Y entonces ocurre que el solo conocimiento no es suficiente, que para el Homo Sapien es más importante los chismes; he aquí el porqué hoy en día el capital relacional se ha tornado un bien muy apreciado por los grandes corporativos; no importa cuál sea el cúmulo de conocimiento que almacenes. Es más preciso saber quién odia a quien, quién se acuesta con quien, de quién hay que cuidarse… así los chismes son el verdadero motor del conocimiento; quizá ésta sea la razón de por qué programas tan deleznables como el de la "señorita" Laura y demás hierbas igual o más bizarras tengan tanto éxito; el chisme está consagrado en la razón de nuestra supervivencia.
A pesar de estar en el umbral de la Sociedad del Conocimiento, a pesar de que como nunca antes en la historia de la humanidad hemos acumulado conocimientos sobre cuasi todo y no sólo en cantidad, sino en calidad, las bases de ello son completas y comprobables para afirmar aquello que sabemos. A pesar de todo ello, siempre está en un primer plano el arte del chismorreo, en ella se sustenta nuestros afanes sociales, validez de acciones y omisiones, e incluso, del conocimiento mismo.
El chismorreo es tan importante que es la fuente más influyente en el pensamiento colectivo de cualquier grupo social, ya sea familia, empresa, trabajo, escuela, negocio… necesitamos de él para funcionar como sociedad. La razón y sentido de esto está en nuestra historia más remota como especie; hacia unos 70 mil años, tiempo en que se dio la primera y quizá más importante revolución en nuestro andar por el mundo, la Revolución Cognitiva, la cual sentaría las bases de nuestra forma de pensar y comunicarnos.
Cuando hablamos de seres humanos, tenemos la ilusión de ser los únicos seres vivos que merecen este apelativo, más ocurre que no hemos sido ni los únicos, ni los primeros y muy probablemente no seamos los últimos; antes de nosotros estuvieron otros, entre ellos el homo erectus, que es el humano más exitoso en cuanto al tiempo que vivió en el planeta; unos dos millones de años, y sólo se extinguió, muy probablemente, tras la llegada del sapiens, quien se encargó de ello.
La Revolución Cognitiva fue el punto de inicio a leyendas, mitos, dioses y leyendas; arquetipos que definen a hombres y mujeres, que en esa nueva forma de pensar y comunicar surgida en ese momento y sobre todo el nacimiento de la ficción, la posibilidad de ver aquello que no existe lo que nos dio el estatus que hoy tenemos; esta habilidad no sólo es individual, es también colectiva, y ello hizo posible el surgimiento de los mitos fundacionales; ésos que hicieron posible el trabajo colectivo… y en el fondo, el chismorreo que lo hace posible, pues a través de él podemos colaborar con un número incontable de personas.
Así, chismes primero y los mitos después han permitido que el sapiens se desarrolle y en esta base asiente sus reales. Desde esta Revolución Cognitiva que ocurre en sus inicios hace 70 mil años y en la cual el homo sapiens ha aprendido a vivir en una realidad dual, una en la que la naturaleza, montañas, ríos, árboles, etc., construyen la realidad objetiva y por otro lado una realidad imaginada, en la cual dioses, creencias, estados, organizaciones y corporaciones tienen cabida, a fin de cuentas, la cultura. Conforme el tiempo pasa, esta realidad imaginada, esta cultura, se torna más importante y relevante, tanto que la realidad objetiva, la naturaleza, depende para su permanencia y supervivencia de las ficciones que hombres y mujeres han creado a lo largo de su historia y siempre a partir de esa primera revolución.
Yuval Noah Harari, profesor de Historia en la Universidad Hebrea de Jerusalén, en su libro De animales a dioses (2015), plantea que: "Desde la revolución cognitiva, no ha habido un único modo de vida natural para los sapiens. Existen sólo opciones culturales, con una asombrosa paleta de posibilidades". Llevando finalmente al homo sapiens a extender su círculo de posibilidades más allá que cualquier otro animal.
La evolución cultural ha sido demasiado acelerada, rebasando con mucho a la evolución genética, la cual se ha quedado a la saga y no ha realizado los cambios pertinentes en el tiempo, tal como lo demanda el desarrollo cultural, haciendo que aún hoy, en nuestro Siglo XXI, a decenas de miles de años de ocurrida la primera de las grandes revoluciones del ser humano sigamos en el inconsciente, siendo presos de los hábitos de los cazadores - recolectores y sólo por citar un ejemplo, nos atiborremos de comida con un elevado contenido calórico como en aquellos ayeres era necesario para la supervivencia y que hoy sólo contribuyen a esta pandemia en que se ha convertido la obesidad en el mundo… y sí, contribuyendo a los chismes y cotilleos que son el motor del desarrollo humano.
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