Tobago
Tobago es una pequeña isla del mar Caribe, que regala a sus visitantes un sinnúmero de bellos paisajes, dignos de película, así como alegres momentos para rememorar.
Tobago, diminuta isla que junto con Trinidad forman una república. Sin duda uno de los lugares más remotos y pequeños que se pueden visitar. Tan pronto se despega de Trinidad y el aeropuerto Crown Point de Scarborough, capital de Tobago, ya es visible desde la ventanilla del bimotor. Treinta minutos de vuelo, diez minutos más en taxi y ya estamos en la pequeña posada Bamboo Walk; un típico hotel caribeño manejado por filipinos.
El punto de partida es una playa paradisíaca: Pigeon Point. La playa preferida y más visitada por los lugareños. Para llegar hasta aquí hay que recorrer un camino largo entre palmeras, botes y pescadores con cubetas llenas de langostas frescas; la pesca del día. Los botes flotan apacibles en el azul turquesa del Caribe, las nubes dramáticas parecen tragarse el intenso azul de la mañana. Enormes palmeras se abren frente a la playa de arena blanca, se inclinan hacia el mar que reluce con todo su esplendor, se amontan unas por encima de otras y, de pronto, se abre una pequeña bahía con tonos turquesa de colores tan vivos que opacan cualquier tristeza. Ahora comprendo porque la gente del Caribe tiene esa extraña sonrisa tatuada en sus rostros.
En el camino conocemos a Michael, un joven negro muy alegre que será nuestro guía y chofer alrededor de la isla. La segunda parada es la cueva conocida como Robinson Crusoe, muy cerca del aeropuerto, en Crown Point. Al salir de la cueva escucho unos golpes en la roca, es Michael que ha bajado unos cocos y nos ha enseñado a extraer el agua fresca. Nos sentamos en la playa a disfrutar la escena y refrescarnos un poco. Nuestro siguiente destino nos llevará varias horas.
Nos dirigimos hacia las bahías del norte de la isla. El camino se va haciendo montañoso y sinuoso, algo espeluznante, con grandes precipicios y curvas de casi noventa grados. En una carretera de dos carriles, los autos pasan muy cerca unos de otros a grandes velocidades; es algo a lo que el viajero se tiene que acostumbrar. Para relajar el ambiente Michael de vez en cuando exclama: “rastafari”, “freeman”, “y’man”, agita su cuerpo y ríe para luego disculparse. Todos nos reímos y seguimos la conversación naturalmente.
Antes de llegar a Englishman’s Bay visitamos a Jabi (por lo menos así le he entendido), un artesano local que trabaja la madera. Con una gran sonrisa y sus rastas ocultas bajo un gorro de tejido grueso y colorido nos da la bienvenida y nos muestra su trabajo. Esta bahía es uno de los sitios más hermosos que se pueden ver, muchas películas de piratas han sido filmadas aquí. Grandes acantilados ocultan la bahía, de acceso difícil y con una gran cueva en uno de extremos que bien podría guardar un tesoro. Un pequeño riachuelo que desemboca en un banco de arena y se interna en la densa vegetación de la isla. El viajero no puede más que imaginar todo tipo de historias novelescas en esta playa.
Nuestro último destino antes de regresar a Buccoo Bay es una pintoresca aldea de pescadores: Charlottesville. Parece que los últimos pescadores ya han tocado tierra, sus barcas de madera están ancladas a lo largo de la bahía de los piratas. Hay que apresurarse a tomar las últimas fotos en la playa. Frente al mercado observo a una persona de cuerpo robusto vestido con un delantal blanco de plástico y unas botas negras de caucho, agita un cuchillo violentamente y las escamas vuelan por todos lados. Los últimos rayos de sol caen sobre nosotros, cualquiera que haya visitado el Caribe sabe que este es el lugar donde los colores se encienden y se apagan de un momento a otro. La luz se he desvanecido junto con una historia en el extremo sur del Caribe.