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Morir bien usado

Contexto Lagunero

JUAN MANUEL GONZÁLEZ

Enrique Canales murió el 19 de Junio de 2007, el viernes pasado sus amigos conmemoramos el 8º aniversario de su partida. La causa de su deceso fue cáncer en el hígado, enfermedad que lo aquejó los últimos meses. En su última apariencia en público, al recibir la presea Cristal que el Museo del Vidrio le otorgó como un homenaje a su labor, inesperadamente habló de la enfermedad que padecía y de cómo lidiaba con ella. Entre otras cosas Enrique dijo: "Es más fácil aceptar la muerte siendo congruente. Si uno le dice a Dios 'hágase Tu voluntad', pero luego le dices 'no me quiero morir', no hay congruencia ", dijo en tono valiente ante el silencio de la audiencia.

Enrique era ingeniero mecánico egresado del Tec de Monterrey y con una profunda relación con la Universidad de Nuevo León, una parte de su biblioteca personal la donó a la Facultad de Ingeniería Mecánica y Eléctrica de la UANL. Doctorado por la Universidad de Houston en Procesos de Innovación Tecnológica, fue director general de Basividrio en Río de Janeiro, director de Vitro Tec (Centro de Investigación del Grupo Vitro) y después se estableció como consultor de empresas en administración de tecnología.

Escribía las columnas Mexicar y Administración de Tecnología en los diarios El Norte de Monterrey, Reforma de la ciudad de México, Mural de Guadalajara y Palabra de Saltillo. Pintor y escultor, expuso su obra en MARCO, Palacio de Bellas Artes, Museo Rufino Tamayo y del Vidrio, entre otros. Es autor de los libros Ritmos de Máquinas, Ritmos del Corazón, El Cultivo de tu Fregonería, Filosofía de la Acción, Friégate Bonito para Subir de Puesto, y Friégate Bonito para Conseguir Empleo.

Hace 10 años, Enrique visitó la Comarca Lagunera invitado por Canacintra Torreón, expuso magistralmente sus conceptos de El Cultivo de tu Fregonería ante 350 empresarios que lo ovacionaron al terminar su exposición

A partir de su diagnóstico, con una expectativa de vida de 7 meses, con el tratamiento tuvo 14 larguísimos meses sometiéndose a pruebas y exámenes médicos. Permaneció siempre con sus ojos y su corazón abiertos para lo que viniera, también permaneció curioso, aprendiendo y caminando confiado el camino que le tocó vivir mientras veía que su vida se le iba frente a él.

Quiso aprender de la situación de su partida, decía que la enfermedad y la muerte son parte de la vida y que si la vida era ya hermosa, de seguro el regalo que abriríamos después de dejarla, estaría mucho mejor. La vida de Enrique y su enfermedad fueron una continua ofrenda. Trabajó hasta el final con entusiasmo y con buen humor, siempre agradecido por haber nacido.

Tres meses después de su partida, su esposa Alicia y su hija del mismo nombre, encontraron en la computadora de Enrique sus últimas reflexiones que escribió durante su tratamiento. A pesar de su enfermedad, su actitud positiva y realista no decayó aun sabiendo que moriría pronto del cáncer terminal del hígado.

Éstas últimas reflexiones están contenidas en lo que se considera su obra póstuma: El libro AforismosTumorísticos, como el mismo lo llamó. Las frases están tal cual las dejó, naturales, sin orden y sin correcciones y plasmadas con sus obras artísticas llenas de color y de entusiasmo como fue su vida. No se despide, no da instrucciones.

Aquí, algunos de sus aforismos:

"Mi tumor es obsesivo, obedece sólo eso de creced y multiplicaos".

"Si todos tus seres queridos eventualmente también se van a ir, entonces al irte tú, no estás abandonando a nadie".

"Duele, pero el dinero puede comprar tiempo de vida".

"Un buen puchero de res encoje la desgracia, y si de postre hay un flan natural, la desgracia se esconde".

"Me han dicho que tome las cosas con calma. Me imagino que lo que me quieren decir es que me muera sin gritos desesperados porque son muy molestos y no me conviene morirme cansado de hacer gestos".

"Siempre listo para vivir y siempre listo para morir".

"Con la enfermedad, pesas menos en la báscula, pero pesas más en tus pies"

"Sabiendo que te estás muriendo quisieras explicar a los demás que ellos en ti también se están muriendo, por lo que no tienen por qué preocuparse por mí".

"¿Cuánto pagarías por vivir un día normal con tus papás o con tus abuelos?"

"Francamente, nunca le había hecho caso a mi hígado. ¡Maravilla, ha estado sirviendo durante 70 años sin chistar!"

"Alicia mi esposa, combina el espíritu de Adelita y el de la Madre Teresa; no sé cómo me aguanta".

"Pensar en el más allá desde el más acá es una necedad; mejor confía sin pensar".

Enrique Canales fue un hombre valiente en la vida, en la enfermedad y en la muerte. Se fue como él siempre quiso: Bien usado.

jmgzzc@gmail.com

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