El viajero llega a Brujas y mira el fantasma de un fantasma: La tristeza.
Esa rara melancolía flota en los canales del antiguo puerto y pasa por sus callejas solitarias, las que están lejos del bullicio que traen consigo los turistas. El viajero la siente, y él mismo se hace espectro que camina sin rumbo ni destino por las neblinas del atardecer.
¿En dónde pasará la noche? No lo sabe. Pero es joven, y la juventud no teme. Buscará acomodo en algún hostal barato, o dormirá -lo ha hecho muchas veces- en la estación del tren.
Llega a un puente y ve a los lentos cisnes en silenciosa procesión. ¿Son cisnes de verdad o son también fantasmas de cisnes? En esta ciudad de brumas todo se vuelve fantasmal.
El viajero piensa que así pasa la vida también: Como un fantasma.
Y otra vez se pregunta dónde pasará la noche.
¡Hasta mañana!...