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Un hueso duro de roer

GILBERTO SERNA

Es cierto que hubo un rechazo para que ocupara un cargo público creando comentarios que lo colocaban como un ignorante del quehacer jurisdiccional, a pesar de lo cual actualmente cobra en la nómina del poder judicial, se le acusa de no tener la experiencia que se requiere en un cargo que se supone es de carrera. Se le llama paracaidista sin méritos para ocupar carteras como la de seguridad pública y la de procuración de justicia. Todo eso y más ya que después se le nombró en un cargo en el que se ostentó como diplomático, luego se le designaría a propuesta del Presidente como representante de México ante Estados Unidos, ocupando actualmente el cargo de ministro de la Suprema Corte. Lo que se puede decir al respecto es que en su salud lo hallará. la Suprema Corte en tiempos pasados era un paraíso terrenal, lo que de alguna manera ha dejado de serlo. Hoy es un hueso duro de roer.

En este último puesto es donde, hablando coloquialmente, la puerca torció el rabo, pues si hasta ese momento todo parecía ir a pedir de boca, todo era miel sobre hojuelas, parecía que nada nublaría su camino a la gloria de verse convertido en ministro, las críticas no se hicieron esperar, que no era la persona ad hoc para ocupar el cargo, que le faltaba la experiencia que es una de las virtudes que se adquiere con el paso del tiempo. Rezongando, pero sin exponer su real sentir los ministros en funciones lo aceptaron sin chistar, nadie se opuso abiertamente y sin embargo, en su discurso de "bienvenida", la ministra saliente Olga Sánchez Cordero le dijo cosas que no quisiera oír.

Después de ir y venir, no pasó otra cosa más que el Senado aceptó la propuesta. Lo que no sé es de dónde nació la tirria que llevó a un grupo de abogados a presentar firmas -51 mil- que no muestran otra cosa que algunos despistados se dieron a la ingrata tarea de recoger firmas que carecen de algún valor jurídico; sin embargo los que cuentan son los 83 votos que se ajustan a lo requerido por la ley para estos casos.

La decisión está tomada, cartucheras al cañón y es ahí donde se encuentra el quid de la cuestión. Así fueran cinco millones de firmas lo que el procedimiento de la elección no lo vulnera. Se requiere tan sólo que haya mayoría que decida, en el caso, para mal o para bien, la situación está legalmente resuelta. Quizá los detractores consideren que se cometió una arbitrariedad y sin embargo no queda nada que hacer como no sea rezarle a San Cuilmas "El Petatero" para que obedeciendo a su natural nobleza, convencido de que carece de los méritos suficientes, repudiase el nombramiento; aunque, cabría recordar que: "Palo dado ni Dios lo quita".

Bien, hecho un balance de lo sucedido, no había un pasado vergonzoso que impidiera a Eduardo Medina Mora ocupar el honroso sitial que el destino le estaba brindando, él es un abogado que sí se dedica a resolver los asuntos litigiosos que ahora tiene en sus manos. Su ignorancia no es tal que no sepa sumar, restar, multiplicar y dividir. Cuenta con un equipo de abogados dentro de la Corte que pueden considerarse unas "chuchas cuereras" en el desempeño práctico de sus funciones.

De aquí en adelante no será coser y cantar, pero sí podrá respirar sin agobios. Puede ser un funcionario del montón o dedicarse con ahínco a desempolvar los folios que la vida le ha puesto en sus manos. Es su oportunidad de servir a su Patria. Ojalá y lo entienda.

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