La salud tras un trasplante
Según el Centro Nacional de Trasplantes (Cenatra) más de 19 mil personas están a la espera de un trasplante de riñón, córnea, hígado, corazón, páncreas y pulmón. Los datos fueron revelados en el marco de la conmemoración del Día Internacional del Trasplante que se celebra el 27 de febrero.
En la región Laguna, los programas de trasplante que se llevan a cabo tanto en hospitales públicos como en privados, son el renal, de córnea y de médula ósea; la Unidad Médica de Alta Especialidad (UMAE) número 71 del IMSS gestionará abrir nuevamente el trasplante hepático.
Los trasplantes se pueden hacer de diferentes órganos sólidos y de tejidos. Los primeros son órganos vascularizados como el corazón, pulmón, riñón, hígado y páncreas, mientras que en los de tejidos entran la piel, córnea y válvulas cardiacas.
De los órganos sólidos, el trasplante renal es el más común debido a que se puede aceptar la donación de una persona viva y es un órgano par, además el resto de los órganos requieren de infraestructura especializada y un adiestramiento especial de diferentes disciplinas, son más costoso y sus cuidados más estrictos. Mientras que de los tejidos, el de córneas es el que más se practica.
“Un trasplante es la sustitución de un órgano cuando éste se ha perdido por parte del paciente que se encuentra en una etapa terminal de una enfermedad que lo llevó a perder un órgano. La sustitución de un órgano o un tejido se requiere cuando el paciente lo ha perdido”, explica Alejandro Gómez Alvarado, encargado del programa de Trasplantes en el Hospital Universitario, el Sanatorio Español y el ISSSTE.
Para que un paciente sea candidato a un trasplante tiene que realizarse un protocolo de estudio que consiste en hacer una serie de evaluaciones desde todos sus aparatos y sistemas para establecer si el paciente es candidato a trasplantarse o no. Esto depende de que la mayoría de sus otros órganos y sistemas estén funcionando adecuadamente.
La razón es que cuando se realiza el trasplante, al paciente se le administran medicamentos para evitar el rechazo de ese nuevo órgano que el organismo lo reconoce como extraño y trata de rechazarlo. Para evitar el rechazo, se utilizan medicamentos especiales que se llaman inmunosupresores, los cuales suprimen el sistema inmunológico del paciente, es decir disminuyen las defensas.
Esto vuelve a los trasplantados susceptibles a infecciones y otros problemas de salud que pueden desencadenar el rechazo del órgano. En el protocolo de estudio se le hace una evaluación cardiovascular, del sistema gastrointestinal, oftalomológico, dental, y psicológico.
En lo que respecta al donador, en el caso del trasplante renal, puede ser familiar directo o lejano, amigo o quien quiera donarlo, también se somete al protocolo para evaluar que esté cien por ciento sano, que los dos riñones estén trabajando adecuadamente. El trasplante renal, también puede provenir de un donador cadavérico, pero eso lo abordaremos más adelante.
Al donador vivo se le hacen además pruebas de compatibilidad para evitar un rechazo acelerado o hiperagudo, como se le llama, en el momento de la cirugía. “Son pruebas de laboratorio para determinar que no haya anticuerpos en el donador que vayan a atacar la células del receptor, se le llama prueba cruzada, aquí uno de los requisitos es que sean del mismo tipo de sangre donador y receptor en trasplante renal”, dice Gómez Alvarado. Cuando el paciente y su donador son sometidos al protocolo de estudio y es aprobado por el Comité de Trasplantes del hospital, entonces todo está listo para el procedimiento.
Según el especialista, más del 80 por ciento de los riñones que se trasplantan empiezan a funcionar inmediatamente, “estamos hablando que la mejoría del paciente se ve desde el día siguiente que es trasplantado porque va a estar orinando, va a estar eliminando las toxinas y clínicamente el paciente se va a sentir mejor”, explica.
Tras la operación
Mientras esté en el hospital, su estado de salud será monitoreado constantemente a través de diversos exámenes de laboratorio. Si todo va bien, el receptor del órgano sale del hospital a los siete días de operado. Sin embargo, tiene que guardar cuidados estrictos de aislamiento en su domicilio durante varias semanas, mientras el cuerpo se adapta a la inmunosupresión que tiene.
Los primeros meses de un trasplante son los más críticos en cuanto a la aparición de infecciones de rechazo o complicaciones que puedan tener a consecuencia de la cirugía. Normalmente el paciente está en vigilancia estricta durante los primeros seis meses de trasplantado. El primer mes tiene que ir a su consulta cada semana, luego cada quince días, después del tercer mes cada mes, luego de transcurridos los seis meses con éxito, al paciente se le permite seguir realizando actividades a las que estaba acostumbrado antes de la enfermedad, por ejemplo, de trabajo, ejercicio y algunos hábitos como la vida sexual, etcétera; pueden comenzar a hacer ejercicio, pero sólo los de tipo aeróbicos, es decir: caminar, practicar bicicleta estacionaria o nadar, ya que no se recomiendan actividades físicas donde se requiera de grandes esfuerzos.
Debido a que el paciente está inmunosuprimido, es susceptible a presentar infecciones en cualquier sitio del organismo, por eso, antes de la cirugía y después, uno de los aspectos más cuidados es la salud bucal. “Dentro del protocolo de estudio está la evaluación dental, si el dentista descubre que hay caries o algún problema, tiene que resolverla antes del trasplante. porque una caries que pueda generar un absceso con la inmunosupresión se puede agravar y ser muy delicada, por eso el paciente debe ir libre de algún riesgo de infección al trasplantar”, explica el doctor. Los cuidados posteriores son normales, lavarse los dientes y usar enjuague bucal después de cada alimento.
