Con el Tigres campeón, el papelón del América en Japón y el triste Draft del miércoles pasado, damos por concluido el semestre futbolero, ahora a disfrutar las fiestas mientras los equipos se preparan para entrar en acción ni más ni menos que en tres semanas. El 2015 nos dejó dos campeones norteños, dos equipos que alcanzaron la meta pero con muy distintas formas de trabajar. Santos fue campeón con un plantel muy joven dirigidos por un técnico que sabía perfectamente cómo hacerlos rendir, en cambio Tigres gana el título con el mejor plantel del futbol mexicano, plagado de estrellas y con el delantero centro de la selección francesa. Las dos formas son válidas y creo que enriquece nuestro análisis que se haya conseguido el mismo fin trabajando de dos formas radicalmente distintas.
El torneo en el que Santos se coronó eliminó a los Tigres en cuartos de final, en el torneo que recién terminó y ganó el cuadro felino, los Guerreros terminaron en lugar 15 pero con una temporada muy extraña, de visita fueron de los mejores y de locales los peores. Tigres ya anuncia fichajes estelares para ir por el bicampeonato y Santos vuelve a fichar a su estilo, haciendo canjes y apostando por alguien como Ulises Dávila quien a sus 24 años viene de desvincularse del Chelsea y con un recorrido europeo bastante interesante, aún así no deja de ser una apuesta, el aficionado santista quiere bombas tipo Gignac y es normal, todos los aficionados del mundo las prefieren, hay que entender que Santos ya no trae bombas sino que las trata de fabricar para después venderlas, aún así no creo que el plantel lagunero sea limitado, con todo y que el nueve matón tan necesario de momento no ha llegado y se antoja difícil que llegue.
Tigres va por el liderato y por el bicampeonato, Santos va por un lugar en la liguilla y ya dentro tratar de conseguir el título en este Clausura, eso a nivel competencia, sin embargo no hay que olvidar que también se tiene un compromiso ineludible, reconciliarse con su afición la cual no los ve ganar en casa en Liga MX desde aquella final de ida contra Querétaro. Los cambios tardan tiempo en entenderse y ése es el proceso que la fanaticada lagunera está viviendo, se acabaron los bombazos pero no por eso se van a terminar las alegrías, sólo los resultados constantes avalarán esta forma de trabajar que hoy tiene pocos adeptos y muchos incrédulos. Dejémoslo al tiempo.
DESCUENTO: Esta columna regresa el 8 de enero. Felices fiestas para todos.
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