Los familiares se niegan a creer que los 43 estudiantes fueron asesinados e incinerados en un basurero de Cocula por el cártel de Guerreros Unidos. (El Universal)
Han pasado cuatro meses y las ganas de vivir se han perdido para algunos padres de los 43 estudiantes desaparecidos en el sur de México, quienes hoy ofrecen su vida a cambio de la aparición de sus hijos.
"No sé si no encuentro a mi hijo qué va a ser de mí, yo prefiero dar la vida por mi hijo, pero que me lo entreguen porque ya no soporto este dolor, no me da hambre ni ganas de salir", dijo entre lágrimas Metodia Carrillo.
Carrillo es madre del estudiante Luis Ángel Abarca, de quien carga una enorme fotografía en su pecho para exigir su regreso a casa durante una marcha por el emblemático Paseo de la Reforma de la capital mexicana, con motivo de los cuatro meses de su desaparición forzada.
Esta mujer dice estar cansada de la angustia que la acompaña desde la noche del 26 de septiembre, cuando policías corruptos atacaron a tiros en Iguala a los estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, provocando la muerte de seis personas y la desaparición de 43 jóvenes.
"Tenemos el coraje y dolor de cuatro meses que no vemos y sabemos de nuestros hijos, si los golpean, si les dan de comer, no sabemos nada", dijo mientras caminaba rumbo al Zócalo, donde esta tarde se congregarán miles de personas para reclamar la aparición de los alumnos.
Al igual que los demás padres, Carrillo guarda la esperanza de poder hallar con vida a su hijo y exige justicia al Gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, al que responsabilizan de la desaparición.
"Nosotros somos campesinos, no tenemos dinero, si yo hubiera tenido dinero", lo habría metido a una escuela privada y no estaría desaparecido, expresó desconsolada la madre, quien lideró junto con otra docena de padres la manifestación que partió desde el Auditorio Nacional.
En el grupo de familiares que circularon por esta ruta también estuvo Clemente Rodríguez Moreno, padre de Cristian Alfonso Rodríguez, quien tatuó su tragedia en su brazo derecho, donde lleva una tortuga con el número 43.
"Yo me dedicaba a vender agua de garrafón en las calles, pero mi trabajo está abandonado, lo he dejado desde el 27 de septiembre y mi esposa también, si hubiéramos sabido que iba a pasar esto no lo hubiéramos metido a estudiar ahí", se lamentó.
Rodríguez dijo a Efe que entrarán a "todos los cuarteles que sean necesarios" para buscar a sus hijos, pues creen que los estudiantes pueden estar allí.
"El secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio, está diciendo que para que podamos entrar a los cuarteles, le avisemos media hora antes y eso es lo que nosotros no queremos, queremos caer de sorpresa", explicó.
Ambos padres exigen el esclarecimiento del caso y responsabilidad para los autores materiales e intelectuales, entre ellos el ex alcalde de Iguala José Luis Abarca, quien presuntamente ordenó el ataque, y su esposa María de los Ángeles Pineda, ambos ya detenidos.
"Queremos que nos los entreguen porque no son delincuentes, no son mañosos, son estudiantes y mi hijo le echó muchas ganas a la escuela porque él quería ser un maestro, pero ya ves el Gobierno cómo los reprime, los mata", apuntó Carrillo.
Los familiares se niegan a creer que los 43 estudiantes fueron asesinados e incinerados en un basurero de Cocula por el cártel de Guerreros Unidos, según el testimonio de tres de sus integrantes detenidos en noviembre pasado.
A partir de los restos calcinados presuntamente hallados por la fiscalía en Cocula, un laboratorio de Austria sólo ha logrado identificar hasta ahora a Alexander Mora, uno de los 43 alumnos desaparecidos, aunque realizará nuevas pruebas con una técnica más prometedora.
"Alexander Mora no está muerto, el Gobierno tiene tanta maña que te puede quitar un dedo, un diente, una muestra de sangre y la hace fácil para hacer parecer que estás muerto y más aquí en México que se vive tanta corrupción", señaló Fernando Hernández, otro familiar.