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METÁFORA CIUDADANA

FEDERALISMO CENTRALISTA

LUIS ALBERTO VÁZQUEZ ALVAREZ

Las 13 colonias que serían la base y el fundamento de la Unión Americana se formaron entre 1607 y 1732 durante la dominación inglesa. Existían entre ellas claras diferencias; su origen étnico partía de varios países europeos; ello entramaba una cultura, una religión y hasta modos de vida radicalmente diferentes; una marcada autonomía administrativa que la metrópoli, Londres, no sólo permitía, sino que, con interés colonialista, alentaba. Poco después de concluida la Guerra de Independencia se dicta la Constitución de 1787; la cual permite la subsistencia de las antiguas colonias, ahora convertidas en estados, pero justificando jurídicamente su autonomía, sobreponiendo a ellos un gobierno central (Federal), pero con facultades muy limitadas y perfectamente definidas.

A cada estado se le otorgaba un gobierno local con la misma división de poderes que la federación y se conservaba el territorio que desde el siglo XVII habían conquistado; al mismo tiempo, se establece la división de poderes que ya circulaba en el mundo, pero, dada la división política en estados libres y soberanos, se establece un congreso conformado por dos cámara: El senado reflejando la importancia de los Estados y la Cámara de Representantes, integrada por personas electas por X número de habitantes de cada estado. Así se manifestaba el respeto por la autonomía de las entidades federativas y por los derechos de los residentes.

En Norteamérica los estados crearon la federación, su intención era mantenerse unidos para evitar en el futuro invasiones y conquistas de otros países, pero, al mismo tiempo, conservar la autonomía esencial de cada estado (antigua colonia) y mantener la competencia jurídica que aún preservan.

En México, tras la caída del imperio iturbidista, las logias masónicas, las que dominaron el Congreso Constituyente de 1824, alentadas por Joel R. Poinsset, embajador plenipotenciario gringo, anticipándose casi doscientos años al actual gobierno, decidieron entregar el país física y jurídicamente a los Estados Unidos de América y por ello copiaron íntegra la constitución americana, cambiando exclusivamente el nombre de "Estados Unidos de América" por Estados Unidos Mexicanos"

En nuestro país, la constitución creó los estados y no definió sus límites territoriales; ello contribuyó de manera directa al desmembramiento de México. El fallido sistema federal ofreció la excusa que los expansionistas norteamericanos buscaban para robar más de la mitad del territorio nacional con la complacencia de sus aliados mexicanos, los yorkinos liberales; además, las facultades asignadas a la federación fueron siempre muy amplias y hasta confusas, pero no había problema, los ejecutivos estatales eran y siguen siendo: Sumisos y rastreros al presidente de la república y tiranillos en su satrapía. Esto llevó a uno de los más geniales mexicanos del siglo XIX Servando Teresa de Mier a lanzar una maldición en pleno congreso: "Será federalista en el papel, pero centralista en la práctica; todo se decidirá desde la capital".

Hoy padecemos esa situación en muchos ámbitos y niveles de la vida nacional; los presidentes de la república, evidentes déspotas, transmiten su estilo a gobernadores y éstos a su vez a los presidentes municipales; Coahuila es un buen ejemplo de esa miseria gubernativa; los erariovoros hacen del tesoro público su botín, saqueándolo de manera artera ante la complacencia de los autoridades locales que incluso, dicen ignorar que los dineros transferidos a otro país provengan de las arcas estatales y hasta justifican acciones delictivas de presupuestivoros coahuilenses y de otros estados; es entonces cuando las autoridades federales tienen que intervenir y auditar dichos latrocinios; todo ello genera una imagen negativa del sistema federal y genera casos difíciles de resolver en la pérdida de autonomía de las entidades federativas que se dan con las corruptelas continuas en que viven los gobiernos estatales y, por ello, deben intervenir los poderes federales, justificación que no debiera existir si con lealtad y honestidad se manejaran los asuntos públicos.

Más ejemplos los encontramos rápidamente: La reforma electoral que reciente, transforma al instituto electoral, antes "federal" ahora en "nacional", ¿Pero qué significa ese cambio de nombre?; no es sólo el nombre, es el contenido, el fundamento y la esencia. La democracia ha sido terriblemente pisoteada en estados como Coahuila, donde su Instituto Estatal Electoral ha sido una vergüenza en el manejo de los asuntos plebiscitarios y más aún en la falacia de "Participación Ciudadana", siendo que en la realidad no se ha dado acceso al ciudadano de participación más allá de elecciones amañadas. En artículos anteriores ya hemos mencionado que ha tenido que ser el Tribunal Electoral de la Federación quien ha tenido que imponer legalidad ante los trinquetes de este ente defraudador del voto popular. Ante esas anomalías se tienen que crear los Organismos Públicos Locales Electorales (OPLES), regulados por la ley federal y designados sus consejeros por el Consejo General del INE; lo que significa que los estados no tienen autoridad moral para realizar por ellos mismos sus elecciones. Por cierto, recibió la comunidad del estado con simpatía y beneplácito la solicitud de muchos ciudadanos dirigida al Consejo General de INE, de que por ningún motivo se vaya a permitir que los actuales consejeros del IEPCC sean considerados en la formación del OPLE de Coahuila. Habrá que insistir y exigir que esta propuesta se respete por el bien de la democracia coahuilense; de nosotros depende que ahora si puedan haber elecciones limpias en nuestro estado.

El caso de la policía es un ejemplo más que edificante de la centralización que vive hoy este país que a momentos se nos desbarata en las manos. El sistema de tres niveles de gobierno, presenta como cimiento y sostén al municipio, la forma de autoridad pública más cercana al ciudadano; esta misma semana Peña Nieto insistió en la reforma a la constitución federal para desaparecer a las policías municipales y generar cuerpos policiacos estatales con dependencia a un mando único federal. Más en contra de la autonomía local y centralismo despótico hacía la concentración de poderes en un solo jefe supremo, en breve posible dictador.

Es indispensable defender la soberanía popular que debe reflejarse en las personas, pero también en las instituciones administrativas estatales y municipales; la democracia participativa exige que la infraestructura política y social se mantenga ajena a los controles tiránicos y se entregue a una ciudadanía madura que ya debemos formar por el bien de nuestras comunidades.

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