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PíÉNSALE, PIÉNSALE

Más allá del capitalismo

ARTURO MACÍAS PEDROZA

El sistema neo-liberal capitalista divide a las personas convirtiéndolas en enemigos y competidores; Orientada exclusivamente por el lucro ha creado necesidades que no son auténticamente humanas.

La finalidad fundamental no es, como nos lo han hecho creer, el mero incremento de productos, ni el beneficio mayor, ni el poder. El sistema actual está llevando al mundo a una crisis mundial con consecuencias catastróficas, y sin embargo, prefiere suicidarse que cambiar. Infiltrado en lo íntimo de las conciencias, tiene convencido al mundo entero y sigue promoviendo su mentira por todos los medios a su disposición. Los que alcanzan a percibir su falacia son marginados por vivir otros valores que no son los que enarbola el sistema y les hace creer que no hay alternativa.

Es necesario un nuevo modelo que verdaderamente esté al servicio del hombre, del hombre integral, teniendo en cuenta sus necesidades materiales y sus aspiraciones intelectuales, morales, espirituales y religiosas. La contaminación del planeta y la distribución cada vez más injusta de las riquezas acaparándose sólo en poquísimos son algunas de las consecuencias de este sistema. Se trata de encontrar un tipo de orden económico que en la empresa, en las asociaciones y en las uniones económicas favorezcan los indispensables objetivos de cooperación, de responsabilidad personal y compartida, de justicia social, de libertad, de fidelidad y de paz. Si tales deben ser los criterios podemos afirmar que el capitalismo ha fracasado por completo. A quienes tienden a idealizar el liberalismo olvidan fácilmente que, en su raíz misma, es una afirmación errónea de la autonomía del individuo en su actividad, sus motivaciones y el ejercicio de su libertad.

El nuevo modelo incluiría medidas sociales para modificar los mecanismos del mercado, garantizar la competencia leal y colocar la economía al servicio de las necesidades básicas sociales, culturales y políticas para así crear la paz social y el bienestar de todos. Los objetivos sociales deben ser determinados fuera del ámbito del mercado mismo. Un sistema de mercado no podrá ser llamado "libre" o "social" cuando crea desigualdades de propiedad y de poder económico como las que se están viviendo actualmente. Además este orden económico necesita integrarse a un orden económico a nivel internacional, donde la justicia social tenga la prioridad máxima.

¿Un ideal? No. De hecho ya existía en nuestros pueblos indígenas y aún subsiste en las comunidades tradicionales, el sistema alternativo que es la solución a esta problemática, no sólo nacional, sino también internacional. Las culturas milenarias de América han tenido una relación totalmente armónica con la tierra, que han sido capaces de preservarla. Con la competencia al tratar de ganar al otro, ante la errónea idea de los escasos de medios, se ha roto esta armonía provocando la concentración de recursos bajo el pretexto de la satisfacción de necesidades: Pero ni los recursos son escasos ni las necesidades infinitas. Es la concentración de recursos lo que provoca la escasez y no a la inversa. La naturaleza es pródiga y provee para casi todas las necesidades, hasta en los medios más hostiles. Por eso las sociedades campesinas dejaban superficies sin sembrar, y sin necesidad de utilizar todos los recursos disponibles, obtenían todo lo necesario. Pero si alguien se dedica a acaparar, entonces no hay recurso que alcance.

Las unidades domésticas campesinas en México tenían una producción diversificada, dedicando una buena parte al consumo y otra al trueque y la reciprocidad; todos ayudaban a construir la casa de un nuevo matrimonio o en la cosecha de alguien quedando comprometido su trabajo para cuando otro necesitara. Esta lógica se sustituyó por la lógica económica del dinero quedando limitado a satisfacer sus necesidades sólo el que lo tenga. La pobreza es un invento posterior. Pobre no es el que menos tiene, sino el que más necesita, y las necesidades de estas unidades eran ya satisfechas con recursos locales (alimentos, vivienda, salud, esparcimiento y creación). Con el tiempo estas prácticas fueron consideradas como atrasadas, ilógicas, ancestrales, tradicionales. En nombre del desarrollo se dedicaron a erradicarlas por medio de políticas públicas que introdujeron las modernas relaciones mercantiles, donde toda necesidad se satisface mediante el dinero.

Pero olvidaron decir que el dinero era escaso y que se valoraría poco su producción o su trabajo y por tanto no podría comprar todo lo que necesitaban. Se hicieron pobres porque no tenía dinero para satisfacer sus necesidades, y al no poder conseguirlo fácilmente se convirtieron en pobres los que no lo eran. "Endrogados" por el dinero siempre lo buscan más y más abandonando la actividad productiva; obsesionada y ávida por el dinero, como se está por cualquier otra droga, se empieza a transitar por la ilegalidad, la informalidad, o francamente por la delincuencia que permite el acceso al dinero que el mercado impide tener.

La dependencia a esta droga, sanciona socialmente a quienes producen bienes de autoconsumo o piezas hechas a mano, o recurren a medicina tradicional o servicios públicos por medio del "status" que ve a la olla de barro detestable y atrasada. Si no tienes esto o lo otro no eres moderno. Así se pasó de una alimentación sana a una alimentación deficiente que se compra en el mercado y que requiere dinero; De prácticas adaptadas al medio, se pasa a la actividad especializada, depredadora del medio ambiente y la diversidad ecológica; se pasa de la vivienda tradicional con materiales locales a un producto que se compra a plazos, endrogados por años; la salud se transforma en el negocio de la enfermedad; la educación se mercantiliza, los alumnos se convierten en clientes, al título en mercancía y se desconocen los conocimientos ancestrales; se pasa del intercambio como medio al dinero como fin.

En resumen. Como decía el principito: los grandes sólo entienden de números. Pero el dinero no tiene por qué constituir la única medida de valor. Regresar a los sistemas tradicionales no es un retroceso ni falta de modernidad sino retomar la sabiduría que habíamos perdido.

Una de las características es la competitividad.

piensalepiensale@hotmail.com

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