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SUBRAYADO

Infelicidades

RENATA CHAPA
"En un mundo de la mentira, la mentira no es expulsada del mundo ni siquiera por medio de su opuesto, pero sí por medio de un mundo de la verdad".— Franz Kafka

Las metieron varias horas en tinacos con agua sucia. Ella y una quinceañera desconocida con su bebé en brazos, aquella tarde bajaron del camión para caminar rumbo al ejido donde viven. Una camioneta frenó. Dos hombres, bestializados, las aventaron en la caja trasera en segundos. El pequeño quedó en la orilla de la carretera. Ambas fueron vejadas. En un espacio sombrío, otra chica decía a los agresores que esas dos no eran las "hijas de la chingada" que buscaban. Ella y la otra, víctimas de la impunidad, temblaban más de terror que del frío. Hundidos cuerpo y razón en aguas podridas, esperaban el milagro de regresar a la vida. De volver a nacer. Al día siguiente, fueron tiradas en cualquier kilómetro de la carretera. Una de ellas relata no saber más, ni recordar más. Su familia compartió el apoyo moral con la otra chica, la menor y su hijo, por fortuna rescatado a tiempo con daños físicos menores. La infelicidad de unas, la infelicidad de otros. El dolor en una misma comunión, pero con claros atisbos del amor que todo lo puede. Que todo lo vence.

Dentro de este escenario de sufrimiento profundo, dos mujeres siguen con su nuevo tránsito por la vida. Llevan sendas coronas de espinas impuestas sin más razón que "la violencia", "los malos", "el crimen organizado". Conceptos tan nebulosos como anónimos. Nadie sabe, nadie supo y, a la vez, todos estamos involucrados. Todos compartimos responsabilidades. Dos familias mexicanas del área rural siguen en silencio sus días, pero azotadas de tristeza e impotencia. Tiemblan, temen. El ultraje se suma a las cargas ya de por sí inherentes a su condición marginal. Dos mujeres y sus familias que están fuera de reflectores, al igual que sus agresores y también sus respectivas familias. Unos y otros siguen siendo invisibles ante la opinión pública de su propio municipio. Son nada ante las miradas nacional e internacional. Por duro y por vergonzoso que sea reconocerlo, sus casos equivaldrían a la misma nulidad si hubieran desaparecido, si hubieran muerto.

Un ser humano, dos seres humanos o 43, 132, trescientos, miles y más. El valor de la vida y la muerte es relativo a conveniencia de un interlocutor con poder. De ese tercero que podrá ser poco o demasiado influyente, pero poderoso, al fin, para decidir sobre el padecimiento de un individuo que, como él o como ella, respira el mismo aire y pisa la misma tierra. Tan corazón tiene uno como el otro, pero parecería que sólo es uno el que tiene derecho al pálpito.

Aparatos gubernamentales, mediáticos, escolares, religiosos, familiares: ¿qué significamos y qué construimos, todos, con la angustia, el tormento, la zozobra, la desdicha, el pesar, el infortunio, el enojo, la desesperación y tantas heridas calladas y públicas a la vez? ¿Por qué unos sí ameritan foro y lucha y otros, la nada? Calan tantas injusticias, estremecen las infamias. Indigna la acomodaticia imparcialidad. Pero quizá es todavía más demoledor reconocer que uno o miles de casos zurcidos con mezquindad acabarán, todos, de la misma manera: con la gruesa lápida del olvido colectivo.

Aquí es recomendable ceder varias palabras a Emilio Lledó y su "Elogio a la infelicidad" (Cuatro ediciones, España, 7ª edición, 2010). El filósofo diserta en voz alta sobre distintos temas relacionados con el sinuoso camino de la infelicidad. Conquistar la felicidad, menciona el autor, es evidente utopía, mas no así el conocimiento de sus diferentes manifestaciones a través de sentimientos como el de solidaridad; o de la toma de consciencia del transcurrir del tiempo, sus oportunidades y nuestra posibilidad de elegir; o del poder de la palabra para conocer las diferencias entre el "bientener", el "bienestar" y el "bienser".

