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METÁFORA CIUDADANA

DE CHILPANCINGO 1813 A SAN LÁZARO 2015

LUIS ALBERTO VÁZQUEZ ÁLVAREZ

El 13 de septiembre de 1813, José María Morelos y Pavón, abrió el Congreso de Anáhuac en la ciudad de Chilpancingo; primer congreso constituyente de esta nación. En él se declara la Independencia de la América Septentrional y durante el mismo, Morelos, presenta su preciosa obra libertaria "Sentimientos de la Nación" misma que trata de los Derechos Humanos y de la Libertad; eliminó toda distinción de clases o castas y ordenó el reparto de las propiedades que excedieran de dos leguas, lo que más tarde llamaríamos "latifundios". A este congreso acudieron 10 insurgentes electos como representantes de las provincias mexicanas que estaban bajo el dominio del Siervo de la Nación; todos estos diputados eran empeñosos insurgentes que lograron su nombramiento gracias a su labor en beneficio del pueblo pobre y de la libertad de la Nueva España.

Lo más trascendente de este congreso fue la declaratoria de que la soberanía nacional dimana del pueblo y se instituye sólo para el beneficio de todos; dividía al gobierno en tres poderes y exigía al Congreso trazar leyes para moderar la opulencia y la pobreza y lograr así una mayor igualdad social y la desaparición de las alcabalas, estancos y el tributo de los indígenas. Diputados que destacan fueron: Andrés Quintana Roo; Juan Álvarez; Ignacio López Rayón; Hermenegildo Galeana y el propio Morelos. Si bien es cierto que esa legislación no tuvo vigencia, queda para la historia como una esperanza de justicia y libertad.

Después de que Iturbide consumó física y definitivamente la Independencia de México y vivió su fallido imperio, el 4 de octubre de 1824 un congreso constituyente promulgó una Constitución, la primera de México. Ésta establecía la república y tras una casi perfecta copia a la constitución norteamericana, a nuestra patria se le bautiza como Estados Unidos Mexicanos y se declaraba como una república federal. Nombrados los diputados bajo un sistema nada popular en el que sólo participaban los poderosos de cada región o provincia, el congreso inició sesiones bajo dos grupos perfectamente definidos: Los centralistas liderados por Servando Teresa de Mier, quien proclamaba que no debería dividirse el territorio nacional en estados, que eso era una falacia y debilitaría al país; que México jamás sería federalista, ya que los gobernadores serían siempre sátrapas del presidente y, los federalistas, encabezados por Miguel Ramos Arizpe que copiaban íntegro el sistema político de los Estados Unidos de América y con ello se preparaba la entrega del territorio del país a esa nación. Esta carta magna no estableció derechos a los ciudadanos, mismos que quedaron restringidos gracias a los fueros a militares y clérigos como hoy a políticos. Los legisladores todos eran antiguos insurgentes, forjados en la lucha independentista, entre otros también destacan Lorenzo de Zavala; Valentín Gómez Farías, y Carlos María Bustamante. Lo trascendente fue la retórica e inteligencia de los argumentos de esos destacados mexicanos.

El 5 de febrero de 1857 se dictó una nueva constitución por un congreso constituyente integrado por liberales ya más formados y preparados que idearon un código supremo acorde a las características del mundo moderno. Esta constitución sí reconoció las garantías individuales a los mexicanos, en especial el derecho a la libertad en casi todas sus expresiones; eliminó toda forma de castigo por tormento incluyendo la pena de muerte y prohibió la prisión por deudas civiles, en el campo de la igualdad eliminó todo valor a los títulos nobiliarios, al derecho de primogenitura y prohibió los monopolios. Si bien es cierto que los constituyentes en su mayoría se destacaban por su capacidad mental, eran hombres honestos y preparados, en su designación no se había considerado el pueblo en general, sólo unos cuantos habían tomado la decisión de designarlos. De esta norma suprema surgieron más tarde las llamadas Leyes de Reforma. Destacan entre estos legisladores por su trabajo a favor de la nación y por su sapiencia: Ponciano Arriaga; José Santos Degollado; Juan Antonio de la Fuente; Valentín Gómez Farías; León Guzmán; Melchor Ocampo; Guillermo Prieto; Ignacio Ramírez; Ignacio Vallarta y Francisco Zarco; pléyade de patriotas que vivieron con austeridad, interiorizaron el mensaje juarista de una vida en "la justa medianía que les permitía su sueldo de funcionarios", lejos de toda corrupción.

Durante el porfiriato los movimientos legislativos buscaron el beneficio del jerarca en el poder, como la desaparición de la no reelección, entre otros. Cuando llegó su fin y Huerta asumió el poder, surgieron voces de legisladores valientes y comprometidos como Belisario Domínguez, quien llama en plena sesión del senado "carnicero" y "asesino" a Huerta; Serapio Rendón, diputado que reclamó abiertamente por el asesinato de Francisco I. Madero.

En plena Revolución, Carranza organizó un congreso para dar una nueva constitución a México, en Querétaro se reunieron los designados por el primer jefe, quien creía que todos iban a aceptar su propuesta de constitución carrancista, por ello es difícil encontrar destacados legisladores en esa constituyente. El 5 de febrero de 1917 surgió una norma suprema basada en ideales revolucionarios, y podemos rescatar a personas como Luis Manuel Rojas; Esteban Baca Calderón; Paulino Machorro; Francisco J. Mujica; Heriberto Jara y Cándido Aguilar, entre otros honestos revolucionarios de armas e ideas.

Nos preguntamos ante esas figuras insignes, ¿En qué momento se inició la patanería en los congresos mexicanos?

¿Por qué recordamos a esos legisladores?; ¿Será porque en la actualidad no tenemos hombres y mujeres con conciencia, con carácter, con capacidad cívica para sacar adelante al país?

¿Vamos a continuar sólo quejándonos en las redes sociales en lugar de organizarnos en asociaciones cívicas y exigir que se castigue a los delincuentes? porque lo peor no es la corrupción, lo más terrible y temible es la impunidad.

Hoy, hay que salir a votar, es impostergable e indispensable que todos acudamos a las urnas, ejerzamos nuestros derechos, pero lo más importante será mañana, sin importar quién sea el ganador; debemos exigirle a los diputados, tanto de mayoría relativa como al suertudo plurinominal, que se ponga a trabajar, no que cumpla con lo prometido, porque muchos ofrecieron acciones irrealizables, sino que busque el beneficio social y debemos perseguirlo, atosigarlo, cercarlo y demostrarle que nosotros, los ciudadanos que pagamos sus dietas, somos sus patrones y queremos resultados y pronto.

Señores candidatos a diputados: ¿Cómo desean que no sean recordados?

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