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Misericordia

Es cierto que los trabajos no son herencias; sin embargo, razonablemente los empleados, obreros y trabajadores honestos y cumplidos con sus tareas, no tendrían por qué temer que en algún momento puedan quedar sin empleo, al menos que estén bajo la tutela de un jefe gandalla que pueda eventualmente ser una amenaza para su estabilidad laboral en su empresa.

Si sientes que tu situación es ésta, no te confíes. En cualquier ambiente laboral existen –para nuestra mala fortuna- jefes sin escrúpulos que lucran con nuestro esfuerzo cotidiano y sin el menor remordimiento tarde que temprano harán hasta lo imposible para eliminarte y más si representas una verdadera amenaza para él y para sus intereses malsanos. Estos personajes pululan y conviven con nosotros como sanguijuelas mientras que nuestros resultados sirvan para lucirlos como propios.

Fácilmente puedes identificarlos, son tipos arrogantes, déspotas de trato altivo y humillante, “hay categorías” con frecuencia nos dicen, como si ellos fueran de otra estirpe y es porque al carecer de nivel, se sientes como patrones y a veces más y por sus complejos se creen dueños de vidas y conciencias.

No es fácil liberarte, si tienes un jefe de esta calaña, porque te querrá junto a él si tu trabajo es importante y mientras le permitas adornarse sin decir palabra. Pero jamás intentes nada que él no esté de acuerdo o que no te haya autorizado porque te demostrará su maldad en todo su esplendor.

Si por mala fortuna tienes un jefe así, te podrás dar cuenta que por obra del diablo, son tipos que gozan de toda la confianza de los patrones, pues nada se puede hacer sin el consentimiento de ellos.

Son tipejos que no tienen moral ni buenos sentimientos, son seres de forma y no de fondo, porque

solo viven en la apariencia para proteger sus intereses personales y aún a costa de los intereses de sus patrones.

Eventualmente podemos combatirlos, con mucha inteligencia, pero con el gran riesgo de perder nuestro empleo si nuestra estrategia falla, porque debemos considerar que ellos manejan a su antojo el criterio de los patrones, quienes regularmente ceden a caprichos, chismes y argumentos malvados para lograr un propósito.

Lo bueno es que no todos los jefes son perversos, también hay jefes justos que saben valorar nuestros méritos y hay también patrones inteligentes que no se dejan engañar por cualquier argumento banal de un Jefe acomplejado y mal intencionado.

Celebro a todos los patrones que con buenos sentimientos son misericordiosos con sus trabajadores y que en estas fechas tan especiales, saben compartir con bondad lo que Dios les ha dado.

Celebro a todos los patrones que saben distinguir con inteligencia las intenciones de sus colaboradores y se rodean de gente verdaderamente valiosa y son justos con quien lo merece.

Felices Fiestas Navideñas a todos.

Juan Antonio Aguilar Tello,

Torreón, Coahuila.

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