La noticia fue dolorosa, por inesperada.
En forma súbita se le acabó la vida a Carlos Chavarría Múzquiz, amigo mío y de muchos.
Hombre apuesto y bien plantado, cantaba bellamente, como podría hacerlo el mejor profesional. En noches de bohemia yo le decía que debió haberse dedicado al espectáculo. Seguramente habría triunfado; habría tenido fama y dinero. Él me contestaba siempre que eso no era lo suyo: A él le gustaba la vida de familia; su vocación era el servicio público.
Fue, en efecto, buen hijo y buen hermano; ejemplar esposo y padre; funcionario honesto que se entregó con empeño a su labor en todos los cargos que le fueron encomendados.
Lo vamos a extrañar. Nos harán falta su amistad y su canción. A muchos les hizo bien y a nadie nunca le hizo mal. Cuando sus amigos nos reunamos él estará con nosotros. Su ausencia se volverá presencia. Bienvenido a nuestro recuerdo, Carlos, y
¡Hasta mañana!...