— Albert Einstein (1879-1955)
En este inicio de 2015, nos encontramos en educación, con uno de los panoramas más complicados del México reciente, toda vez que en los ámbitos económico, político y social nos asaltan dudas e incertidumbres, pocas veces vistos y que sin duda afectan a profesores, directivos, personal de apoyo, padres de familia y alumnos.
En el ámbito económico el panorama es incierto, considerando la baja en los precios del petróleo, que seguramente afectará la economía de los Estados y de los Municipios, la devaluación del dólar que ya rebasa los 15 pesos y que se espera siga cayendo el peso, el aumento en las gasolina y el gas butano, sólo por mencionar algunos factores determinantes en la economía de las familias mexicanas y que seguramente se reflejarán en el desempeño de profesores y alumnos, sin mencionar el desaliento de los padres de familia.
En la parte política, el desaliento proviene del enorme descrédito y del descontento de la ciudadanía hacia la clase política, por la ola de eventos de corrupción e impunidad de los que hemos sido testigos en el país; cabe puntualizar que en este ámbito existe la enorme oportunidad de que nuestros políticos se reivindiquen con acciones y conductas congruentes que les permitan recobrar la credibilidad; estos panoramas seguramente afectan el desarrollo del trabajo en escuelas y universidades.
En el ámbito social, la incertidumbre proviene de la tensa situación que se vive, por los alumnos desaparecidos de la normal rural de Ayotzinapa, que siguen sin aparecer y de los que desconoce cuál fue su paradero; las movilizaciones y las protestas continuarán, en tanto no se defina a ciencia cierta cuál fue el destino de los 43 desaparecidos. Este incierto panorama seguirá afectando a la educación media superior y superior del país, especialmente a la educación normal de México.
Mención aparte merecen las restantes áreas "cotidianas" de la educación: estamos en época de post asueto, es decir en el regreso de un período vacacional, en el que la mayoría de los niveles de educación básica, trabajan normalmente (preescolar, primaria y secundaria) y en el que los profesores tienen que luchar diariamente con la indiferencia y la desmotivación con la que generalmente regresan los niños a la escuela. En todos los demás niveles, nos encontramos o en época de evaluaciones extraordinarias, de recuperación o bien en evaluaciones docentes, o en academias o en cursos de actualización o en etapas de planeación.
Estas actividades deben considerarse como sustantivas, en tanto nos ayudan a iniciar ciclos que se comienzan a preparar; las principales funciones de las que estamos hablando son: la revisión de la evaluación docente, aspecto por demás importante que nos permite valorar las condiciones de desempeño del profesorado en aras de la mejora continua, sin embargo evaluar la calidad de la enseñanza de un profesor no es una tarea fácil, ya que "no existen parámetros universalmente válidos para calificar el servicio y tampoco se dispone de un modelo de profesor ideal con el cual comparar el desempeño de cada uno, bajo condiciones reales de operación" (Flórez Ochoa, R., 1999).
Administrativamente evaluar a los docentes se ha convertido más en una acción técnico-burocrática, que les permite a los directivos mostrar el nivel de aceptación que el profesor tiene con respecto a una serie de elementos de apreciación subjetiva que los alumnos muestran en el transcurso de un ciclo escolar; desgraciadamente, al evaluar a los docentes, sólo se aplican algunos instrumentos a una muestra de alumnos, normalmente seleccionados al azar, pero sin una adecuada ponderación y mucho menos con una interpretación acorde a la naturaleza de los resultados. Se debería evaluar en su sentido más amplio, es decir coevaluar, (evaluándose entre pares de una misma academia), la evaluación que otorga el directivo o administrador escolar, la evaluación externa, etcétera.
Las reuniones de academia al inicio de cada ciclo, con la intención de valorar las condiciones reales de operación, con las que se trabajará el subsecuente ciclo escolar, es decir la aplicación en el aula de los planes y programas de estudio. Dichas reuniones deben dejar de ser sólo un evento técnico que se realiza al principio de cada ciclo, para llenar un acta que firman todos los que en ella participan y que sirve de muy poco para orientar los procesos de enseñanza-aprendizaje que habrán de enfrentarse en experiencias subsecuentes.
La planeación educativa, se convierte en otra de las actividades sustantivas que deberíamos estar desarrollando es estas épocas, lo que nos permitirá enfrentar el trabajo del futuro inmediato; ya no es posible iniciar las próximas experiencias de aprendizaje de manera intuitiva, fortuita o empírica; no podemos seguir enfrentando los ciclos porvenir "al ahí se va".
De todo lo anterior se desprende, lo complejo que es reiniciar la actividad educativa, que al analizarla bajo los nuevos enfoques nos permitirá comprenderla mejor. El planteamiento es: cómo regresar de vacaciones y seguir aprendiendo, cómo seguir formándonos todos.
Agradezco sus comentarios a: rolexmix@hotmail.com