito a la competencia sin límites de aquellos que cuentan con más recursos o de favores oficiales.
Nos encontramos en vías de ensayar la fórmula de grandes conformaciones geoeconómicas. No se inspiran en sentimientos de solidaridad con los pobres ya que las políticas de desarrollo se han abandonado. Las agudas discusiones que estamos presenciando en las negociaciones para el TPP no versan sobre como aliviar las carencias de las mayorías desheredadas, sino cómo crear, diseccionar y explotar nuevos mercados en provecho, desde luego, de accionistas ya sean grandes o pequeños o de magnates, de las empresas que así prosperan.
Estados Unidos ve en el TPP la piedra angular para su estrategia geoeconómica internacional. Cualquiera advierte, sin embargo, que se trata de crear un bloque comercial para competir con India y China. En el gran ajedrez, México como incipiente jugador, tiene que pensar muy bien su siguiente movida.
juliofelipefaesler@yahoo.com