Hawái tiene gran diversidad paisajística, un clima tropical cálido, numerosas playas públicas y varios volcanes activos.
En la Isla Grande, habita una diosa coqueta, explosiva y castigadora, "aquélla que da forma a las tierras sagradas", dicen. Se rumora que lanza una maldición a los extranjeros que recojan y guarden para sí una roca, un puño de arena volcánica o hasta la piedrita que se metió sin querer en el zapato. Y aunque éste es un mito que uno de los guardaparques se inventó para proteger el patrimonio natural de Hawái, la oficina del Parque Nacional de los Volcanes ha recibido cartas con algunos de estos "souvenirs" de vuelta, tomados ilegalmente por turistas que piden perdón y esperan que la mala suerte que ha caído sobre ellos un día termine.
Cuenta la leyenda que Pelé vino en canoa de lugares lejanos, perseguida y odiada por su hermana mayor. La razón: la primera sedujo al marido de la segunda. La deidad del fuego y los volcanes eligió al fin, después de tanta aventura, descansar en el Kilauea, el mismo volcán que recientemente invadió con sus ríos de lava el pueblo de Pahoa.
En el parque, se levantan dos de los volcanes más activos del planeta, el Mauna Loa y el Kilauea, cuya forma no es cónica, sino más bien extendida, y alcanza apenas mil 277 metros sobre el nivel del mar. La visita en el Kilauea puede durar unas horas o varios días a través de senderos ya marcados a pie o en bicicleta, o por carretera.
¿Y qué es lo más emocionante? Observar los flujos de lava que avanzan lentamente cerca de tus pies. Estos ríos se mueven a través de tubos volcánicos; en algunas ocasiones, los techos colapsan y, entonces, aparece un lago de lava. Pero como éste no es un espectáculo de Las Vegas con horario fijo, hay que atenerse a los cambios de la actividad volcánica y a los cierres en ciertas zonas por cuestiones de seguridad.
Otro fenómeno que deja perplejo a cualquiera y que pocos tienen el privilegio de vivir, se aprecia durante la cena en el restaurante del Volcano House, un pequeño hotel de lujo de 33 habitaciones, con zona para acampar.
Piensa en una noche estrellada, en una deliciosa langosta, un buen vino, una buena compañía. Y si falta algo más, aquí viene. Cada determinado tiempo, el personal te invita a mirar a través del enorme ventanal. Se apagan las luces y lo que hay afuera es inconcebible. A corta distancia, se eleva una fumarola pintada de un rojo encendido. Es el reflejo de un lago de lava que se mueve en el interior de la caldera del cráter Halema'uma'u, hogar de la diosa de fuego y sitio sagrado.
En ocasiones, frente al Halema'uma'u, los viajeros dejan en el suelo collares de orquídeas como ofrenda a Pelé.
El brillo de lava también se presenta en el cráter Pu'u'O'o, actualmente cerrado por la reciente erupción del 27 de junio pasado.
Al día siguiente, elige una caminata por campos de lava petrificada de diferentes texturas y con una paleta de tonalidades que va del negro intenso al plateado, pasando por el gris más aburrido. La roca brilla y toma formas extrañas que invitan a trepar o a entrar en raras oquedades.
Un bosque tropical que nació después de una devastación volcánica, vapores que encuentran escape en el suelo, un tubo de lava hueco de 500 años de antigüedad que se recorre de principio a fin, una lengua de lava petrificada que atraviesa una carretera y los cabellos divinos de Pelé, que no son otra cosa que un manojo de hebras de vidrio basáltico de color dorado, formadas en fuentes de lava. Estas son muchas de las curiosidades que emocionan al visitante.
El parque es un museo viviente que muestra 70 millones de años de actividad volcánica. En el Centro de Visitantes, informan sobre algunos recorridos guiados y ofrecen charlas.
