Lector opina

Foro del lector

Días de paz

Señor Pascal: Perdone que en la dirección de este correo no aparece su nombre, sino el de una digna señorita, al parecer secretaria, que seguramente se la hará llegar. Cuestión de protección al cargo que todo puede aprovechar y a nada obliga. Es de comprenderse y respetarse. Magnífico y sorprendente artículo el de hoy . Si efectivamente, el ambiente se está impregnando de Paz y de trabajo; ello ya está permitiendo el optimismo. En usted se da la sensación de que iba caminando erráticamente entre la bruma; de pronto va vislumbrando, poco a poco, lentamente, una cierta claridad que empieza a sorprender y a agradar, pero que aún no permite la alegría de la luz plena.

Así deben sentirse muchos de los “estudiosos” de estos asuntos, pero que persisten en su turbiedad, algunos en su soberbia, y otros con mal intencionadas y sectarias intenciones. ¡ La luz es la luz¡ diría D.Luis Cabrera. Hay algo que se debe saber, increíble; pero habremos millones de ciudadanos, que sin pertenecer a Partido alguno, sin haber sucumbido a ciertas y dudosas tentaciones, tenemos una fe ciega en el futuro del País, a pesar de la torpeza que hubiere o haya habido en sus políticos. Nosotros no hemos sido sorprendidos. Tenemos certeza del futuro , aún cuando miramos con tristeza el talento desperdiciado con tantas divisiones y malhadadas ambiciones.

Lo saludo con cordialidad

Miguel Ángel Prado

Ciudadano de Torreón

***

Tancredo

A principios del siglo pasado , año 1919 , un torero de nombre Tancredo a pesar de sus aptitudes no podía triunfar, era meticuloso con sus lances , ponía bien las banderillas, pero era muy malo para matar, se le iban muchos toros vivos por el tercer aviso, no le conectaba emoción a la audiencia, a pesar de tener todo para hacerla, no pudo, finalmente se dio cuenta que tenía de sobra el aguante, en una tarde después de un pase se quedó quieto, el toro, a centímetros no hizo por él, se quedó quieto como una estatua, el público enloqueció en aplausos. Para la siguiente tarde esperó al toro en el centro del ruedo, sin moverse, el toro acometió, y un metro antes se detuvo, Tancredo sin ningún movimiento se quedó tieso, la plaza enloquecida aplaudía la valentía del torero, en ese momento nació la suerte del Tancredo. Su fama corrió la legua, Tancredo comenzó a llenar las plazas de toros, cobraba más que sus alternantes, con sólo pararse en el centro del ruedo, se decía que detenía al toro con sólo mirándolo. Comenzó a cubrirse de harina, parecía un fantasma que los toros bravos no se atrevían a tocar, los toros bravos a pesar de que los subalternos los incitaran a embestir se frenaban a centímetros de Tancredo, que no se movía ni un milímetro, sólo sus ojos que seguían al burel. Como es normal en la naturaleza humana comenzaron a salir imitadores, pero no tan buenos como Tancredo, ante el amago del toro se movían, y el toro los embestía. Y el público de naturaleza morboso los empezó a preferir, y se acabó la fiesta para Tancredo, su excelencia para el aguante fue su perdición. Nuestros gobernantes están igual que Tancredo, ven venir el toro, se quedan quietos, mientras no los embistan todo está bien, pero igual que a Tancredo se les va a acabar la fiesta.

Roberto Barranco Aguilar

Ciudadano de Torreón

Leer más de Lector opina

Escrito en:

Comentar esta noticia -

Noticias relacionadas

Siglo Plus

+ Más leídas de Lector opina

LECTURAS ANTERIORES

Fotografías más vistas

Videos más vistos semana

Clasificados

ID: 1177605

elsiglo.mx