Antes de retomar al autor, la reflexión de Mauricio Jalón, prologuista del libro, es necesaria: "Sobrevivir resulta una tarea ardua; y atenuar las congojas es un cometido tan necesario como inacabado, además de entorpecido por la presencia continua e ineludible de la desdicha. Pero sí, dadas las múltiples contiendas de la vida, parece querer imponerse siempre entre nosotros la infelicidad, conviene sin embargo reconocerla, usarla y esquivarla, luchar contra su fatalidad en la medida de nuestras limitaciones, reconocer sus frutos y convertirla en una palanca para tratar con nosotros mismos" (p. 7).

Jalón destaca la mirada en "Elogio a la infelicidad" sobre la "indigencia", entendida ésta en su sentido amplio: "las carencias humanas, tan meditadas, invocan la necesidad de un intercambio no sólo con los más cercanos -familia, amigos-, sino también con quienes, anónimos y difuminados, nos exigen un 'vínculo de justicia', más allá de cierta proximidad real o fortuita. Pues todo sentimiento de armonía interior y de tranquilidad se ve limitado por la amenaza de agresiones, por esa prepotencia y crueldad 'con los otros', hoy imperante, que abona las condiciones crecientes e injustificadas de miseria, de abandono y de enfermedad" (p. 8).

Insertados en un paisaje social flanqueado por el derrotismo y la negligencia, "Elogio a la infelicidad" no sólo es una exaltación a las debilidades humanas, sino a la capacidad de nuestro género para distanciarse de su natural condición animal y ejercer, por beneficio propio y del otro, la capacidad de discernimiento. La apuesta, a decir de Emilio Lledó, es por el pensamiento crítico reflejado en las palabras porque "en ellas sabemos decirnos aquellos momentos en los que hemos sido algo más que el aire que se lleva los días" (p. 44). Algo más que lo cubierto por una gruesa lápida de olvido colectivo.

Nueve breves capítulos integran "Elogio a la infelicidad". Nueve subrayadas recomendaciones para un texto que nació con la estrella del constante regresar. Meritorio de lecturas, relecturas y azoros. Del primer ensayo, también titulado "Elogio a la infelicidad", fragmentos de auxilio: "Es imposible la felicidad si la mirada descubre, alrededor de la vida individual, la enfermedad social y la corrupción que destroza la vida colectiva. A no ser que esa corrupción haya alcanzado nuestra mente, y el ansia de tener, sobre todo en la sociedad de consumo, haya acabado consumiendo la propia existencia del consumidor y haya insensibilizado su mirada. (…) Nuestro estar con nosotros mismos, ese callado diálogo que, sin cesar, mantenemos, nos dice que jamás podremos quedar plenamente satisfechos de nuestra singular existencia si está embotada en el acuciante círculo de la entontecida prosperidad. La infelicidad que viene de fuera: las tensiones, la violencia y la estupidez que, tantas veces, destrozan la vida colectiva, se compaginan mal con la deseada buenaventuranza. Pero ese inevitable punto de inseguridad (y) descontento nos empuja constantemente en la dirección de una personal felicidad, imposible si no tiende, de alguna forma, a la compañía y felicidad de los demás" (p. 15).

Cómo cerrar ojos y oídos ante el padecer del otro, cercano o no. Comprensible, el acobardamiento como reacción primera; inadmisible si es la enjuta tabla de salvación de nuestros días. Cierto: el estoicismo del mexicano sigue encarando y encarnando batallas. Loables varios de sus triunfos, sin regateo. Pero del dolor sistemático a la indiferencia no menos violenta existe una tenue línea.

Comenzar con la felicidad e infelicidad propias, válida recomendación según Lledó: "el origen de todas las relaciones que establezcamos con el mundo y nuestro prójimo se encuentra en la amistad que tengamos hacia nosotros mismos. Una amistad que nada tiene que ver con el egoísmo, sino con esa forma más humana de ser, que nos va convirtiendo en persona, en seres dignos, a pesar de contradicciones y fatigas, y de podernos querer".

Para leer a Emilio Lledó: felicidad al saber que sus libros circulan por las librerías locales. Ha publicado, entre otras obras, Filosofía y lenguaje (1971) y Lenguaje e historia (1978), que definen su modo de abordar la filosofía a través de la lengua y la historia; El epicureísmo (1984); El surco del tiempo (1992); La filosofía, hoy. Filosofía, lenguaje e historia (2012) y Los libros y la libertad (2013). También, ha escrito numerosos artículos periodísticos.

  @RenataChapa

centrosimago@yahoo.com.mx

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