Personal. Sophie Goldberg escribe la historia familiar. Llamativa. Lunas de Estambul, además de una historia de amor, cuenta con grandes referentes culturales de México y Turquía.
Con su experiencia en la poesía, la escritora mexicana Sophie Goldberg, se da a la tarea de describir los aromas, paisajes y costumbres de una tierra llena de cultura, magia y tradición, en su novela "Lunas de Estambul", publicada bajo el sello editorial de Planeta, y donde la autora narra la historia de su abuela.
Ventura, una hermosa joven turca, tiene que viajar a México para casarse con Lázaro porque su familia lo ha dispuesto así. Con un baúl con apenas pertenencias y la ilusión de enfrentarse a lo desconocido, se embarcará en un viaje sorprendente para comenzar una nueva vida lejos de su tierra natal.
"Para poder crear la atmósfera que yo quería y poder meter al lector en este mundo de sabores y ese color ámbar que baña las aguas del Bósforo, yo tenía que tomar esas figuras poéticas y y hacer que estas descripciones fueran tan poéticas que llegaran no sólo por los ojos sino por el corazón".
Aunque la historia es muy interesante a los ojos de cualquier lector, por el brevario cultural que allí se exhibe, la autora asegura que había que escribirla muy bien, por lo que se puso a estudiar a través de varios talleres de narrativa, todos los pormenores de la novela.
"No me fue difícil escribir la historia porque yo viví en Estambul y Turquía, a través de los ojos de mi abuela, esas historias que me contó me ayudaron mucho, además de mis visitas al país donde vive gran parte de mi familia, y bueno, por su puesto muchas lecturas históricas.
Aun cuando la novela toca el tema de la migración y el desarraigo, desde la abuela de la escritora, quien a inicios del Siglo XX viajó de Turquía a México para casarse, cuanta con uno universal que tiene la capacidad de atrapar a cualquier lector, y es precisamente eso que ella remarca como la nostalgia dolorosa del dejar la tierra.
Una historia personal
Aun cuando Sophie Goldberg, conocía muy bien su historia familiar, escribirla la llevó a encontrarse no sólo con nuevas anécdotas y situaciones, sino a comprender más cosas de ella misma. "Platiqué con varios miembros de la familia, me encontré con sorpresas como de que mi abuelo, del que hablo en la novela, cargó el féretro de Plutarco Elías Calle, porque los dos eran masones y amigos. Es decir con la novela me descubrí yo misma desde la identidad personal".