— Principio jurídico
Araceli Ortega Manzano tiene 36 años de edad, pero a veces siente que su vida ha terminado. Hay tragedias que es muy difícil si no imposible superar.
Araceli vive en la Unidad Habitacional Ejército Oriente de Iztapalapa en la Ciudad de México. Trabaja como recepcionista en un sitio de taxis en esa misma unidad. Hace unos días me buscó para contarme su historia, pero yo no estaba en mi oficina. Le dijeron que me mandara un mail, pero ella dijo que no sabía qué era eso ni cómo funcionaba. La historia se la contó así a una compañera mía de trabajo.
El 25 de septiembre de este 2015, a las 21:30 horas, Araceli estaba trabajando en el sitio de taxis. Su hijo, Milton Alexander Domínguez Ortega, de 10 años, llegó a visitarla. Cenó unos tacos con ella, pero no quiso quedarse hasta que su madre terminara el turno. Le dijo que se iría a su apartamento a esperarla y se fue en su bicicleta.
A los 15 o 20 minutos llegó una amiga para avisar que Milton había sido atropellado. Araceli se apresuró a ir al lugar en que se encontraba el niño, quien se quejaba de que le dolía el estómago y tenía mucha sed. Una camioneta le había pasado encima. El chofer, Manuel Fernando Espinosa Soto, trató de huir, pero los vecinos se lo impidieron y fue detenido. La camioneta, Toyota con placas LA 18182, ha estado en el corralón desde ese día.
La ambulancia tardó más de una hora en llegar. El niño fue trasladado a la Cruz Roja de Polanco porque no se le podía atender en la que quedaba más cerca. Cuando se iba la ambulancia le dijeron a Araceli que la dueña de la camioneta quería hablar con ella, pero Araceli prefirió acompañar a su hijo. Milton murió al día siguiente, el 26 de septiembre, "desangrado y con los pulmones trozados". Araceli habla de su hijo entre llanto y llanto. Milton era un niño bueno, dice. Iba bien en la escuela, lavaba coches y vendía "ropa de paca" para ayudarla.
El día 27, domingo, un amigo le aviso que "había una audiencia" a las 19:30 horas en el MP. Llegaron tarde y no los dejaron entrar. Sólo supieron que se había pagado fianza y que el chofer había salido en libertad. Araceli, en cambio, tuvo que pedir prestado para cubrir los gastos del funeral y enterrar a su hijo. A la pena enorme de la muerte del pequeño se añaden problemas económicos.
Cuenta Araceli que en los juzgados la traen vuelta y vuelta y que los oficios le llegan hasta un mes tarde. Nunca sabe lo que está ocurriendo en el campo legal. No tiene, por supuesto, dinero para un abogado que le dé seguimiento al caso.
Bertha Pantoja, mi compañera de trabajo, le pregunta por qué quiere hablar conmigo, por qué desea que se sepa lo sucedido. Ella contesta que quiere justicia. Quiere que el chofer sufra por lo menos un poquito; y que la dueña, en vez de estar tratando de recuperar la camioneta, la ayude con los gastos funerarios. Pero repite una y otra vez entre sollozos que nadie le va a regresar a su hijo.
Araceli llega a la oficina con todo el expediente del caso. No tiene dinero para fotocopiarlo. Me deja sólo copia de los últimos oficios para que yo los vea.
Hasta este momento no conozco a Araceli. Hoy por la mañana, quizá cuando usted lea este artículo, la estaré entrevistando para mi programa de radio. Pero la historia me rompe el corazón y me recuerda que un gobierno que gasta en todo para comprar votos, olvida con frecuencia que su objetivo fundamental es otorgar protección a los ciudadanos y, cuando ésta falla, justicia cierta, expedita y sin costo a quien no puede pagarla. Pero estos objetivos fundamentales han sido olvidados ya por nuestros gobiernos.
CARAMBOLA
Los afectados por la carambola del 24 de diciembre en el Circuito Exterior Mexiquense dicen que no han recibido apoyo económico de Conmex, la concesionaria filial de OHL. Tanto el dueño del tráiler que en exceso de velocidad provocó el accidente como el seguro de la autopista deberían cubrir los gastos médicos y funerarios de los afectados.
@SergioSarmiento
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