El nivel de la Copa Oro no ha crecido ni siquiera ahora que los partidos son, como señalan los expertos, a "matar o morir". Encuentros jugados a un ritmo de lentitud desesperante, ataques repetitivos y carentes de ideas, demasiadas faltas, arbitraje incompetente y fallas inimaginables frente al arco de jugadores que, supuestamente, son los grandes referentes de esta área en el balompié mundial.
En este contexto se llega a las semifinales, dos partidos a jugarse el próximo miércoles en Atlanta, Georgia. Los Estados Unidos masacraron a la débil Cuba, que por la gracia de Dios y de las bondades del torneo se colaron a cuartos de final con un juego ganado, un gol anotado y ocho recibidos, ¡alabado sea el Señor!
Jamaica derrotó a un dignísimo y sorprendente cuadro de Haití y se verán las caras ante los hijos del tío Sam en un juego en el que los gabachos parecen saltar a la cancha como amplios favoritos.
En la otra llave, las únicas emociones que regalaron trinitarios y panameños fueron las de los penales. Ahí, se empeñaron en demostrar quién los tiraba peor y Trinidad y Tobago se fue del torneo. Ahora Panamá buscará repetir la hazaña de la copa anterior cuando se convirtió en el verdugo del cuadro azteca.
México repitió una dubitativa actuación frente a Costa Rica y fue mediante una controversial jugada en el área tica cuando el juego en el alargue agonizaba que, por la vía del penal, consiguió la victoria y por ende, el pase a la siguiente fase.
Considero que el defensor costarricense empuja a Oribe Peralta quien había ganado la posición. Hay expertos arbitrales y un amplio sector de la afición que opinan que no existió falta. Normal en jugadas de apreciación y sobre todo cuando se ha gestado todo un movimiento en las redes sociales con el hashtag #fueraelpiojo que, está por demás decirlo, exige la salida del entrenador de la selección.
Lo cierto es que a Miguel Herrera se le acabó la magia con el público, en parte por los malos resultados y en mucho por culpa de él. Quizá no se preparó para esa crítica ácida, contundente, desproporciona y muchas veces injusta a la que es sometido el técnico nacional.
Sus actitudes, respuestas a la prensa y en general la postura asumida en nada contribuyen a aliviar la tensión que se vive en estos momentos. Sólo ganar la Copa Oro ayudaría a mejorar el ambiente en torno al adiestrador del tricolor.
En ese contexto, cabe decir que cuando la jugada dudosa le favorece, se olvida del arbitraje pero no ha habido derrota en la que no cuestione el accionar de los hombre de negro. Sería importante analizarlo.
Por ello, me encantó la actitud de Paulo Wanchope, técnico de Costa Rica cuando dijo: "No soy del tipo de persona de bajar la cabeza, buscar excusas y culpar a alguien". Ahí queda.
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