Ha quedado definida la gran final del campeonato mexicano en su edición apertura 2015. A ella llegan dos instituciones sólidas, importantes y que comparten representar a una casa de estudios. Los Tigres dan la cara por la Autónoma de Nuevo León mientras que los Pumas portan el estandarte de la máxima casa de estudios.
El camino por el que han accedido a esta instancia es diametralmente opuesto. Mientras que los felinos del norte lo han hecho con solvencia, apretando el acelerador en el momento necesario, los capitalinos sufrieron de más en cuartos ante Veracruz y ni qué decir de los juegos ante América, donde la indisciplina del cuadro de Coapa le enmendó la plana al técnico Guillermo Vázquez y a un equipo cortito en ideas y actitud.
Universidad fue al estadio Azteca por el empate y se encontró con tres goles que si bien no fueron fruto de la casualidad, tampoco obedecieron a un plan establecido y mucho menos a que se fueron en pos del arco rival. Lo triste fue que en el partido de vuelta le entregaron totalmente la iniciativa a las Águilas y no estamos hablando de una tragedia deportiva por la falta de tino de sus delanteros y la indisciplina que han arrastrado durante toda la temporada.
Con nueve elementos, el América obligó a los seguidores auriazules a sacar el rosario y encomendarse a todos los santos para que viniera el silbatazo final. Una obra de arte del suspenso a cargo de Memo Vázquez que pudo causar el deceso, vía un infarto, de más de uno.
De flojera la cantidad de connatos de bronca, piques personales, fingimiento de faltas y todo lo necesario para demostrar que el futbol mexicano, desde el punto de vista reglamentario, es una tragicomedia.
En ese sentido, lamentable el comportamiento del "pikolín" Alejandro Palacios. No lo expulsaron por obra y gracia del todopoderoso porque mire usted que dio motivos. Se fue encima de Oribe Peralta en una falta de rutina, increpó de mala manera al silbante, incluso exigiéndole que le sacara la "otra", aludiendo a la cartulina roja y luego, rodo como marioneta cuando ni siquiera lo tocaron. Escenas que denotan falta de categoría, deportivismo, educación y que rayan en la barbajanería, la peladez y la falta de cabeza.
En la otra semifinal, José Saturnino Cardozo se mostró igual de ratonero que su colega puma. Buscando conservar el cero que se trajeron del norte, se olvidaron de atacar, pasando por alto el hecho de que a Tigres le bastaba un gol para liquidarlos.
Ya mero se gradúa el paraguayo en semifinales de donde jamás ha conseguido pasar.
Ahora, nos frotaremos las manos para ver quién tiene los tamaños para ceñirse la corona. Alumno contra maestro. Vázquez contra Ferreti. Ojalá que el súper líder demuestre por qué lo fue y los pupilos del "tuca" se dejen de coderías y desplieguen todo su potencial. Sólo así nos divertirán.
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