El primero, hampón consumado y voraz cocainómano. El segundo, víctima de las circunstancias y de una evidente persecución política. A principios de los años ochenta, Arturo "El Negro" Durazo y Jorge Díaz Serrano fueron a dar a la cárcel.
Al tomar posesión como presidente, Miguel de la Madrid prometió una campaña de "renovación moral" para combatir los excesos de su antecesor, José López Portillo, y luchar contra la corrupción. Dicha campaña quedó en meras buenas intenciones.
Desde entonces, con el cambio en la titularidad del Poder Ejecutivo, todos los mandatarios sin importar su filiación política, prometen un golpe de timón y realizan acciones espectaculares y de alto perfil mediático, para intentar convencer a la opinión pública de que ahora sí, las cosas van en serio en cuanto a combate a la corrupción respecta.
Carlos Salinas de Gortari, por ejemplo, encerró al líder sindical Joaquín Hernández Galicia "La Quina", dícese en aras de legitimar su llegada a Los Pinos.
En el caso de Felipe Calderón, hay quienes dicen -equivocadamente, estimo- que con su guerra contra el narco buscó afianzarse en el poder tras una contienda reñida donde miles daban como vencedor a Andrés Manuel López Obrador.
Gústenos o no las formas y el resultado, hacia 2012 y con un cómodo margen de seis puntos porcentuales, Enrique Peña Nieto se convirtió en Presidente de México. Ello es, con todos sus asegunes y las turbulencias que hoy vivimos, un hecho incuestionable.
En lo que fue el primer gran golpe del sexenio, la maestra Elba Esther Gordillo, exlideresa vitalicia del SNTE, fue detenida en el Aeropuerto de Toluca. Su gran error fue sentirse más poderosa que el sistema y atreverse a desafiarlo.
"Aquí yace una guerrera y como guerrera murió", dijo imaginando su epitafio -e ironías de la vida- meses después dicha frase se convirtió en la que puso fin a su carrera.
Nadie desestima que Gordillo pudo haber incurrido en diversas irregularidades y delitos que para muchos son evidentes -patrimonialmente basta ver su estilo de vida no coincidente con los ingresos declarados- pero también sabemos que se le ha tratado con severidad, quizá en extremo, al tiempo que a otros personajes cercanos al poder se les protege. Poner ejemplos y dar nombres no es necesario pues son evidentes…
También, querido lector, Enrique Peña Nieto prometió luchar contra la corrupción. Las leyes en la materia promulgadas en el Senado y Cámara de Diputados representan un buen avance, pero por sí solas no son suficientes. El buen juez por su casa empieza y desgraciadamente, desde la detención de Gordillo a principios de 2013 a la fecha, las cosas han cambiado y de qué forma.
No sólo el gobierno que estimó prioritario combatir la corrupción ha quedado corto en sus promesas, sino que hoy los señalamientos y la percepción nacional y del extranjero nos estigmatizan como un país corrupto, e inclusive apuntan, al primer círculo del mandatario y a la propia pareja presidencial.
Si el presidente es sensible a lo que opinan sus gobernados -cosa que hoy pongo en duda- necesariamente tendría que tomar acciones de fondo en tal sentido, y no dar golpes en la prensa que para efectos prácticos, sirven de poca cosa.
El meollo del asunto no es defender a Elba Esther Gordillo, sino el hecho de inocular en cada uno de nosotros que hoy, ante la pérdida de credibilidad y los bretes de percepción que enfrenta el Gobierno de la República, la maestra es el menor de nuestros problemas.
En el caso de que Elba Esther Gordillo purge su condena en prisión domiciliaria, como es su deseo, ello honestamente ni me viene ni me va; sin embargo, pienso que sería deseable que así sucediera y se fuera a casa.
Aunque salga libre -ojo- que no necesariamente inocente de los cargos que se le imputan, o terminara sus días en prisión, la merma en la imagen del país no es alusiva a los años frente al sindicato o los excesos cometidos durante su gestión. Mucho del daño y problemas que hoy vivimos, también provienen -y son culpa en parte- de quienes con tal ahínco hacia 2012 y por enésima vez, prometieron otro México y en el camino han fracasado de manera estrepitosa.
El buen juez por su casa empieza. Enrique Peña Nieto bien podría pasar a la historia como el hombre que se atrevió a cambiar sus ciclos e inercias y luchó persiguiendo a los corruptos, no sólo a Elba Esther Gordillo o a quienes son sus enemigos o lo desafían en lo político.
Por desgracia, hoy todo apunta a que Peña Nieto no puede, o no quiere y el combate a la corrupción seguirá siendo, como siempre, otra asignatura para el próximo presidente de México.
Total, que en este país todo se posterga…
Nos leemos en Twitter, sin lugar a dudas: @patoloquasto