Llueve una lluvia fina que casi no parece lluvia, sino neblina más neblina. Pero es muy mojadora esta invisible lluvia. El que no sea de aquí saldrá de la casa y en un instante quedará empapado de los pies a la cabeza, como si hubiera caído en el estanque.
No hay memoria de estas lluvias en marzo. En mayo sí, con acompañamiento de truenos y relámpagos. Los viejos del rancho menean la cabeza y dicen que el mundo de hoy ya no es mundo.
Veo por la ventana esta lluvia que es casi niebla, esta niebla que es casi lluvia, y se me humedece el corazón. Si los días siguen así se me pintará de verde, lo mismo que las piedras que crían musgo de tanto ver pasar las aguas del arroyo.
Llueve que llueve y llueve en el Potrero de Ábrego.
Tampoco yo me acuerdo de estas lluvias. Quién sabe si la lluvia se acordará de mí.
¡Hasta mañana!...