Pero muy cerca arden otras sorpresas, como en Kalapana, una villa arrasada por una erupción en los años 90, donde los ríos de lava buscan su salida hacia el mar. En compañía de un guía, se puede cazar el paso de este líquido viscoso o, si las condiciones lo permiten, tomar una excursión al atardecer a bordo de una embarcación frente a la costa para observar el escurrimiento de lava sobre las rocas hasta que se fundan con las olas.
Amanecer
En la isla de Maui, Haleakala es un volcán dormido, con una enorme depresión en la cumbre, a la que incorrectamente llaman cráter.
De hecho, es parque nacional y protector no sólo de especies en peligro, también de las creencias y ceremonias de los antiguos hawaianos. Además, aloja un observatorio astronómico.
El cielo todavía está oscuro y estrellado. Los turistas comienzan a llegar en manadas a bordo de autobuses. Bajan adormilados, con un chocolate caliente en la mano y directo al baño. Muchos de ellos siguieron la recomendación del "concierge" del hotel: si no tiene ropa adecuada, llévese el cobertor de su cama. El frío a más de 3 mil metros sobre el nivel del mar es tremebundo, al igual que la desmañanada. Estos valientes estuvieron listos a la puerta del "lobby" entre tres y cuatro de la mañana. Pero el trayecto se prestó para un sueño de hora y media desde la zona de Lahaina.
Al llegar, lo mejor es buscarse inmediatamente un buen lugar en el mirador con la vista despejada, sin cabezas que echen a perder la escena.
Haleakala es la "casa del sol", un sitio espiritual. Así que, cuando el astro esté a punto de asomarse, hay que prestar atención al horizonte, guardar silencio y no hacer de esta visita una romería; agradecer y dejar que la piel se ponga "chinita" con el canto sagrado de un guardaparques hawaiano.
El parque tiene uno de los mejores cielos nocturnos para observar la Vía Láctea y las constelaciones, sin necesidad de un telescopio.
¡Aloha!
Recibir un "lei" en el cuello después de nueve horas de vuelo, es como viajar a la Isla de la Fantasía. La silueta de esas montañas cubiertas de un verde casi eléctrico, de cimas puntiagudas y caídas dramáticas, confirman, sin tener que pellizcarse, que es verdad que has llegado a Hawái.
Maui es una de las 132 islas de Hawái, incluidos algunos atolones y nueve islas mayores: Kauai, la más verde; Nihau, la que pertenece a una familia real; Molokini, santuario de aves; Lanai, propiedad de Larry Ellison, fundador de Oracle; Molokai, con los acantilados a la orilla del mar más altos del mundo y antiguo confinamiento de leprosos (todavía hay 20 enfermos en la isla); Oahu, la típica postal de Waikiki; Kahoolave, reserva que desde hace varias décadas se está limpiando de armamento sin explotar, Maui y al final Hawai'i, la Isla Grande, de la que cual se formaron todas. Desde el aire, lo que se ve en la superficie son las cimas de una cadena de montes submarinos.
En Maui, el Kaanapali Beach Hotel es uno de los pocos alojamientos tradicionales que muestra a sus huéspedes algunos aspectos de la cultura hawaiana y otras curiosidades más.
"Aloha" no sólo significa "hola", también es "hasta luego" y está relacionada con el amor. El collar de flores se llama "lei" y más que una bienvenida es símbolo de afecto y distinción. Lo elaboran con una semilla llamada kukui.
Si las mujeres lucen una flor del lado derecho son solteras, pero si la colocan del lado contrario, su corazón ya es de alguien más. Para ellas, el cabello largo es un símbolo de poder y personalidad, lo que las hace verse muy atractivas.
De Kaanapali Beach no salió el dato, pero Hawái, además de gran productora de piñas, también lo fue de marihuana.
En el hotel, bautizan a sus huéspedes con un nombre hawaiano y dan clases de hula. Al partir el visitante, realizan una ceremonia de despedida y le entregan un "lei" de kukui para llevarse a casa como recuerdo, deseándole buena fortuna. Esperemos que la frase "A hui hou" (hasta que nos volvamos a ver) se vuelva realidad.