Recientemente me tocó ver una entrevista a José Ángel Gurría, secretario general de la OCDE, con motivo de su reciente visita a México. Fue muy enfático y optimista del futuro a mediano plazo de nuestro país, de lo que más recuerdo, fue la mención de que en otros países estaban sorprendidos con nuestro nuevo gobierno, en virtud de la velocidad en tiempo por parte del Congreso para autorizar las reformas estructurales.
Mencionó que a pesar de la contracción en los principales países del mundo, se tiene la ventaja de las buenas noticias de comportamiento de la economía en Estados Unidos, lo cual indudablemente beneficia a los sectores exportadores de nuestra economía aprovechando la ventaja del tipo de cambio con nuestro peso; ignoro por qué no mencionó el problema de las importaciones que tenemos que hacer, el problema de la baja producción petrolera y el precio mundial tan bajo del petróleo; también mencionó positivamente para nosotros el famoso seguro que tenemos para hacer frente a estas eventualidades, que la deuda pública está a muy largo plazo y que aunado a las reservas tan importantes hay fortaleza para salir adelante e incluso que lo conveniente, de acuerdo a las circunstancias, podría ser necesario realizar ajustes a las reformas mencionadas.
Lo anterior también me incentivó a reflexionar en forma optimista por las afirmaciones de este personaje que además fue secretario de Hacienda en nuestro país, como usted recordará y que por tanto conoce nuestra problemática.
Por otra parte, recordé y consulté unos apuntes de la declaración para fines del año anterior de la directora gerente del FMI, Christine Lagarde, en su participación en el foro latinoamericano, donde mencionó "que es urgente que se restablezca la confianza hacia las instituciones y al combate hacia la inseguridad, para que se restablezca la estabilidad y la tranquilidad, porque eso va a restaurar la confianza que a su vez alimentará el crecimiento".
Al mismo tiempo, por mi parte resalto que en diversos foros económicos en nuestro país preocupa a expertos que el PIB no logre despegar y que lo peor es que no se vislumbra un punto que marque el despegue del dinamismo económico sostenido. Complicándose con el precio del petróleo y el clima político y social en algunos estados del país que estamos viviendo.
Yo menciono por mi parte, que la experiencia mexicana y de otros países han mostrado que alcanzar y mantener la estabilidad macroeconómica es una condición necesaria, pero no suficiente, para lograr un crecimiento económico sostenido; es cierto que nos encontramos en una posición mucho menos vulnerable que antes para afrontar choques externos e internos y en parte contribuye a políticas económicas prudentes y en particular la decisión de un régimen de tipo de cambio flexible, con todo y las circunstancias actuales de la depreciación del peso ante el dólar; además en nuestro país no se han canalizado suficientes recursos a la formación de infraestructura básica.
Posiblemente el mayor reto que queda por resolver en México se refiere a la necesidad de establecer la competitividad del país para poder potenciar el crecimiento económico. Por eso, como todos sabemos y comentamos constantemente, urge llevar a la práctica los cambios estructurales que se nos dice ya están en marcha pero cuya implementación no se nota al menos para los simples mortales, como un servidor, y por otra parte, debemos estar preparados para el futuro aumento en las tasas de interés que ya está previendo la Fed y cuyo incremento en su momento perjudica a sectores económicos dependiendo de las condiciones financieras como es en nuestro caso las ramas automotriz y manufactureras.