La inconformidad se manifestará en un número adicional de electores que no irá a las urnas, en el boicot que impulsarán la CNTE y la CETEG y en las campañas por el voto nulo.
Los mexicanos hemos aprendido a desconfiar de las encuestas electorales. En la elección de 2012 prácticamente todas erraron sus pronósticos -porque digan lo que digan eso se intenta, pronosticar- y en algunos casos el margen de equivocación fue muy grande.
Por eso en torno a los sondeos el cloruro de sodio sí es saludable, y conviene consumirlos con un grano de sal. Puesto que hay sesgos propagandísticos en los trabajos de los encuestadores malos y porque puede haber fallas en los de los buenos (a veces la gente oculta sus verdaderas preferencias, o las cambia bruscamente, y al hacerlo vuelve irreal u obsoleta la fotografía demoscópica), hay que corroborar que estén bien hechos y leerlos con una pequeña dosis de escepticismo. Eso no quiere decir, desde luego, que podamos prescindir de las encuestas. Son la única herramienta con la que contamos para ejercitar nuestra obsesión de adelantarnos a los acontecimientos, y tenemos que recurrir a ellas sistemáticamente.
Hoy se recrea la danza de los porcentajes. De cara a los comicios federales, las mediciones coinciden en un rango razonable de tendencias: el PRI sigue en primer lugar aunque va ligera y lentamente a la baja en la intención de voto, el PAN va al alza y está ya casi en empate técnico con el PRI, mientras Morena se acerca cada vez más al PRD. Esta es la nota: los panistas parecen haber superado las acusaciones de "moches" y los videos de francachelas (comparados con los más recientes escándalos de sus adversarios son poca cosa, y quizá un sector liberal de la opinión pública incluso podría considerar lo de las parrandas como un aliviane que les haría verlos como personas menos conservadoras) y amenaza la hegemonía priista en la Cámara de Diputados, y la izquierda partida en dos parece pasar a un plano intermedio.
Pero aquí es donde entra el grano de sal. No sabemos hasta dónde van a influir la movilización de las estructuras priistas y la compra del voto en la jornada electoral, ni podemos vaticinar el efecto del golpeteo mediático por venir. Aunque el ascenso del PAN y el descenso del PRD son incuestionables -el primero es producto de una buena estrategia de comunicación social y el segundo de la escisión provocada por la decisión de López Obrador de crear otro partido-, ni uno ni otro pueden extrapolarse. Si proyectáramos las tendencias linealmente concluiríamos que el PAN va a tener la primera minoría en la Cámara y que Morena va rebasar al PRD, y sin embargo ambas cosas suenan improbables. Al panismo va a pesarle pelear contra el aparato del poder y al proyecto de AMLO, como señalé en este mismo espacio, le beneficiará la ambigüedad de su discurso antisistema y su juego dentro del sistema (a la Syriza y Podemos, como insinué entonces) pero le perjudicará su condición de primerizo porque le dificultará ganar distritos. En todo caso, creo que habrá muchos diputados panistas y más perredistas de lo que algunos creen, y que la LXIII Legislatura puede dar una sorpresa a los priistas.
El tema en el que quizá todos acertarán es en el de los niveles de votación. Sin duda habrá un alto abstencionismo, pues se trata de elecciones intermedias. Además, la inconformidad de amplios sectores de la población con la partidocracia se manifestará de tres maneras: en un número adicional de electores que no irá a las urnas, en el boicot a los comicios que impulsarán la CNTE y la CETEG en sus zonas de influencia y en las campañas por el voto nulo, encabezadas por líderes muy respetados de la sociedad civil. Yo discrepo de esas posturas porque sé que sólo ayudarán al PRI y porque para mí sí hay diferencias entre los partidos, pero me temo que el porcentaje de sufragios efectivos será bajo. Hay un umbral simbólico, arbitrario como casi todos los números redondos: cuarenta por ciento. Ojalá que la votación no se desplome más allá de esa línea, porque nadie ganaría con la deserción democrática.
@abasave
Candidato externo a diputado federal por el PRD