Algunos inmunosupresores pueden causar problemas en la encía, y si esto sucede se le puede cambiar la dosis o el medicamento.
Cuidados
Después de un trasplante renal y de cualquier tipo, es necesario cuidar sus hábitos alimenticios a través de una dieta bien equilibrada. En el caso del Programa de Trasplante Renal, las instituciones de salud que los manejan generalmente les dan asesoría nutricional, debido a que uno de los inmunosupresores es a base de cortisona y este medicamento tiende a aumentar el peso del paciente, ya que provoca más apetito y retiene líquidos.
Cabe mencionar que la mayoría de los pacientes tiene otras enfermedades agregadas como es la diabetes, que en México es la principal causa de insuficiencia renal, así como la hipertensión. Por eso, al momento en que se corrige la insuficiencia renal, el trasplantado sigue siendo diabético, por lo que tiene que seguir su tratamiento para su enfermedad y para el trasplante.
“Un paciente trasplantado tiene que estar tomando entre 20 y 30 pastillas al día, entre inmunosupresores, hipertensivos, medicamentos para su diabetes, antibióticos y demás”, apunta el encargado del programa. El apego estricto prolonga la función del órgano, por lo que es fundamental. Si un paciente no se toma sus medicamentos inmunosupresores un solo día, puede bastar para que haya una crisis de rechazo. Además del apego al tratamiento y el control dietético, es necesario contar con estrictos hábitos higiénicos en los que se debe incluir el hecho de que en su habitación o casa no haya alfombras, animales, ni plantas y que utilice sus cubrebocas en los primeros seis meses del trasplante para evitar infecciones. Gómez Alvarado explica que la calidad de vida cambia desde el momento en el que se lleva a cabo la operación, pues con una enfermedad terminal, son personas deprimidas y en el momento del trasplante el paciente vuelve a ser alegre, platicador, convive mejor, su estado mejora al cien por ciento.
Según las estadísticas mundiales, el promedio de duración de un trasplante, si es de donador vivo, la sobrevida a 5 años es del 85 porciento; a 10 años en un 80 por ciento; a 20 años en 60 o 70 por ciento. Esto dependerá de la compatibilidad genética, el apego al tratamiento y el estilo de vida.
De los pacientes que padecen insuficiencia renal y no reciben trasplantes, la mitad fallece en menos de 5 años. El cirujano trasplantólogo estima que en Torreón se hacen alrededor de 100 trasplantes de manera anual.
Hablemos de los donadores
Para el trasplante renal existen dos tipos de donadores: el donador vivo y el donador cadavérico. El primero puede estar relacionado consanguíneamente (padres, hermanos, tíos, primos) o afectivamente relacionados (conyugue, el adoptado, adoptante).
Hasta el 2004 no se permitía de donador vivo a alguna persona que no fuera consanguínea o afectivamente relacionado, pero se implementó una nueva ley en la que puede ser cualquier individuo siempre y cuando exista una carta notariada por el mismo de que está actuando de manera altruista.
Leydi Peniche, encargada del programa de donación en el Hospital Universitario, explica que en el caso de los donadores vivos tiene que ser un órgano par, porque el donador puede tener una vida funcional, pero sólo se hace en riñón, así como un segmento del hígado, ya que se regenera el tejido hepático, así como los donadores de médula ósea. En este último, los donadores pueden ser menores de 18 años, a diferencia del hígado y del riñón, que tienen que ser mayores de edad, ya que la médula ósea se regenera con facilidad en las y los niños.
Los donadores cadavéricos pueden donar: hueso, piel, ambos riñones, corazón, hígado y córneas. Ante la presencia de un donador cadavérico, una de las situaciones médicas que tiene que prevalecer es que se encuentre con muerte encefálica y con corazón latiendo. Cuando seda esta situación, se declara la muerte del ser humano desde el punto de vista médico inscritos en la Ley General de Salud en los artículos 343, 344 y 345. Una vez que los centros vitales, como es el tallo encefálico, se encuentra muerto, el corazón continúa latiendo y va a llegar un momento en el que se agota el músculo cardíaco y hay paro cardíaco, explicó Peniche.
“Por la química de que no existen reflejos se determina, sin embargo la Ley te sigue pidiendo examen confirmatorio como es un encefalograma, encefalografía cerebral, entre otros, cuando se detecta este potencial donador y se deben convertir en donador real”, agrega. Cuando hay casos de muerte violenta, acude el Ministerio Público, una vez que se da el diagnóstico, los encargados del programa de Donación de Órganos, acude con la familia para hablar de esta posibilidad. “Es el punto más complicado, más difícil, es el de enfrentar una familia con duelo inmediato ante una muerte súbita, y nos dicen que están agotando la última esperanza, hay quien sí creen en la muerte encefálica y acepta y hay quien no”, explica la encargada.
Cuando se da el sí, si es situación legal tiene que acudir el Ministerio Público para ver lo que sucede, sin embargo, en Coahuila se determinó que se dispensa la autopsia en casos de muerte encefálica por causa violenta, cuando hay donación de órganos. Luego se da visto al Centro Nacional de Trasplante y es el Cenatra quien se encarga de decir, de acuerdo a la lista nacional de espera, quién tendrá una nueva oportunidad de vivir.